Una regla simple
(Por Marcos Gonzalez) Nunca he sido bueno para la matemática. Esta característica fue motivo de preocupación durante varios años de mi vida. Justamente, los de la escuela. Que llegara la hora de matemática era casi un sufrimiento. Le puse empeño, horas de estudio, ganas. Pero no había caso.
Por eso, cuando en cuarto o quinto grado, aprendí la regla de tres simple fue un antes y un después en mi vida. El profesor Sosa se paró frente al pizarrón y escribió mientras hablaba: ?A es a B, como C es a X (puso una A de donde salía una línea rumbo a B y debajo, la C unida por la línea a la X). Entonces, X, que es nuestra incógnita, será igual a C por B dividido A?. Dio el ejemplo de que si con dos 2 paquetes de fideos alimentamos a 5 personas, con 6 paquetes cuántas comen.
?Quince?, dije y fue un milagro. Para Sosa, que ya daba mi caso por perdido. Y para mí mismo, que me sentí poseído por un espíritu ilustrado.
De allí en más apliqué la regla de tres simple a cuanto problema se me presentara. Algunos pude resolverlos y a otros todavía les estoy buscando la vuelta.
Es cierto, no siempre aplicar la regla de tres simple nos lleva a un resultado correcto. Pero es un buen lugar por donde empezar.
Será entonces por mi declarada incapacidad para la matemática, que no me cae muy bien la gente que ante determinado problema me viene con planteos de fórmulas complejas, que a esta altura de mi vida ni pretendo aprender.
El otro día, cuando visité la Escuela 501 se me vino a la memoria aquella regla de tres. Simple. Sobre todo, porque ahí estaban los chicos, con esa simplicidad que uno sólo alcanza en la infancia y va perdiendo a medida que pasan los años.
El edificio de la escuela es una auténtica porquería. Los padres y la comunidad educativa en general protestaron hasta que lograron que la Provincia autorizara la construcción de un nuevo edificio. Porque, de más está decirlo, es al Estado al que le corresponde el deber de construir escuelas y educar a los chicos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDe esto hace más de un año. Año y medio.
O sea, que si hace más de un año en ese enclenque edificio de avenida Avellaneda ya no se podía dar clase, hoy menos porque está peor. Regla de tres simple.
Pero la cosa se complica aún más. Porque los que saben de estas cuestiones dicen que durante la dictadura, el Estado nacional transfirió a los estados provinciales las escuelas primarias. Años más tarde, hizo lo propio con las escuelas secundarias.
(Complicación II: el Estado no es uno sino, al menos, dos).
Ante esta situación, la Municipalidad ?como un vecino más- se limita a presentar las quejas ante la Provincia.
(Complicación III: La Municipalidad también es el Estado, pero para estos casos no quiere, no sabe o no puede serlo).
Mientras tanto, nuestros chicos siguen concurriendo diariamente a un lugar donde más de un funcionario de cualquiera de los tres estados no podría permanecer más de quince minutos por miedo a que se le caiga el techo en la cabeza. O a quedarse pegado al intentar prender una luz.
Porque además, estos chicos nuestros son especiales. Y algunos se mueven en sillas de ruedas que casi no pasan por las puertas. Otros son ciegos y si los dejan solos se chocan contra las columnas que hay en el salón principal. Digo: estos chicos requieren un cuidado especial.
Una regla de tres simple aconsejaría que la Municipalidad destinara fondos al arreglo de esta escuela hasta tanto la Provincia se decida a construir el nuevo edificio. Y en todo caso, que se lo cobre.
(Complicación IV: La Municipalidad no tiene plata).
Claro que para hacer eso, habría que redefinir algunas políticas públicas. Por ejemplo, posponer obras como el arreglo de la plaza, la construcción de la nueva fuente, la colocación de un Cabildo de utilería, la iluminación ornamental, la folletería coqueta, y esa plata destinarla a una mínima puesta en condiciones de la Escuela 501, donde todos los días van decenas de pibes a aprender. Y cuando la Provincia devuelva el dinero, arremeter con la estética.
(Complicación V: La Municipalidad tiene otras prioridades).
O en el peor de los casos, con ese poder de convocatoria e imagen positiva que tiene nuestro Intendente que convoque a los sectores más privilegiados de la sociedad a aportar plata para la refacción de las escuelas más castigadas. Sectores, incluso, por los cuales no dudó en ponerse de punta con los gobiernos nacional y provincial.
(Complicación VI: Los convoca anualmente para que aporten para los fuegos artificiales del primero de año).
(Complicación VII: Me estoy metiendo en política).
En definitiva, la regla de tres simple no sirve para resolver todos los problemas. Pero al menos, nos brinda alguna herramienta para entenderlos.
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