Una sola bala
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La semana cruzó cual trazo voraz de una bala, la misma que casi mata a un pibe bueno y dejó encerrado a otro pibe malo. Uno peleó por su vida y por estas horas afortunadamente se recupera en un centro asistencial de Mar del Plata. El otro quedará a la buena de Dios o, como hasta ahora, en manos de un sistema que no sabe de contención y mucho menos de seguimientos que permitan prevenir. Ahora se lo alejará de la sociedad que corre riesgo de él, porque vaya a saber cómo y cuándo decidió portar un arma y disparar sin tapujos contra la humanidad de quien se cruzara, en este caso un chico casi de su misma edad.
“Los chicos no nacen malos”, supo definir el Indio Solari que próximamente traerá hordas de jóvenes y no tanto por estos pagos para participar de la misa ricotera, liturgia que por un buen tiempo estuvo sesgada precisamente por el grado de violencia que se vivía en cada convocatoria.
Con lógica desesperación, los vecinos reclaman seguridad y justicia. Algo de eso sucedió desde conocido el hecho, que generó no sólo reacciones de los responsables de velar por más seguridad y justicia, sino también por quien debe coordinar dichas acciones desde el poder político.
También una bala –tal vez la última- pareció haber utilizado el intendente Miguel Lunghi cuando se vio sacudido por este violento hecho que casi mata a un adolescente. Pudo haber sido como en Lincoln o Miramar, y allí la rápida reacción para que no se desmadre como allá.
En ese contexto, llamó a su “aliado”, el gobernador Daniel Scioli, quien lo derivó con el ministro Casal, que escuchó el planteo y, palabras más palabras menos, le concedió su pedido. Sacar al titular de la Departamental, comisario mayor Carlos Greco y poner al frente a David Tifner, hasta ayer jefe de la Distrital. “El que queda es su hombre, hágase cargo”, habría sido el ultimátum del ministro para con el pediatra que trabaja desde el 2003 y seguirá por cuatro años más de intendente.
La movida tuvo que ver con una especie de excusa, o más bien la gota que rebalsó el vaso, frente a una mala, sino nula, relación que el jefe comunal tenía para con el ido.
Greco llegó con muy buenos antecedentes en su legajo, pero obvió aceitar las relaciones con el poder político y judicial. Asimismo, en su primera irrupción mediática frente a los micrófonos de Eco TV no tuvo mejor idea que hablar de cambios y modificaciones, frases que dejaban mal parada a la conducción saliente, José Fabián Pagge y compañía, entre esas compañías, Tifner.
Así, comenzó a olerse un tufillo raro en la fuerza. Algunos hablaron de internas, otros por lo pronto no dejaban de reconocer que frente a la llegada del nuevo comisario surgieron inconvenientes varios, no sólo delictivos, sino también inconductas de los propios agentes policiales dignas de un anecdotario de bochornos policíacos vernáculos.
Finalmente, quedó como conclusión que más allá de las excusas que comúnmente apela el jefe comunal cuando se le reclama por mayor seguridad (“la policía no depende de nosotros”), cuando el poder político quiere, puede. Sino -salvando las distancias, que lo diga Nápoli y Astorgano en otrora gestiones, cuando fueron condenados por una justicia valiente y políticos que estuvieron a la altura de las circunstancias.
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