Una vivienda de Larrea al 1300 sufrió un ataque y su dueño apuntó contra los vecinos
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Un nuevo episodio sufrió ayer la familia que habita la vivienda de Larrea 1363, cuando alrededor de las 19.30 los atacantes apedrearon los ventanales que dan al frente mientras sus moradores se encontraban en su interior.
Cansado, molesto y también asustado por la integridad de su mujer y de su pequeña hija de 4 meses, Carlos Vargas decidió hacer público su problema, el cual, según sospecha, comenzó hace aproximadamente 5 años cuando adquirió la propiedad y realizó una división del terreno en una zona que era de paso de personas.
Desde ese momento, según indicaron a este Diario, vive un “permanente acoso” por parte de familias vecinas que “ha venido en aumento”, el cual lo llevó a plantear denuncias en la comisaría Primera en reiteradas oportunidades.
“Me quieren volver loco para cumplir con su objetivo, que es que me vaya”, aseguró Vargas.
“Sabíamos que
iba a ocurrir”
La casa de Larrea 1363 evidenció las marcas de las tres piedras que fueron arrojadas desde el exterior contra el paño fijo del comedor, de las cinco que dañaron el vidrio de la cocina y otra en el ventiluz del baño.
“Esto estaba anunciado, ya sabíamos que iba a ocurrir”, señaló el propietario de la vivienda, dado que “desde hace tiempo vienen rompiendo cosas, acosándome, gritando obscenidades. Es un maltrato permanente”.
Reseñó que el domingo por la noche salieron del inmueble, “dejamos todas las luces prendidas y cuando volvimos nos habían cortado la energía eléctrica”, y que el lunes “estuvieron tirando piedras al techo”.
Vargas contó que “gritan todos los días que me van a matar, que me van a moler a palos, y me hacen un trabajo psicológico”.
En cuanto a las causas, la mujer expresó que “este terreno era tierra de nadie, vinimos, alambramos, le impedimos la entrada y ahí empezó todo”.
En esa línea, Vargas consideró que su “primer error” fue cuando decidió echar “a unos chicos que estaban metidos dentro del terreno. Llamé a la policía y vinieron cuatro patrulleros, y después cayó toda la familia. Se armó un escándalo”.
Decisiones
En medio de la incertidumbre por una situación que realmente lo preocupa, Vargas evaluó que “me tendré que ir de acá”, aunque confió que “no sabemos qué hacer”.
“En definitiva podría decir que nos vamos a ir, pero a dónde y qué hacemos con esta casa que es parte de mi vida”, agregó.
De todos modos, indicó que llamó a un martillero para que tasara su casa y así poder venderla en el futuro.
Por último, Vargas evaluó: “Si seguimos así nos vamos a recluir dentro de nuestras casas mientras todas estas personas que empuñan un arma van a terminar dominando”. *
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