Uno de los acusados confesó, sindicó a los cómplices y dejó entrever una presunta connivencia con la policía
Se trata de los acusados Pablo Germán Cabrera (34), con domicilio en Caseros -Buenos Aires- y Roberto Fabián Manrique (43), oriundo de Luján. Ambos imputados del delito caratulado “Robo agravado por el uso de armas y tenencia ilegal de arma de guerra”, mientras que al primero de los nombrados también se le endilga el hecho calificado como “Robo agravado por el uso de armas, todos en concurso real entre sí”.
Además de escucharse más testimonios que hacen a los casos denunciados, entre ellos las víctimas del asalto en plena Ruta 30, sobresalió en la jornada la declaración de uno de los imputados, Roberto Manrique, quien frente a los jueces admitió su participación en lo ocurrido en la ex Tandilco, pero negó haberse robado algo, para luego decir más, mucho más… Habló de quién era el tercero de los asaltantes nunca encontrado como del botín que estuvieron a punto de llevarse (mucho más de lo que las víctimas denunciaron). En definitiva, describió a la banda que actuó, los roles y una serie de detalles que dejaron entrever una presunta connivencia con policías.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailVale reseñar que el asalto rutero se remonta al 20 de julio, cuando aproximadamente a las 2.30 los asaltantes se trasladaban en un auto Renault Clío de color verde por la Ruta Provincial 30 y a la altura del Frigorífico Mirasur interceptaron la marcha de un furgón marca Mercedes Benz conducido por Luis Angel Alfaro, quien era acompañado por Sebastián Jorge Cominetti.
Para lograr detener la marcha del vehículo, uno de los acusados disparó al aire con el arma de puño que portaba en una de sus manos, a través de una de las ventanillas derecha del citado automotor, a la vez que a viva voz le ordenó detenerse en la banquina.
Alfaro detuvo su marcha y el auto referido hizo lo propio delante del camión, descendiendo de éste dos sujetos, portando cada uno de ellos un arma de fuego. Uno redujo a Alfaro, a quien le exigió la entrega de la totalidad del dinero que llevara encima (8 mil pesos en efectivos, cheques y el teléfono celular).
A medida que se cometía la sustracción, el restante delincuente hizo lo propio con el acompañante Cominetti, a quien hizo descender del camión, efectuando para ello un disparo a fin de intimidarlo, para luego robarle el celular. Finalmente se apoderaron de las llaves del camión de Alfaro y se alejaron en el auto en que se movilizaban.
En efecto, el testigo dijo que en rueda de reconocimiento de personas realizado en la DDI logró individualizar entre los cuatro que le colocaron en fila frente a él a uno de los que bajó del auto empuñando un arma (Cabrera), pasó frente a sus ojos y fue hacia la puerta del acompañante a quien obligó a bajar y luego no vio más. Apenas escuchó otro disparo, recordó.
Mientras tanto, él era apuntado por el otro sujeto que incluso lo golpeó con un culatazo en la cabeza, a lo que le entregó todo el dinero que tenía (en efectivo como en cheques).
Sacudió a los protagonistas del debate cuando Alfaro dijo haber visto a ambos asaltantes hacía instantes, más precisamente en la antesala del Tribunal, cuando la custodia los trasladaba a ambos precisamente al juicio.
En efecto, ahora el testigo reconocía con certeza al mismísimo Manrique, dejando un sabor de frustración en la fiscalía puesto que ya la situación procesal del sindicado había sido saldada a su favor en plena instrucción.
Igualmente el defensor de Cabrera, doctor Fabián Grosso, se tomaría de su afirmación para pedir la nulidad de las actuaciones, entendiendo que se había vulnerado el derecho de defensa, habida cuenta que se tenía un pedido expreso para que se resguardara a su cliente de la mirada del testigo para poder corroborar, en medio del interrogatorio, hasta qué punto sus dichos eran confiables sobre el reconocimiento que se había hecho para con su pupilo.
Al respecto, el fiscal Morey rechazaría la moción, considerando que no podía prosperar siendo que en el juicio se hizo lo que había pedido la defensa y no había ningún acto jurisdiccional atacado.
La nueva controversia tendría una respuesta del Tribunal una vez concluida toda la prueba y al tiempo de emitir el veredicto, como lo respondería con el resto de las apelaciones vertidas por ambos defensores desde iniciado el juicio.
Posteriormente fue el turno de la otra víctima, Sebastián Cominetti, quien coincidió con lo relatado por su compañero sobre lo padecido, aunque en este caso repitió -como en la instrucción- que nunca pudo reconocer a los asaltantes puesto que una vez amenazado por el ladrón, bajó la cabeza y nunca quiso mirarlos.
Después devendría una serie de testimonios aportados por las partes hasta que ya entrada la tarde, cuando el Tribunal daba por cerrada una nueva audiencia hasta el próximo jueves 6 de diciembre, el defensor Carlos Kolbl anunciaría que su pupilo Manrique quería declarar.
Consecuentemente, se habría un capítulo inesperado en el juicio, el hombre no sólo se detendría en referirse a su situación sino que sumaría nuevos elementos que el fiscal supo dejar constancia seguramente para ser tenidos en cuenta a la hora de alegar y pedir condenas, además de especularse con eventuales ramificaciones sobre los dichos del acusado confeso. u
Hechos relacionados
Contando con la descripción física que oportunamente habían realizado las víctimas, más el dato del auto modelo Clio, color verde, en el que circulaban, ambos sospechosos fueron sometidos a rueda de reconocimiento. En dicho acto procesal el transportista Alfaro reconoció con certeza a Cabrera, no así a Manrique, sobre quien dijo mantener dudas.
Manrique incluso también había quedado como sospechado de otro atraco contemporáneo en la vecina ciudad de Rauch, y allí corrió con la misma suerte: las víctimas no lo reconocieron con exactitud.
Frente a las dudas, el Juzgado de Garantías lo sobreseyó. El fiscal apeló, pero la Cámara ratificó la decisión del magistrado, sobreseyendo entonces al lujanense.
Ayer se dio una particularidad: Alfaro dijo reconocer a ambos por el asalto sufrido, en el pasillo del edificio judicial, cuando la custodia los ingresaba a la sala de audiencia. Empero, al haber quedado sobreseído del caso en pleno proceso, ya nada le queda hacer al ministerio público frente a la situación procesal del sospechado.
Más policías declarando
Sobre Gil, se lo indagó sobre su actuación a la hora de las aprehensiones en plena avenida España, tras el atraco a las oficinas de Mirasur de calle Sarmiento.
Contó que estaba en su despacho cuando escuchó por handy lo que había ocurrido en el centro, por lo que fue en apoyo. Sabiendo sobre el posible paradero de los fugados (por los techos de las propiedades de 9 de Julio y España) se hizo presente en el lugar y cuando iba a ingresar a un local para ir por los fondos en pos de divisar a los maleantes se topó con que uno de los buscados -Manrique- saltó desde el techo y cayó apenas unos metros detrás de él y su compañero. Allí lograron capturarlo, mientras que instantes luego haría lo mismo Cabrera, que iba a correr con la misma suerte.
Infructuosamente los defensores quisieron poner en crisis el relato del policía, puntualmente sobre la requisa que luego le harían y que, según el relato policíaco, se le secuestraron celulares, elementos que los acusados niegan haber robado.
El turno de Suárez, fue indagado también por su accionar, siendo que fue el que subió a la azotea persiguiendo a los sospechosos y terminó hallando una de las pistolas que el propio Manrique reconocería luego como suya.
Allende apenas aportaría sobre la diligencia que se hizo para los reconocimientos en rueda, procedimiento que también las defensas pretender poner en crisis y que factiblemente lo harán saber una vez en los alegatos.
Tras los policías devino el turno del abogado Claudio Castaño, esta vez en carácter de testigo de la defensa.
En efecto, Castaño actuó una vez las aprehensiones como defensor de los capturados y aludió a una serie de anomalías cometidas durante las detenciones que oportunamente planteó en la instrucción, pero que fueron desistidas por el juez interviniente.
Confesiones de un asaltante
Hombre robusto, de imponente porte, dejó sus anotaciones a un lado y con su tono de voz fina como corrosiva , contaría lo que quería contar, con cintura incluso a la hora de no ahondar en otros casos del que él finalmente quedó afuera de toda imputación aunque no sospecha.
“Yo fui el autor del hecho, pero no nos robamos nada”, se metió de lleno en el caso Manrique para adentrarse así en detalles pormenorizados del caso para no dejar cabo suelto sobre lo que sucedió durante y después del forzado ingreso a las oficinas de Mirasur.
Con precisión y contundencia, relató como con Cabrera apuntaron al sereno y lograron ingresar a las oficinas, para luego él tomar a una de las víctimas (“Chamaco” Etcheber) y apuntándole con el arma lo obligó a que le diera todo el dinero que había en el tesoro. En tanto Cabrera se había quedado con el resto, controlando que se quedaran boca abajo sin moverse.
Dijo que cuando una de las bolsas de consorcio que había llevado para el botín estaba casi a la mitad con dinero su compañero grita sobre la presencia policial: -“¡la yuta, la yuta!”, por lo que desestimó de quedarse con el botín.
Recordó cómo escaparon, que la única salida era por donde habían ingresado, por lo que su compañero Cabrera tomó a la víctima como rehén para enfrentar al policía que finalmente desistió del accionar y se retiró de la escena. Ya cuando salían, contó cómo se toparían con el otro efectivo que les disparó, negando que él efectuara algún disparo contra el uniformado.
Luego describiría el periplo de la fuga, calle por calle en plena corrida hasta que ingresaron al galpón de la Fuerza Aérea (9 de Julio casi España) y de allí a los techos, donde ya rodeados desistieron de la huida.
Manrique contó que él dejó su pistola en la losa y saltó, donde fue aprehendido por los policías, al igual que su compañero.
Manrique quiso dejar bien asentado que el hecho debía encuadrarse como una tentativa de robo, siendo que nada se llevaron del lugar del hecho. Ni siquiera los celulares que le endilgan, dejando entrever que se trató de una “cama” de los policías para asegurarse una mayor calificación del delito a acusar.
Allí, sin dudar y mirándolo al fiscal dijo que se hubiera contado con ese chip podía haber realizado peritajes y se habría encontrado con distintos cruces de llamadas para dar con todos los integrantes del hecho delictivo, incluso con el tercero que logró fugarse.
“Le dejé la puerta abierta para que investigue”, aseveró Manrique, a la vez que agregó que de haber realizado el entrecruzamiento de llamadas podían haber determinado incluso las comunicaciones entre el tercero profugado y efectivos policiales, buscando “arreglar”.
Sí, envalentonado, el acusado terminó confiando que el tercer integrante del atraco que había cumplido el rol de campana era el hermano de su compañero, a quien identificó como Darío Cabrera, que dijo conocer desde el 2001 (a Pablo lo conoció apenas seis meses del hecho perpetrado) y quien fuera el que contaba con el dato sobre los dineros que había en las oficinas de Mirasur para realizar el atraco.
Preguntado sobre las características físicas del sindicado, dio características muy similares a la que oportunamente describió el transportista Alfaro como el que manejaba el Clio verde.
También negó sobre la utilización del citado auto que los investigadores le sindican como el rodado con que se movilizaban. Manrique con suma tranquilidad y contundencia dijo que se movilizaron en dos vehículos. Un Volkswagen Bora color gris que manejaba Darío Cabrera, mientras que él condujo un utilitario que dejó a la vuelta de la escena del hecho ante la posibilidad de una fuga mejor programada que la que finalmente ocurrió. También agregó que Darío Cabrera estando afuera con el auto despareció de la escena cuando éstos huyeron del lugar.
El fiscal Morey aprovecharía para dejar constancias de alguno de los dichos del confeso, como así también preguntarle sobre la procedencia del arma que él portaba, sin la debida autorización.
Manrique apenas respondió que la había conseguido en la calle en su ciudad (Luján), diciendo desconocer el nombre que le informó el fiscal, precisamente dueño de la pistola y vecino de éste y que nunca realizó denuncia alguna de la pérdida del arma.
Indagado sobre el tiroteo con el policía Chaile en las puertas de la ex Tandilco, lo desmintió rotundamente, y cuando se le preguntó por las pericias que daban cuenta que desde su arma de había gatillado respondió que su pistola no la vio desde el momento de la aprehensión hasta pasadas las 2 de la madrugada, una vez ya él detenido.
Precisamente sobre su detención, ahondaría en la “paliza” que le profirieran distintos efectivos policiales, asunto que está en plena instrucción penal y ya se han realizado diligencias al respecto.
Acotó que primeramente le pegaban y le preguntaban sobre otros sucesos delictivos que querían endilgarle, hasta que le observaron que en la cintura llevaba una chapa de policía (dijo que se trataba de un copia comprada en La Salada) y allí los uniformados se pusieron “como locos” acusándolo que era un “vigilante”, a la vez que lo golpeaban sin cesar. De hecho, fue atendido en el Hospital y acusa una fractura en uno de sus miembros superiores.
Cerrando su relato, volvería a referirse sobre supuestas llamadas telefónicas entre el tercer cómplice y efectivos policiales, dejando entrever una red de complicidades difícil de descifrar para el común de los mortales, sobre lo que concluyó afirmando que ya no había mucho por hacer “se había judicializado el hecho. No había posibilidad de arreglo…”.
Sin más, Manrique volvería agradecer a los jueces que lo escucharan como la posibilidad de que pudiera estudiar. Que estaba arrepentido del hecho protagonizado y que ya era “otra persona”, con ganas de resocializarse con una nueva vida.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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