Unos 300 trabajadores se movilizaron ayer para intensificar el plan de lucha por el 30 por ciento
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Los municipales dejaron por un rato el desparpajo y la bizarra protesta bautizada el acampe para volver a aquellas movilizaciones ruidosas que incomodan a una parte de la ciudadanía y, claro está, a las autoridades comunales, con el propósito, el objetivo de dar el puntapié de un plan de lucha más intenso que lo hasta aquí mostrado cual parodia frente al palacio comunal.
“Ahora empezamos a jugar otras fichas”, resumió el secretario general Roberto Martínez Lastra tras la marcha de ayer por la tarde que surcó las principales calles céntricas y retomó el acampe, desde donde hace un mes se han ganado las postales de los medios como de todo aquel transeúnte que miró con asombro, empatía o desaprobación, lo allí montado en la mismísima Plaza Independencia.
La movilización tenía también otro propósito, saber internamente qué grado de convocatoria sumaba el gremio en pos de mantener una lucha sindical que pretende el 30 por ciento de incremento en sus haberes, una cifra que hasta aquí el lunghismo se ha mostrado intransigente en responder positivamente.
Resultaron casi unas 300 personas, entonces, las que acudieron al llamado gremial, cuyos principales integrantes de la Comisión Directiva se cargaron los redoblantes y apuñaron pirotecnia para despabilar la plácida tarde tandilense, aquella que habla de arrumacos de apasionadas parejas en la mismísima plaza del centro, al coqueteo de adolescentes del ida y vuelta al perro de la manzana de Rodríguez, Pinto, 9 de Julio y San Martín, y del cafecito de la peatonal que no se camina, salvo raras excepciones -cuando deciden las autoridades- o la de ayer, precisamente por la marcha.
La movilización
Cuando las campanas de la iglesia matriz redoblaban anunciando las 20, puntualmente cerraba la ruidosa manifestación de los municipales, que se dijeron satisfechos por la respuesta de convocatoria rumbo a lo que será profundizar la protesta.
A propósito de ello, una hora antes, cuando partió la columna de demandantes, Martínez Lastra había adelantado que lo de ayer era el comienzo de “la pelea que se viene”. De aquí en más quedaba el trabajo área por área, la militancia con el compañero de tareas para resolver –vía asamblea- los pasos a seguir.
Para el barbado dirigente caben dos posturas a definir: se mantiene la lucha apostando al desgaste del Ejecutivo pero a sabiendas que ese mismo desgaste lo sufrirán ellos, o se resuelve motorizar un paro por 48 horas. Para el dirigente, esta última era la mejor de las mociones por él pergeñada, pero quedará en la voluntad de los afiliados definir.
Tras ensalzar la movilización, la columna de municipales de distintas áreas rumbeó por Belgrano hacia Rodríguez surcando la Plaza. Desde allí por Pinto hasta 9 de Julio a Mitre, desde donde retomaron por Rodríguez hasta vuelta al acampe.
Cuando las campanas anunciaban las 20, los bombos y redoblantes cesaron. Ya no quedaban más petardos por explotar. Era hora del aplauso para regodearse de su propia fuerza y prometer seguir viéndose las caras para lo que se viene. Una lucha más intensa, con la posibilidad del paro de actividades en ciernes.*
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