Urge el mejor Maradona
Ojalá que en la inminencia del acontecimiento haya fecundado el volantazo providencial: buena parte del destino de la Selección Argentina en el Mundial depende de la pericia de Diego Maradona.
Y eso, no porque vaya a gambetear a siete ingleses ni porque su prodigiosa zurda tenga las mejores respuestas para las peores preguntas, pero sí porque sus decisiones, su tono general, su impronta, rubricarán el carácter del equipo.
Se dice, en clave Perogrullo, que sólo y exclusivamente los futbolistas son los que ganan o pierden los partidos.
En efecto, los directores técnicos están impedidos de ejecutar un tiro penal o rechazar una pelota en la línea de su arco.
Pero la propia existencia de los director técnicos establece su gravitación, sea para pergeñar las estrategias y las tácticas y potenciar la materia prima; sea para convertirse en un obstáculo o incluso en un saboteador de la causa.
Pocos deportes, como el fútbol, ofrecen innúmeros ejemplos de la siguiente índole: conducido por un entrenador competente, un plantel moderadamente apto es capaz de llegar muy lejos; conducido por un entrenador desnorteado, un plantel de estrellas se vuelve incapaz de llegar a la esquina.
Y Maradona, digámoslo, se ha visto en serias dificultades para convertirse en el facilitador que requiere la valía de los jugadores a su mando.
Huelga, a estas alturas, abundar sobre lo que se ha revelado como verdad de apuño: una Selección de línea borrosa, cuando no penosa, que se hizo de su pasaje a Sudáfrica gracias a una corazonada de Palermo contra Perú y una tenaz defensa contra Uruguay.
Y no mucho más que eso, o sí, el trazo grueso de la era Maradona ha sido su fruición por la confrontación permanente, la persecuta y la alegre convocatoria de unos cuantos futbolistas insospechados de nivel internacional.
Con todo, sería a todas luces arbitrario e injusto negarle una posibilidad de evolución que debe de estar al alcance de cualquier hijo de vecino.
Dicen, se intuye, se percibe (también, admitámoslo, se desea) que la cercanía del Mundial ha operado como una vigorosa inyección de compromiso, concentración, dedicación, apertura mental, agudeza, en fin, que está adviniendo un Maradona a tono con las circunstancias.
Si así fuere, enhorabuena.
Un Mundial estrecha el margen de errores hasta límites brutales, y si no que lo diga el brillante Marcelo Bielsa.
Por añadidura, el DT argentino, un novato en el rol, está forzado a aprobar varias materias juntas y ninguna de soplar y hacer botellas.
Hace unos días, por ejemplo, habló de corregir sus errores.
Habida cuenta de que Maradona y la humildad suelen llevarse a las patadas, he allí un avance grato, alentador y prometedor. (Télam)
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