?Vacas va a haber siempre?
El presidente de la Sociedad Rural habla del fin del ciclo k, no descarta un futuro desembarco en política y dice que si logró muchos amigos en Tandil fue porque nunca se dedicó a prejuzgar.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Es hora de develar un misterio: ¿Cómo hizo para convertirse en presidente de la Sociedad Rural siendo tan callado, tan introvertido?
-Me fui involucrando y sí, creo que hubo un cambio en mí pero luego el cargo mismo me fue llevando. En general hablo poco y observo mucho, pero también todo lo que hago lo hago con respeto, con dedicación y siempre con la verdad. Por eso cuando veo algo mal, lo digo.
-Y tiene muchos amigos. Pero también hay detractores o un gran detractor. ¿Sabe de qué hablo?
-(Sonríe) Sí, me han comentado de Stellato (José Ramón), pero no puedo hablar ni bien ni mal de él porque casi no tengo oportunidad de escuchar radio, así que no sé.
-¿Qué es lo que sabe entonces?
-Me dijeron que tiene un preconcepto, no sé si a mi persona, creo que hacia mi apellido y, seguramente, también por el cargo que ocupo. Posiblemente él tenga una posición política, ideológica formada y por eso yo no le guste. Y bueno… el día que yo me vaya seguirá criticando a la persona que me suceda.
-Es que su apellido tiene una connotación fuerte.
-Sí. Por el general Harguindeguy (Albano), del gobierno de facto.
-¿Tenía parentesco?
-No, algo muy lejano: el origen de la familia es del mismo lugar, en los pueblos ahí de los vascos franceses pero no lo conocí en mi vida ni mis padres tampoco, no tuvieron trato. Es más, nos enteramos que existía otro Harguindeguy cuando él empezó aparecer mediáticamente.
-Digamos que usted paga karmas por otros. Por el apellido y por representar a un sector que tuvo un prototipo: el del hombre rudo que maltrataba a los perros, a sus mujeres, a todo el mundo.
-(Risas) Sí, es el mito de que el gaucho es medio bruto, que golpea, que hace todo a la fuerza. Es un mito.
-¿No hay nada de realidad?
-Algo de realidad también, pero eso quedó en la historia. Yo a esas cosas me las tomo con gracia, es risueño. Nosotros mismos en la Rural nos mofamos y nos cargamos por eso.
-Marcelo Cifuentes dijo que la gente que se instaló en Tandil en los últimos años provocó cambios, como la derrota del peronismo. Dice que vinieron personas con pensamiento propio, con un perfil más demandante. ¿No cree que esos nuevos vecinos también influirán en la vida de entidades como la suya?
-Coincido con lo que dijo Marcelo. Sí. En Tandil hay muchas ONGs y la gente que vino tiene esa impronta, pero también le cuento que vinieron muchos del sector nuestro, productores, y la dirigencia ha ido acompañando esa evolución. Basta ver una cosa: hoy hay mujeres presidentas de la Rural en varias ciudades.
-Ahora son más amor y paz.
-No sé si amor y paz, pero tampoco el chuchillo y la lanza. Hoy todo se entremezcla más, se han diluido algunas barreras, ya no es tan así como antes cuando estaba el conservador extremista. Lo que pasa es que desde la política –concretamente desde el gobierno nacional- se fogonea para la división.
-Aquellas heridas de 2008 están abiertas todavía.
-Están abiertas pero van a ir cerrando. El gobierno nos puso gente en contra a través de muchas mentiras. Y eso duele, por la impotencia de ver que no tenés los medios que el gobierno sí cuenta para su prédica.
-Imagínese que contara con ese poder mediático, ¿qué haría?
-Hay que empezar diciendo la verdad. Siempre.
-Igual ya no se hace tanto problema: los k se están yendo y la Sociedad Rural sigue.
–Eso estaba claro desde el día que entraron. Y vacas va a seguir habiendo.
-Quién le dice que el día de mañana no los vayan a extrañar….
-Sinceramente no creo que pase eso.
–La vida está llena de contradicciones, Harguindeguy. Ya ha sucedido con otros gobiernos.
-Ha sucedido, sí, y por eso es difícil predecirlo, pero no creo que podamos extrañarlos, pero bueno, el sector agropecuario es muy amplio y habrá gente que sí los extrañe. Es la libertad de pensamiento que tenemos.
-Con toda sinceridad: ¿no son demasiado egoístas los productores? ¿”Tacaños” sería la palabra?
-(Sonriendo) En eso también hay un poco de mito. El hombre de campo invierte mucho en lo suyo y eso por ahí la gente no lo ve. Yo no diría tacaño. Prudentes. El productor mueve su dinero con prudencia.
-De tipo callado a presidente de la Rural. ¿De la Sociedad Rural a la política?
-No lo descarto. Tampoco digo que voy a serlo, pero los que estamos en esto tenemos una vocación de servicio, de ser dirigentes, de organizar, de sobrellevar conflictos…
-Tendría que afiliarse a algún partido primero.
-No tengo afiliación a ningún partido, aunque tengo mis ideas, lógicamente. Ni tampoco tengo el prejuicio de decir “no” a algo así.
-Cuenta con una ventaja: tiene muchos amigos. Es un Harguindeguy bastante popular.
-Tengo muchos amigos y ando por todos lados -no sé si yo tendría que decir eso de que tengo amigos, mejor pregunte usted- pero creo que me aprecian por una cosa: nunca prejuzgué a las personas. Nunca.
Fuera de sesión
El odio en los tiempos del “yuyo”
La Sociedad Rural, esa entidad a la que, cuentan algunos historiadores, en una época le bastaba tan sólo una reunión de comisión directiva para definir al futuro presidente argentino, también supo del rigor de vivir en carne propia el papel de enemigo del poder estatal. Es la parte de la historia argentina que el titular de la entidad en Tandil, Mariano Harguindeguy, puede contar –asegura- con lujo de detalles tras el conflicto por las retenciones a la soja.
El dirigente sostiene que los tiempos en que la Rural hacía lo que quería con el poder político terminó hace mucho. También dejó de existir hace décadas “el pensamiento conservador extremo” entre sus asociados: “antes había muchos”, reconoció, pero hoy es otra cosa y en cambio hay asociados que tan sólo se dedican a la apicultura o gente que no posee ni un metro cuadrado de campo y se dedica a la explotación agropecuaria sin ser parte de un pool de siembra”.
Al cabo de tres mandatos, Harguindeguy asegura haber atravesado “momentos muy frustrantes”, como por ejemplo cuando no había forma de poder realizar un trámite ante el gobierno nacional o el de la provincia de Buenos Aires. “Incluso –agregó- hubo un ministro, Arrieta (Gustavo), que durante más de un año no nos atendió.
-¿Ni una vez?
-Nada de nada. Y si por ahí algún dirigente agropecuario por casualidad lograba hablar, la charla terminaba con “mirá, nosotros tenemos el 54 por ciento de los votos, lo vamos a hacer igual” aunque el pedido no fuera ninguna rebaja ni beneficio sino una cuestión técnica.
Como excepción, recordó que en 2009 el entonces candidato a concejal del Frente Para la Victoria, Néstor Auza fue a la sede de la Rural en la avenida Santamarina, acompañado de Gino Pizzorno. “Después nunca más nadie vino de ese sector, aunque las puertas siempre están abiertas”.
De cualquier manera, por ahora, la historia tiene un final feliz, porque desde diciembre último, con la asunción del tandilense Alejandro Rodríguez como nuevo ministro de Asuntos Agrarios, la relación se recompuso “y siempre que lo llamamos nos atendió” –indicó Harguindeguy-. “No hemos tenido ningún problema con él, tengo que ser justo: todas las veces que hemos llamando, nos ha atendido muy bien”.
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