Valerio, el héroe inesperado: “Todavía no lo puedo creer”
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La noche del lunes tuvo un protagonista inesperado, al cabo, el más importante del partido que Santamarina le ganó a Instituto de Córdoba. Nicolás Valerio, llegado desde el banco de suplentes, tuvo sus primeros minutos en la B Nacional y fue autor del gol para la victoria del equipo tandilense.
De familia aurinegra y plenamente identificado con los colores, “Nico” vivió su jornada futbolística más importante. Con el agregado de no haber estado entre los convocados originalmente y haber ingresado por la ausencia de Federico Pérez debido a un error administrativo.
El día después de haber hecho gritar al San Martín, el producto de la cantera de Santamarina relató detalles de una noche para el recuerdo.
-¿Esperaban un partido tan peleado?
-Sí, la mayoría de los partidos es así. No hay grandes diferencias y se debe jugar tranquilo, sabiendo que el gol puede llegar. Lo fuimos a buscar cada vez más, mantuvimos la esperanza y lo pudimos desnivelar.
-¿Qué te dijo Coleoni cuando te mandó a la cancha?
-Que esté tranquilo y que fuera para adelante. Lo llamó a Mariano González y le dijo que me hiciera correr, que me preocupara por terminar la jugada, ya sea con un centro o con un remate.
-¿Cómo se dio que terminaste convocado?
-Me llamó Gustavo Liggerini a eso de las 8 de la noche del domingo, que a las 9 tenía que estar en la concentración por las dudas. Anduve a las corridas y fui, pero sabiendo que podía quedar como jugador 19, porque no sabíamos si Federico Pérez iba a estar habilitado. Llegamos al vestuario y todavía no se había resuelto esa situación, hasta que los utileros me avisaron que no había llegado la habilitación y que yo iba al banco. Desde entonces tuve esperanzas de entrar, porque la cancha iba a estar rápida y me podía adaptar a eso.
-No fue la única situación extraña que te pasó últimamente en el fútbol… ¿El semestre pasado habías dejado de jugar?
-El club no me dio la posibilidad de seguir, porque el cuerpo técnico no quería jugadores chicos. Como fui papá, tuve que salir a trabajar de albañil. Fui unos pocos partidos al fútbol agrario y nada más. Son las cosas del fútbol, daba un poco de bronca por ser jugador del club, pero pasa en todos lados.
-En ese contexto, ¿Gustavo Coleoni representa algo especial para vos?
-Sí, sabía que tenía la confianza del técnico, me lo demostró en su anterior paso por el club. Aquella vez tuve participación en la ronda final, metí tres goles en la temporada (a Rivadavia de Lincoln, San Jorge de Tucumán y Talleres de Córdoba). Este año, cuando nos juntamos a charlar en San Fernando, en la pretemporada, me dijo que tratara de ponerme bien y le metiera para adelante.
-¿El gol a Instituto supera todo?
-Y… me llega en un momento especial. Volví a jugar después de un tiempo parado, encima en la segunda categoría del fútbol argentino.
-¿Volviste a ver el gol?
-Sí, ya lo vi varias veces. Y todavía no lo puedo creer, no caí. Fue una jugada rara, un remate de “Freddy” (González) con un rebote que me quedó a mí. Primero intenté patear, se me cerraron dos defensores y me la jugué tirándosela entre ellos. Nos enredamos con los cordones de uno, nos caímos y cuando me levanté pateé cruzado.
-¿Ahora querrás consolidarte y tener más minutos de juego?
-Sí, metiéndole como hasta ahora. Cuando fui al banco (con Los Andes, en la segunda fecha), al siguiente entrenamiento me fracturé un dedo del pie, así que tuve que parar un tiempo. Hacía una semana y media que estaba entrenando normalmente y se dio todo de la mejor manera. Cuento con la confianza del cuerpo técnico y de los compañeros.
-Imagino que los festejos familiares deben haber sido especiales.
-Quedaron todos afónicos de gritar el gol, así que esto es una satisfacción enorme. Sin ellos, uno no estaría haciendo lo que hace.
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