Vecinos de La Blanqueada se movilizaron para exigir el gas y la obra de cordón cuneta
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailReunidos en la esquina de Bereterbide y Vivot –y en medio de una nube de mosquitos-, le recordaron al intendente Miguel Lunghi que les había prometido llegar con el servicio, que está a pocos metros, sobre avenida Pujol. También advirtieron que “él ya nos conoce”, en referencia a la tenacidad de la lucha en reclamos anteriores, y no descartaron organizar alguna protesta si el Ejecutivo no les responde.
Mirta Grigera, una de las voceras del barrio, manifestó que “queremos cordón cuneta, porque cada vez que llueve se hacen unas zanjas impresionantes de 30 ó 40 centímetros de profundidad, se agrieta todo, y cada vez nos queda más chica la calle”.
También describió que cada vez que pasa la máquina para arreglar las calles “se lleva la poca granza que nos queda, que se ha llevado el agua, la acumula en la esquina de Pujol, ni siquiera rellena. Vuelve a llover y el agua se lleva el material otra vez. Cada vez hay más barro. Encima son todas bajadas, se hacen unas grietas impresionantes”.
En segundo término, reclamó el gas porque “es impresionante el gasto que tenemos en leña. Es terrible. Lo tenemos en Pujol y Bereterbide, en la esquina, pero acá no pasa”.
Al mismo tiempo, afirmó que en la empresa Camuzzi les explicaron que si no cuentan con cordón cuneta no pueden extender la red de gas. “No sé qué habrá de cierto o no en eso”, confió.
María del Carmen Rivero, otra de las vecinas, ratificó que “ya está la carpeta en el Municipio, desde fines de 2010. Supuestamente el año pasado nos iban a poner gas, pero nada”.
Los vecinos expresaron su voluntad de pagar en cuotas el cordón cuneta para luego poder acceder al gas, obras que les permitirían elevar su calidad de vida notablemente.
“Exigimos que nos tengan en cuenta”
Por su parte, Mario Mastropierro describió que la barriada “día a día se agranda más. Esto es increíble: hay lugares donde hay cordón cuneta y no hay gente y tienen gas, y nosotros, que acá vivimos una cierta cantidad de familias que lo necesitamos, estamos olvidados por el Municipio. Entonces exigimos que nos tengan en cuenta”.
Agregó que “es importante el cordón cuneta, pero también es importante el gas y otros servicios que nos harían falta”.
En la actualidad, las familias consumen alrededor de una garrafa por semana –siempre que la cuiden-, con un costo de 28 pesos, pero esos valores se disparan en invierno cuando necesitan calefaccionarse.
“Si el Intendente o los funcionarios que tiene arriba saben lo que vale la tonelada de leña, se pondrían de acuerdo para ponernos el gas. No podemos usar gas en garrafa para calefaccionar, es imposible, como es imposible también comprar leña. Estamos olvidados totalmente, eso es lo que está pasando. No pedimos cosas exorbitantes, pedimos lo esencial”, dijo Mastropierro.
“No existimos para Lunghi”
Los vecinos vivaron que tuvieron que hacer “un piquete” para lograr el agua corriente, las cloacas y la iluminación de las calles, prestaciones a las que han accedido hace un par de años.
“Tuvimos que cortar Pujol para el agua corriente, para que nos arreglaran la calle, para que nos cortaran los pastos. De ahí, empezó a mejorar un poco”, dijo Mirta Grigera, que lleva 21 años en el barrio.
Y María del Carmen Rivero, quien hace 26 años que habita en la zona, consideró que “somos la oveja negra, no existimos para Lunghi”.
“Pedimos que se acuerden de La Blanqueada. El Intendente viene a recibir un premio cuando se hacen domas a una cuadra, pero no baja para acá para ver cómo estamos. No pasa nunca”, enfatizó Mastropierro y señaló la esquina de Bereterbide y Vivot, donde el paisaje es un baldío con pastizales de un metro de alto.
La seguridad amerita un párrafo aparte, ya que los habitantes aseguraron que hay pocos patrullajes y que en la metalúrgica ubicada en la zona le roban día por medio.
Sin presión de agua
Los vecinos la pasan mal en invierno y en verano, debido a que cuando hace calor se quedan sin agua por falta de presión.
En este sentido, Daniela Escobar indicó que “los fines de semana, en el invierno, se cortaba igual. Tuve que poner un tanque en mi casa porque sino no podía usar el lavarropas automático. Yo tengo las posibilidades, tengo trabajo; mi marido trabaja, y pudimos poner un tanque, que sale una fortuna”.
Fue la solución que esta familia encontró para acumular agua y poder utilizar el lavarropas automático. “Yo pude poner un tanque, pero hay gente que no puede, tiene hijos y no puede. Es una vergüenza. En todo el invierno del año pasado los fines de semana y los días lindos se cortaba el agua. Abrías la canilla y salía aire”.
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