Vecinos de Paz al 1000 y de 14 de Julio al 900, en estado de alerta ante los casos de inseguridad
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Un hecho de inseguridad ocurrido durante las vacaciones de verano llevó a un grupo de vecinos de Paz al 1000, entre Garibaldi y Las Heras, a implementar una medida que acapara miradas y que funciona como “un método preventivo” ante situaciones de inseguridad, según los propios impulsores.
La iniciativa se puso en marcha en enero tras un robo que se registró en una de las propiedades de la cuadra. En respuesta, los residentes en la zona intercambiaron contactos para alertarse ante situaciones extrañas y colocaron carteles con la inscripción “vecinos en alerta”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Para prevenir”
Uno de los promotores fue Carlos Nusch, que contó a este Diario que el surgimiento fue luego de un robo que sufrió una vecina de la cuadra que se encontraba de vacaciones. “Antes que siga avanzando, hicimos esto”, justificó, y agregó que desde entonces no tuvieron que lamentar otros hechos.
Como primera medida armaron una lista con los nombres y números de teléfonos de los frentistas y pegaron carteles en las viviendas con la leyenda “vecinos en alerta”.
Expresó que el contacto es permanente ante cualquier situación sospechosa, aunque resaltó que el barrio es “tranquilo” y que “lo hicimos para prevenir”.
“Nos da más tranquilidad”, admitió, y dijo que de esa forma se sienten “más protegidos”.
“Para protegernos”
La titular de un comercio ubicado a pocos metros de la esquina de Las Heras, Cristina García, explicó y ponderó la propuesta implementada desde hace ya varios meses en toda la cuadra, en ambas veredas.
Primero recodó el hecho ocurrido en una propiedad de la cuadra en momentos en que sus moradores se encontraban fuera y contextualizó que a partir de allí “la gente del barrio se juntó para tratar de hacer algo y sentirnos más protegidos”.
Como primera medida surgió colocar los carteles y tomar los teléfonos de los habitantes de la cuadra, algo que recobró especial interés dado que alquila el lugar para la actividad comercial. “Fue una movida entre los vecinos para protegernos, nada más”, respondió ante la consulta sobre una eventual sugerencia de las fuerzas policiales.
“Hasta ahora no ha hecho falta alertarnos”, ratificó, y estimó que “quizás el cartel en cierto modo nos está protegiendo”.
Por otro lado evaluó que “vivíamos en una ciudad tranquila, y hoy uno tiene unos cuidados que antes no tenía. La ciudad creció y con ello vinieron otros problemas también”.
Defendió la iniciativa y consideró que “es positivo porque es una protección entre nosotros mismos”.
Para finalizar García admitió que desde la puesta en marcha recibió la inquietud de otros vecinos de la ciudad que se llevaron la propuesta como para implementarlo en su cuadra. “Lo que más llama la atención es el cartel que tienen absolutamente todos los vecinos pegados en sus frentes”, cerró.
Una idea a imitar
De forma más incipiente la iniciativa se replicó entre un grupo de vecinos y comerciantes de 14 de Julio al 900, entre la avenida España y Garibaldi, a partir de algunos hechos delictivos que los puso en alerta. “Y ahora tenemos un poco más de tranquilidad”, resaltó Mónica, una de las propietarias de una vivienda de la zona.
La contribuyente copió la propuesta a partir de un comentario que una amiga de Paz al 1000 le realizó y decidió implementarla tras una serie de robos en los días previos a Semana Santa.
“A la señora de enfrente, que había salido dos horas, le sustrajeron un televisor de 32 pulgadas y la mujer que atiende el negocio le llamó el remís al ladrón”, contó. Luego narró que la damnificada se comunicó con la agencia solicitando la dirección a la cual habían llevado al pasajero y le negaron la información. “Fue a hacer la denuncia a la policía, pero le pidieron un montón de papeles y quedó todo en la nada”, lamentó.
Días después de ese episodio, cuando otra vecina ingresó a su casa alcanzó a ver cómo escapaban dos personas por el patio, saltando el paredón. “Estamos todos muy preocupados”, aseguró.
De allí surgió la idea de colocar los carteles, que se encargó en persona de distribuir por los locales de la cuadra, y de reunir los datos de los frentistas. Desde entonces “se tranquilizó un poco la situación”, evaluó.
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