Venido de Dakar
Su verdadero nombre era Jie Mamadu y había nacido en Dakar, Senegal; en el año 1904. Se lo conoció en nuestro país en 1932 cuando subió por primera vez a un ring con el nombre de Jean Joup.
El simpático negrito ya había recorrido medio mundo y peleado contra los mejores de su categoría sobre todo en España, Italia, Francia y Argelia, cuando decidió ?hacer una pasada? por la Argentina, más precisamente en Buenos Aires, convencido de que sería una etapa más en su vida de trashumante. Pero no fue así. Como tantos otros, quedó atrapado en las redes de aquella ciudad maravillosa e hizo una larga campaña sustentada por su destreza y una particular simpatía que impactó de lleno en el corazón de la ?popular?.
Dentro de la categoría pluma demostró ser un boxeador ágil, liviano, llamativo bailarín y correctísimo dentro de un cuadrilátero. Peleó con los mejores: le empató a Antonio Castroviejo, a Hugo Cartelle, a Francisco Magnelli y perdió con Alcides Gandolfi Herrero, Víctor Castillo y terminó su campaña en 1938 cuando fue noqueado por Isaac Jure.
Ya retirado se desempeñó en distintas actividades, ocupando los puestos más modestos pero manteniendo inalterable su dignidad y su buen humor.
El olvidado negrito pasó por una fantástica historia que seguramente no ha sido casual. Estando Jean Joup en Milán, en 1925, un cardenal le enseñó la doctrina católica, lo aconsejó que la adoptara y al aceptarla, la noticia se difundió rápidamente, a la vez que tomaba la ciudadanía italiana. La ceremonia de su profesión de fe convocó a una verdadera multitud, el rito fue coronado con una audiencia que le concedió el entonces papa, Pío XI y en la que recibió la comunión de manos del Santo Padre. Confesó que fue el día más emocionante de su vida y que jamás olvidaría.
Jean Joup, que falleció en Buenos Aires, supo tener un kiosco precario de cigarrillos y golosinas en la avenida Leandro Alem, a media cuadra de Corrientes. Cuando iba a Buenos Aires con mi familia parábamos en el Hotel Jousten, a menos de cien metros de la casilla del senegalés y desde allí mi madre me cruzaba la calle para comprarle caramelos a? Jean Joup, el negrito de la eterna sonrisa, del boxeo fino y delicado, el que había recibido la comunión del propio Papa y el que siempre bajaba aplaudido del ring.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios