Versiones cruzadas de testigos y hostilidad creciente en la antesala del juicio por abuso
Sin embargo, y más allá de la intervención de los profesionales, también el ministerio público reunió elementos varios que hacen a su convencimiento de la historia contada por la menor, incluso a partir de la palabra de testigos arribados al recinto a favor del acusado, pero que trastabillaron a la hora de generar credibilidad sobre lo que sostenían como historia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPero no todo se desarrolló en la sala de audiencias. También afuera la tensión había ganado los ánimos de integrantes de una y otra familia divididas por el sórdido caso que nació a partir del relato de la niña de 11 años que dijo ser abusada.
Tras un cuarto intermedio, reanudada la audiencia, el propio defensor Carlos Kolbl le peticionó al juez Guillermo Arecha que tomara cartas en el asunto frente a ciertos incidentes que se habrían registrado en la antesala del recinto judicial, denunciando que un par de testigos a favor del acusado se fueron ante el temor de las amenazas recibidas de parte de los familiares de la menor. Más precisamente del padre, efectivo policial que siguió el juicio desde afuera, no queriendo escuchar lo que adentro se ventilaba sobre su hija. A tal punto llegó el clima que por la tarde se organizó una movilización y se escrachó la casa del imputado.
Audiencia
Ya adentrados en la segunda audiencia, se escucharon los testimonios de los psicólogos Mariana Guevara y Adrián Córsico, quienes entrevistaron al acusado y trazaron su mirada sobre lo que consideraron su personalidad.
Guevara refirió que lo atiende desde que surgió esta denuncia, aduciéndole que fue a atenderse porque necesitaba terapia ya que estaba mal frente a lo que lo acusaban. La profesional subrayó sobre una personalidad neurótica, de una autoestima aparentemente alta que busca tapar sus inseguridades. Al contrario de las conclusiones de la perito oficial, la psicóloga entendió que no encontraba rasgos de una personalidad perversa con propensión al abuso.
Similar diagnóstico trazó el licenciado Córsico, quien intervino como perito de parte. También refirió a una estructura neurótica no perversa, con rasgos narcisistas, y allí enfatizó que según su lectura Pedraglio no tendría una personalidad proclive al abuso, siendo que hay un reconocimiento, empatía del otro.
Sobre esta última característica el fiscal Gustavo Morey iba a intervenir una y otra vez, siendo que le costaba creer que una persona tenía empatía con el otro cuando se conoció que el acusado tenía hijos varios a los que nunca los trató como tal, ni siquiera los vio.
El psicólogo señaló sobre una personalidad seductora, pero no abusiva, y que cargaba mucha culpa y vergüenza por lo que le toca afrontar. También contrariando los dichos de la perito, dijo no hallar mecanismos disociativos.
A preguntas del fiscal, Córsico aclaró sobre sus impresiones, añadiendo que no eran categóricas pero sí que diferían sobre lo expuesto en el peritaje oficial incorporado al expediente.
Respondió a la vez sobre la entrevista realizada a la menor, testimonio que le resultó creíble aunque señaló que observó mecanismos de desplazamiento, dejando entrever que seguramente sufrió abusos pero no de parte del que ahora acusaba.
Largas horas demandaron los testimonios de los profesionales, a partir de criterios bien diferenciados sobre lo que expuso el peritaje oficial acerca de los rasgos de personalidad de Pedraglio, no haciendo más que enrostrar sobre una ciencia no exacta, que aporta y mucho como indicios que suman o restan para una prueba, en este caso el testimonio de la menor y los dichos del acusado. La palabra de uno y otro, sin testigos presenciales, como suele suceder en este tipo de delicados sucesos intramuros.
Versiones cruzadas
Por otro lado, se escuchó el testimonio de la hermana mayor de la menor y la esposa del ex sindicalista, con versiones diametralmente opuestas sobre lo que vieron, oyeron y estimaron como versión.
La hermana, por su parte, contaría que su hermana salía con un “noviecito”, y que incluso se enteró (por boca de Pedraglio y su mujer) que habían intentado mantener sexo. Sobre lo cual ella habló sobre el asunto con su hermana aconsejándola, al igual que dio intervención a la madre, quien oportunamente frente al juez también había respondido al respecto.
Es que, a criterio del acusado y su mujer, la niña habría inventado la denuncia cuando fue descubierta sobre su relación con “el noviecito” y sobre la posibilidad de que hubiera quedado embarazada.
Vale acotar que “el noviecito” en cuestión también prestó declaración y no hizo más que ratificar la versión de la menor. Que habían sido novios, que en una oportunidad en la casa de una amiga en común intimaron pero no lograron consumar.
La mujer del acusado, después, tomaría relevancia a la hora de decir su verdad, siendo que buscando solidificar la hipótesis de su marido terminó empantanada en situaciones poco claras a la hora de hallarle una cronología lógica, acorde a lo que se vino detallando en el juicio y más, contradiciendo incluso lo que ella misma había expuesto en la instrucción penal frente al mismo fiscal.
Fue Morey entonces el que le haría saber sobre dichas contradicciones, de afirmaciones que hacía pero que ahora cambiaba a favor de tejer una historia que para el ministerio público fiscal no resultó nada verosímil.
Pasado el mediodía se sucedieron otros tantos testigos aportados por la defensa en pos de sumar sobre el buen concepto del hombre sentado en el banquillo de los acusados que, anticipó su defensor, pedirá prestar declaración para seguramente clamar su inocencia.
Hoy se prevé continuar entonces con el comparendo de aquellos testigos huidizos de ayer, que se sintieron amedrentados por la familia de la menor, para luego dar lugar a los alegatos. El fiscal insistirá en la responsabilidad penal y argumentará a favor de la credibilidad de la menor que se dijo abusada. Versión que se siente avalada por otros dichos de testigos varios. El defensor, en tanto, buscará desacreditar los dichos de la joven colocándola como una persona capaz de fabular por años y acusar al hombre al que quería más que a su padre (a dichos de su propia hermana) con la clara posibilidad de dejarlo tras las rejas.
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