Víctimas y policías reprodujeron lo vivido en el violento atraco perpetrado en la ex Tandilco
Se trata de los acusados Pablo Germán Cabrera, de 34 años de edad, con domicilio en Caseros -Buenos Aires- y Roberto Fabián Manrique, de 43 años de edad, oriundo de Luján. Ambos están imputados del delito caratulado “Robo agravado por el uso de armas y tenencia ilegal de arma de guerra”, mientras que el primero de los nombrados también se le endilga el hecho calificado como “Robo agravado por el uso de armas, todos en concurso real entre sí”.
Una hora más tarde de lo pautado, más otro tanto de alocución de una de las defensas por una cuestión preliminar que hizo al planteo de nulidades, se inició el debate por un resonante caso que se remonta a mediados de julio de 2009, en plenas calles céntricas de la ciudad.
Ambos imputados estuvieron en el juicio fuertemente custodiados, acompañados por sus respectivos defensores. En el caso de Cabrera un abogado particular de Mercedes, el doctor Fabián Groso, en tanto que Manrique estuvo representado por el defensor oficial Carlos Kolbl, precisamente quien esgrimió las pretendidas nulidades en el proceso que merecerán una respuesta del Tribunal (conformado por los jueces Gustavo Echeverría -presidente- Guillermo Arecha y Carlos Alberto Pocorena) una vez emitido el veredicto y eventual sentencia.
Fue el fiscal Gustavo Morey quien abrió la audiencia trazando los lineamientos de la acusación, brindando un pormenorizado detalle de los delitos ventilados y las responsabilidades penales a cuestas de los sentados en el banquillo de los acusados.
Luego, los defensores harían su rol para lo que fue una primera audiencia que se dio por terminada, pasadas las 16, tras escuchar los testigos aportados por el Ministerio Público. El próximo martes se retomará el juicio con las demás personas citadas para que presten declaración.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUna vez adentro, empuñando armas de fuego de guerra se dirigieron hacia el lugar donde se encontraban Ricardo Oscar Valiente, Javier Ignacio Legarreta y Juan Marcos “Chamaco” Etcheber, obligando a los dos primeros a arrojarse al piso, mientras que uno de los ladrones redujo a Etcheber, colocándole la pistola sobre la cabeza, exigiendo la entrega del dinero existente en el lugar, cosa que la víctima cumplió colocando la plata (entre 10 y 12 mil pesos en efectivo) dentro de una bolsa del tipo de consorcio, a la vez que se apoderaron del los teléfonos celulares de las víctimas.
Por esos instantes, un tercer sujeto que se encontraba en la vereda del comercio cumpliendo el rol de "campana" comenzó a gritar, alertando a sus compañeros: "La yuta, la yuta", en referencia a la presencia policial.
Ante dicha presencia de un uniformado (identificado como Matías Nicolás Porra) uno de los imputados, previo dejar en el lugar la bolsa con el dinero, pretendió egresar del lugar llevando a Etcheber como escudo, a la vez que lo apuntaba con su pistola en la cabeza, acción que el oficial intentó impedir apuntándole con el arma de fuego reglamentaria, recibiendo como contestación del sujeto la orden de “andate porque lo mato, andate porque lo mato”, en referencia al rehén. Fue así que el policía se vio obligado a bajar su arma y retrocedió. Los delincuentes, entonces, aprovecharon para emprender la huida.
La huida se rumbeó por calle Rodríguez hacia Mitre y por ésta hacia 9 de Julio, donde doblaron hacia avenida España e ingresaron en las cocheras pertenecientes a la Fuerza Aérea. Por los techos alcanzarían la avenida España al 600, donde finalmente efectivos policiales que estaban en su búsqueda los interceptaron, dieron la orden de alto y ambos delincuentes se arrojaran al piso para así terminar aprehendidos.
En efecto, aproximadamente las 2.30, los acusados se trasladaban en un auto Renault Clio de color verde por la Ruta Provincial 30, cuando a la altura del frigorífico Mirasur, interceptaron la marcha de un furgón marca Mercedes Benz conducido por Luis Angel Alfaro, quien era acompañado por Sebastián Jorge Cominetti.
Para lograr detener la marcha del vehículo, uno de los acusados disparó al aire con el arma de puño que portaba en una de sus manos, a través de una de las ventanillas derechas del citado automotor, a la vez que a viva voz le ordenó detenerse en la banquina.
Alfaro detuvo su marcha y el auto referido hizo lo propio delante del camión, descendiendo de éste los dos sujetos, portando cada uno de ellos un arma de fuego. Uno redujo a Alfaro, a quien le exigió la entrega de la totalidad del dinero que llevara encima (8 mil pesos en efectivos, cheques y el teléfono celular).
A medida que se cometía la sustracción, el restante sujeto hizo lo propio con el acompañante Cominetti, a quien obligó a descender del camión, efectuando para ello un disparo a fin de intimidarlo, para luego robarle el celular. Finalmente se apoderaron de las llaves del camión de Alfaro y se alejaron en el auto en que se movilizaban.
Tras la descripción de los hechos, llegó el turno de los testigos aportados por la fiscalía, las víctimas del atraco de las oficinas de calle Sarmiento, más el par de policías que interceptaron, sin suerte, a los asaltantes, no sin antes vivir instantes de extrema tensión, con intercambio de disparos en el medio de la virulenta escena. u
Primeramente el oficial Matías Nicolás Porra contó que por esas horas se encontraba de servicio, cubriendo consigna en calle Rodríguez y Sarmiento, cuando un transeúnte le manifestó: "Están robando en la Ford, vení, vení”. El policía entonces se dirigió al lugar e ingresó por el acceso a los talleres que dan al fondo del inmueble, mientras a su paso notificaba por radio el alerta a sus colegas sobre lo que se había noticiado.
Una vez en la puerta de la oficina de Mirasur se topó con un sujeto que empuñaba y apuntaba a la cabeza a otro hombre sujetado. El uniformado automáticamente lo apuntó con el arma y le manifestó: "Alto, policía…", a lo que el delincuente le respondió: "Andate porque lo mato…".
El efectivo desistiría del accionar ante el peligro del rehén y se cubrió detrás de una pared y lo pierde de vista pidiendo nuevamente apoyo. Al instante escucharía varios disparos de arma de fuego. Volvió a la escena y se dirigió al interior de la oficina del atraco y observó a dos personas que se encontraban de rodillas contra la pared y muy asustadas.
De allí fue hacia la vereda de Sarmiento y se encontró con su colega Chaile, quien le manifestó "me tiraron, me tiraron", y allí emprendieron ambos la persecución contra los agresores que ya habían perdido de vista, pero igualmente seguían su camino por el aporte de los circunstanciales testigos que transitaban por esas las calles.
Luego, la historia conocida: cuando sus colegas lograron finalmente detenerlos en plena avenida España y donde él iría para reconocer a quien tuvo cara a cara, con el rehén en el medio como escudo humano.
El efectivo Danilo Chaile realizaría su propio relato de aquel suceso vivido, con intercambio de disparos incluido.
Según contó, él también pasaba por esa cuadra cuando fue advertido por una mujer que a viva voz le decía "están robando, están robando", en el local conocido como ex Tandilco.
Una vez en el lugar, observó desde la vereda que un sujeto estaba en el interior del local apuntándole en la cabeza con una pistola a otro hombre que se encontraba sentado en el suelo. También dijo ver a otra persona parada de espalda a la vereda, vestido de ropa clara, quienes al percatarse de su presencia igualmente se dirigieron hacia él, por lo que comenzó a retroceder y cubrirse detrás de un automóvil.
El par de asaltantes salió a la vereda y el mismo que le estaba apuntando (en la audiencia reconoció que se trataba de Manrique) a la víctima que estaba sentada, comenzó a dispararle con el arma, escuchando al menos dos disparos. Este lo repelió descerrajando un tiro con su pistola, pero sin lograr dar contra la humanidad del agresor.
Posteriormente reproduciría la misma versión que su colega, acerca de la persecución y luego aprehensión en manos de otros uniformados que habían acudido a su apoyo. u
Los testimonios, claros como desgarradores, coincidieron en cómo se sucedieron los hechos, con algunos matices que hacen a la propia percepción que cada uno vivenció y recuerda, después de tres años.
Ricardo Oscar Valiente detalló que era un cliente del Frigorífico y que había ido ese día a saldar una cuenta. Cabe consignar que era viernes, día de pago según la costumbre de la firma.
Valiente resultó muy gráfico sobre lo vivido, aunque su testimonio se vio limitado ante la actitud que tomó cuando los violentos intrusos ingresaron con el sereno Pavón. Apenas escuchó la amenaza de uno de los asaltantes obedeció las órdenes y se tiró al piso boca abajo, sin lograr mirar a ninguno de los delincuentes. Sí fue clave a la hora de recordar las voces y cómo Etcheber fue tomado por uno de los asaltantes para que le diera el dinero de la caja que había en la dependencia. En verdad, una especie de tesoro cual entidad bancaria.
También detalló que una vez en el suelo, escuchó cuando pedían por una salida para fugarse ante la presencia policial, y luego los disparos, instantes en que se levantó y tomó al sereno para ambos lanzarse raudos al baño, donde se encerrarían hasta disipado el tenso momento.
Similar resultó el relato de Javier Ignacio Legarreta, quien recordó que él se encontraba en su oficina contigua a la que estaba el testigo propinante y Etcheber, y que escuchó una especie de discusión en la puerta y fue a ver qué ocurría. Ahí se toparía con el sereno reducido por un delincuente, al que no logró describir fisonómicamente, porque apenas fue amenazado también se fue con el resto de los rehenes que estaban ya tirados en el piso.
El testigo sí reseñó con exactitud que se trataba de dos asaltantes, a la vez que calculó que el dinero que habían robado pero que luego encontraron en la bolsa de consorcio, rondaba los 10 mil pesos en efectivo, destinado al pago de sus empleados.
Finalmente llegaría el turno de Juan Marcos “Chamaco” Etcheber, sin dudas el que peor la pasó, siendo que fue el elegido a la hora de darles el botín que querían, como así también luego pasaría minutos se zozobra, con una pistola en la cabeza apuntándole y transformándose en un escudo humano de los ladrones.
A tal punto fue su consternación que aún hoy -confió- sigue emocionalmente conmovido por lo sufrido. De hecho, a pedido del fiscal, en la audiencia los imputados fueron retirados de la vista del testigo (quedaron al fondo de la sala).
Etcheber reprodujo como pudo lo padecido ese día, fundamentalmente la escena en que quedó en el medio del delincuente y el policía, cara a cara, apuntándose ambos, lo que pareció paralizar el tiempo en la sala de audiencias a medida que lo relataba, algo semejante, al menos en una mínima parte, al tiempo eterno que le habrá resultado al propio testigo-rehén frente a esa violenta situación que le tocó protagonizar.
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