Volvió el boxeo
Antes de empezar el espectáculo se agradeció a un concejal presente en el Estadio por la ayuda brindada para realizar ese festival que, la Ordenanza Municipal y el Reglamento de la FAB prohíben: la organización de veladas pugilísticas por quienes carecen de una licencia otorgada por la entidad madre. Justamente la Unicen, no sólo no la posee sino que ya le fue rechazada su petición pues está reservada para clubes, particulares o empresas. Si hay alguien que debe respetar una ordenanza, debe ser nada menos que quién integra el cuerpo que las dicta. Al parecer, valora más el cargo que la función. Allí no se corta el hilo. El Director de Deportes, frente a cuyas narices desde hace algunos años a esta parte han pasado y tolerado toda clase de transgresiones, también sabía de ésta y como de costumbre fue una más, a pesar de que un día de su propia boca escuché indicar que en relación al boxeo: “el intendente me ordenó tolerancia cero”, obvio es que mucho caso no le ha hecho.
Ahora se ha conformado un grupo de gente para el control de estos espectáculos, que se apiñan en una docena o más. No sabemos si se reformó la Ordenanza que indica que son solamente cinco, o bien, no es más que un recambio de “okupas”, porque otro nombre no se me ocurre. Una renovación que hace honor al “gatopardismo” pues se ha cambiado todo para que no cambie nada. Hubo un montón de detalles menores y otros que llegan a la grosería. No recuerdo exactamente cuanto hace, pero no menos de treinta años que el otorgar onzas de ventaja quedó tan perimido como la esclavitud en la Asamblea del Año XIII. Los amateurs deben combatir con guantes de 10 onzas y no hay tutía. La categoría gallo en la que combatieron Ciccopiedi con Denario permite una diferencia de peso de hasta 3 kg. y aunque había solamente 2 kg. 400, el más liviano calzó antirreglamentariamente, guantes más chicos. Insólito, como si hoy día un mecánico quisiera arrancar un auto de alta gama a manija, como si fuera un viejo Ford T. Los oficiales de ring no pueden actuar cuando hay un pariente como parte interesada en cualquier estamento, sin embargo… ese detalle, reglamentario y ético tampoco se tuvo en cuenta.
En otro orden de cosas, las dos peleas de fondo fueron muy buenas. Podrían haber sido mejores si se hubieran utilizado los cabezales reglamentarios para combate y no los de entrenamiento que se asemejaban a los yelmos que usaban los caballeros en las justas de lanza en ristre y que desvirtúan aún más el devaluado boxeo de la AIBA. Estuvo muy bien dado el empate en el combate entre Nicolás Lezcano y el tandilense Carlos Carmona. Más técnico el visitante, fue arrollado por momentos en forma impetuosa por el local con un boxeo un tanto desordenado que le permitió arribar a la igualdad de puntos. Si aprendiera a utilizar con más frecuencia los golpes rectos y su accionar fuera menos impulsivo, recibiría menos y pegaría más. Brillante fue el combate entre Marcelo Mesa y el muchacho de Brandsen, Hernán Comenzaña, un experimentado aficionado con más de cuarenta peleas. El primer round fue todo para el foráneo, pero luego, bien mandado por Oscar Cela, Mesa acosó a su rival generándose una lucha en donde la prevalencia de uno sobre otro se hizo alternativa y llena de emoción. No había un ganador, como lo reconoció hasta el propio Cela, en una sincera y honesta confesión; los jurados se la dieron al local. Lento estuvo el árbitro Fassi en romper los clinchs, que le quitaron continuidad al pleito y generó innecesarios forcejeos entre los combatientes. En cambio, se apresuró al realizarle un conteo de pie a Yesica Otero al recibir un golpe ampuloso. No estaba sentida, el hecho le hizo perder una pelea que no había perdido.
En definitiva, todo lo bueno para los boxeadores y sus entrenadores que son los que mantienen vigente la actividad y por el momento, un cero grande como una sandía para quienes controlaron este festival, rico en falencias no por falta de honestidad, sino por absoluta ausencia de conocimientos sobre el tema.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl sábado pasado Walter Cabral noqueó espectacularmente en el primer round al neuquino Diego Egea y Sergio Escobar se impuso por puntos en cuatro rounds a Mario Martínez.
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