Vorágine cotidiana
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La velocidad de los acontecimientos de esta semana produce una sensación de vorágine, de irrupción de un cúmulo de sucesos difícil de asimilar.
Las elecciones del domingo pasado han quedado demasiado lejos. Horas después de su rotundo triunfo, y de volver a lucir la boina blanca, Miguel Lunghi se mostró preocupado por el planteo electoralista de la UCR para 2013. “Lagarto que se duerme es cartera (SIC)”, bromeó el pediatra.
A estas risueñas declaraciones, le sucedieron las críticas de su principal rival, Néstor Auza, que salió a hablar tras sopesar que la derrota no había sido tan catastrófica como vaticinaban los pronósticos (aunque la diferencia fue de 16 puntos).
Casi en el mismo instante, la ciudad se conmovía con dos asaltos a abuelos de entre 70 y 85 años, que fueron tomados como rehenes y hasta recibieron algunos golpes. Y 48 horas después, el ex concejal Pedro Pastor sufría un hecho delictivo de igual tenor, pero en el campo.
En uno de esos casos, los vecinos apoyaron el relato de la víctima y agregaron que tras dar el alerta, el policía enviado al lugar no descendió del patrullero. Enseguida, llegaron las sanciones, junto con las de otros tres efectivos que habían faltado a su deber en un atraco que se produjo unos días antes.
Los accidentes también ocuparon los titulares centrales, con un hombre que se salvó de milagro al quedar aplastado entre dos vehículos y un motociclista que lucha por su vida tras un choque en avenida Rivadavia.
Además, hubo otro episodio de violencia escolar en un establecimiento educativo y hay cien pacientes que forman parte de la lista de los que esperan ser operados en el Hospital, con el objetivo de mejorar su calidad de vida.
Otro capítulo importante fue la visita del Indio Solari, que se mostró en la zona turística y hasta hizo fotos en el teatro Cervantes para una revista rockera de tirada nacional.
Obviando los deportes -con la derrota de Las Leonas y los triunfos de Del Potro- y los espectáculos –sobre todo la Farándula Estudiantil-, esta intensa semana cerró con la llegada de los restos de la desaparecida María Eugenia “Maru” Sanllorenti a Tandil, su ciudad, la que la vio nacer y crecer.
Entre la alegría y el dolor de sus familiares y amigos se coló una parte importante de una historia de vida: la de una estudiante, madre y esposa secuestrada y asesinada. Pero también “debida”, porque el conocer permite construir el “nunca más”.
Entre la vorágine, un momento de reflexión.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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