?Voy a ser el último en bajarme?
-¿Empezamos? Con una obviedad, por supuesto: ¿por qué se retiró?
-No me retiré. Dejé de ocupar cargos. Irme de la política no, porque sigo siendo un militante y sigo apoyando el proyecto popular y nacional. Fui al acto del 25 de mayo en Plaza de Mayo, antes estuve en Vélez, milité en las inundaciones en La Plata.
-Si no se fue, significa que va a volver.
-No. Estoy en otra etapa, no ocupo un cargo ni estoy pensando en volver; vivo en La Plata, compenetrado en un proyecto personal. A fines de 2011 tomé la decisión de dejar la actividad pública y largarme a la privada y eso fue como empezar de nuevo, era algo pendiente. Y respecto de la política, creo que hay una necesidad de trasvasamiento generacional en el que nosotros tenemos que dejar los espacios para la gente más joven.
-Jorge, estamos a más de 300 kilómetros de Tandil, ¿y usted se presta al diván para darme esa explicación? ¡Dígame la verdad! ¿Por qué se fue?
-Siempre sentí al proyecto kirchnerista como algo profundamente ideológico y es lo que me gustó. Si alguien conociera bien mis características sabría que yo era kirchnerista antes de conocerlo a Kirchner: peleaba contra un ex intendente del proceso, no fui menemista, me gusta la gestión. Entonces en la última elección pensé, bueno, en Tandil, ¿quién es por una cuestión de estructura, el líder natural en ese trasvasamiento? Diego Bossio.
-¿Y?
-Y las encuestas de entonces decían que en el peronismo perdíamos todos. El que más cerca estaba era (Néstor) Auza -era una realidad-, pero perdía por 15 puntos. Marcelo Cifuentes perdía por 20, (Raúl) Escudero por 20 y yo, que había desaparecido de las candidaturas, perdía por 21. O sea que cualquiera perdía entre 15 y 20 puntos con Lunghi.
Entonces propuse buscar a alguien realmente identificado con el proyecto y gastar todas las fichas que fueran necesarias en el posicionamiento de ese candidato joven -que era sabido que iba a perder, pero que nos iba a permitir tenerlo hoy como bien posicionado- y no jugar a lo que yo llamo decisiones liberales: hacer una encuesta y ver a quién ponemos, sin importarnos qué piensa y qué ideología tiene.
-No le hicieron caso y entonces hizo la gran San Miguel: se enojó…
-Para nosotros fue una gran decepción. Dijimos ‘nosotros en ésta no nos prendemos’ y con la agrupación decidimos hacer lo que hicimos siempre: dar testimonio de lo que pensábamos y sentíamos y apoyamos a un joven. Y así fue. Apoyé a Sebastián Romay y fuimos a la interna sabiendo que de algún modo era testimonial, porque Sebastián vivía en Buenos Aires, no era conocido y no logramos posicionarlo. En realidad cuando tomé ese rumbo yo ya estaba tomando la decisión de irme, pensando que si siempre la había peleado me tenía que ir con las botas puestas, peleando. Era una cuestión de fidelidad a mí mismo.
-¿De fidelidad?
-Sí, porque a mí, que desde la política me dieron una oportunidad desde muy joven (tenía 30 años cuando era presidente de la Usina), entonces ¿qué iba a decir? ¿Los jóvenes no pueden ocupar espacios? Estaría renegando de mi propia historia. Por lo tanto si había un trasvasamiento, yo apoyaba; ahora, si el representante de La Cámpora es (Antonio) Ferrer a quien aprecio desde lo personal pero es más grande que yo… o el representante del peronismo de Tandil es Néstor Auza, que viene del radicalismo y estuvo en El Paraíso con los piquetes del campo, entonces estamos traicionando lo que es el proyecto y el modelo, porque con tal de tener cinco puntos más en una elección tiramos la ideología a los perros.
Pero en Tandil falta construcción política. Hay que apostar a alguien de una vez. En la primera vas a perder por 20 puntos, en la segunda por 10 y a la tercera podés llegar a ganar. Es muy difícil agarrar una figura y con esa ganar, tendría que estar muy desgastado el rival para que gane cualquiera. La Municipalidad se paga con tiempo y si no la podés recuperar para el 2015 ya hay que trabajar para el 2019.
-Y a nivel nacional, ¿dejó de ser kirchnerista?
-Siempre lo dije: fui uno de los primeros en subirme y voy a ser uno de los últimos en bajarme si el desgaste es enorme. Todos los gobiernos: radicales, liberales, el que fuera, la forma más grande de corrupción que tenían era negociar con el Fondo Monetario Internacional nuevos créditos a espaldas del pueblo, y Kirchner no negoció con esos poderes y logró una quita de 75.000 millones de dólares cuando en ese momento podría haber agarrado la plata que se le antojara.
No voy a negar que existen cosas que tal vez no me gustan o que se podrían hacer mejor, pero las cosas positivas que se han llevado adelante son muchas más que las negativas, por lo tanto sigo estando ahí. No es lo mismo acordar con el ALCA que hacer un acuerdo con los países latinoamericanos. No es lo mismo endeudarse y aceptar las recetas del FMI que pagar la deuda externa y tener autonomía.
-¿Extraña estar ausente de los diarios, de todos los rumores de la política?
-Y, a veces extraño, sí. La prueba es que sigo abriendo los portales y diarios de Tandil, pero también en cierto modo me siento liberado.
-La verdad es que no se lo nota apesadumbrado.
-Es que cuando me volqué a la política yo hice una elección de vida; dedicarte todo el tiempo a la política y vivir de un sueldo, en fin, yo traté de hacer las cosas lo mejor posible, y después de muchos años de aguantar que la gente te castigue con eso de los dirigentes políticos lo único que hacen es vivir del Estado, esto que hice es también una forma de decir yo puedo vivir de otra cosa, tengo capacidad como para estar igual o mejor que cuando ocupaba cargos políticos sin estar dependiendo del Estado, porque yo sentía esa presión de la gente.
-¿Tanto le molestaba?
-Me jodía, sí, porque aparte me parecía injusto. Yo le dedicaba las 24 horas a la política, y no tan sólo la política partidaria, tenía responsabilidades, estaba al frente de organizaciones con muchas personas al mando.
-Voy a cometer una infidencia pero la verdad es que siempre se dijo que a usted le quedó el síndrome abandónico: que cuando le toca manejar la cosa, se baja del barco. ¿Vamos a pensar esa posibilidad?
-No es así, ¿sabe por qué? Porque nunca seguí personas sino un proyecto, unos ideales y ese proyecto lo encarnó Néstor Kirchner y ahora Cristina.
Mis peleas con Zanatelli, por ejemplo, eran ideológicas, no personales. Y para mí el triunfo era que él nunca representara al justicialismo, porque en 1976 yo era un estudiante universitario con ideales peronistas y él intendente del proceso militar, había una gran brecha y dos posiciones ideológicas antagónicas. Mi triunfo era que él no pudiera entrar a la Municipalidad diciendo que venía desde el peronismo. Ganándole la interna, Zanatelli no lo pudo hacer.
-¿Leyó El Viejo y el mar, de Hemingway?
-No.
-Es una lucha incansable entre un viejo pescador y una presa gigante que se resiste a ser capturada. El sentido de la vida de ambos es esa lucha, casi como una necesidad del otro, del contrincante. Había algo de eso entre usted y Zanatelli, ¿no? Algo así como que ésa fue su última gran batalla.
-Y sí, eso puede ser, algo había porque yo no sólo me tenía que enfrentar al poder municipal sino también al provincial y al nacional, que estaban muy cómodos ideológicamente con Zanatelli. ¿Sabe lo que tuvimos que luchar para enfrentar a todos los poderes? Terrible: le ganamos una interna a toda esa estructura y estuvimos a dos puntos en el año ‘99 de conseguir la intendencia peleando contra todos y sin poder nacional, provincial. Ni Pami, ni Anses, ni nada. Absolutamente nada. Al contrario: los que estaban cerca del poder eran mis rivales, que lo ayudaban a Zanatelli. Ellos tenían un cañón y yo un escarbadientes.
-Sin embargo, usted pudo.
-Sí, porque la construcción de la política es de años y de abajo hacia arriba y de la periferia hacia el centro. Ese es el trabajo que hay que hacer en Tandil y desde un peronismo basado en los militantes. Tal vez yo me pasaba de rosca con lo ideológico y ése fue uno de los problemas por los cuales no pude llegar a ser intendente.
-Me parece Jorge que tendríamos que trabajar una cuestión: tal vez usted se fue de Tandil porque le queda cierto rencor hacia la sociedad por no haberlo elegido.
-No. Me fui de Tandil por cuestiones laborales y porque mis cuatro hijos se vinieron a La Plata a estudiar. A mí me ayudó mucha gente y cuando me recibí me propuse hacer lo mismo, pero con otros, sobre todo jóvenes que atravesaban una vida difícil. Y las herramientas para eso están en la política. Yo me ofrecí para intendente, tal vez en demasía, cuatro, cinco veces, y la gente consideró que había opciones superiores. No tengo rencor. Sucedió otra cosa cuando perdí por esos dos puntitos en el ‘99 (y encima después de haber ganado la interna): ahí comencé a bajar los brazos, porque fueron traiciones muy grandes, empezando por el gobernador que estaba y por el gobernador que venía.
Sin embargo, no guardo ningún rencor con la ciudad; a veces pienso sí, si hubiera hecho esto, o aquello.
-¿Por ejemplo?
-Y, no sé, temas que no los quiero ni mencionar.
-Está en el diván, Jorge, no se reprima.
-Y yo por ejemplo le rompía las p… a los quinieleros; los put… Tendría que haber callado en las campañas y después hacer lo que pensaba porque esos tipos salían con las boletas contrarias a mí y decían ‘voten ésta porque si no el Gordo nos deja sin trabajo’. ¿Quiere saber otra más?
-Por supuesto.
-Cuando empecé creía que los que estaban conmigo eran todos buenos y los que estaban enfrente eran todos malos. Con el tiempo vi que en la vereda de enfrente tenía gente muy buena y adentro nuestro también teníamos los mismos que tenían los otros. Y además en una ciudad en la que yo peleaba con un militar criticaba e igualaba en las responsabilidades a todos los militares por lo sucedido con los desaparecidos en la década del ‘70. ¡En un lugar como Tandil, con tanta familia militar!
-Si se repitieran las cosas sería mejor estratega.
-Sí, sería más estratega. Pero tampoco traicionarme, eh, porque cuando le gané la interna a Zanatelli, Luisito Ilarregui me decía ‘invítalo a comer, le sentás los pibes tuyos en las rodillas al abuelo Julio’ (risas). Pero yo no sirvo para eso.
-A lo mejor la nueva generación del peronismo en Tandil podrá redimir aquellas derrotas. ¿Hay alguien que le despierte cierta expectativa?
-Todavía no. Para que conduzca y sea candidato a intendente, no. Aparte lo apoyé a Romay y se fue para otro lado: de ultrakirchnerista y correrlos a todos por izquierda pasó al otro extremo y eso es lo que no me gusta. Ojo, lo entiendo: se le cierran todas las puertas y quiere hacer política. Pero yo no haría eso. Yo muero con la mía, soy de lo que piensan: ‘ya me llegará el momento y la peleo desde adentro’.
-¿Lunghi va a morir en el poder?
-(Largo silencio) ¿Morir? No sé si tanto, pero tal vez otro período.
-Evidentemente, no se imagina el peronismo recuperando la Municipalidad.
-Y… es un sueño y también un objetivo que me duele no haberlo conseguido. Me da la impresión que tiene que ser un dirigente distinto, alguien nuevo y de los que pueden ser todavía no se animan ni siquiera a decir ‘yo quiero ser intendente’ en el 2105, 2019 ó 2023.
-No es fácil animarse en medio de un ejercicio tan verticalista de la política, Jorge. Usted es kirchnerista, lo debería saber.
-Fíjese el caso mío: había pasado cuatro años por la Usina, hice una encuesta y me conocía el 6 por ciento de la población; me tenía que enfrentar contra el vicegobernador, contra un diputado provincial y un senador provincial que tenían todos los conocimientos y toda la estructura y así y todo los enfrentamos y ganamos por muy poquitos votos en Tandil y perdimos por Vela. Entonces: ¿no se puede?
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No me arrepiento de este amor
Pese a no haber conseguido el sueño de convertirse en intendente de su ciudad, Jorge San Miguel siente que la vida –y sobre todo la política- le pagó por todos sus esfuerzos: “Para mí, que Kirchner haya llegado al poder es la mejor recompensa que pude haber tenido, por haber contribuido en todo lo que yo podía a que alguien con quien estaba totalmente identificado desde lo ideológico haya logrado llegar al poder”.
Y en Kirchner está la clave, cree San Miguel, para recuperar el poder en Tandil.
“Generalmente, movimientos como el kirchnerismo tienen soldados para distintas etapas. En los primeros pasos se necesitan tipos ideológicamente muy jugados, que son los que sirven para avanzar, y yo pregunto: ¿cómo explican en el peronismo de Tandil que un grupo muy importante de gente se haya jugado por Kirchner cuando Néstor no existía en ninguna encuesta? Pero eso es lo que sucede: ante un ejemplo como el de él, uno dice ‘quiero pelear junto a este tipo porque ideológicamente es quien me representa’.
Por eso me molesta tanto cuando desde el kirchnerismo se plantea ‘hagamos una encuesta y vemos a quién le da mejor’. No es así, hay que construir un proyecto porque, además, si el tipo al que mejor le dan las encuestas está acostumbrado al pragmatismo de la década del ‘90, después, cuando el kirchnerismo tiene un problema, salta y le juega en contra”.
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Ficha personal
Edad: 56 años
Hijos: Cuatro (María Leonor, Pablo, Marcelo, Guillermina)
Ocupación: Ingeniero industrial. Nuevos Aires gestión consultora de implementación de sistemas de gestión de normas internacionales y asesoramiento en gestión energética.
Hábitos del buen político: Capacidad de trabajo y conocimientos técnicos-políticos. Honestidad ideológica y personal. Postergar el desarrollo personal por el del conjunto de la sociedad.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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