Y en el medio, los chicos
Esperando que la titular del Consejo recibiera a la gente de la 501 se me acercó una mamá para contarme una anécdota que resultaría increíble si ella, que tiene hijos en la Escuela 34 y en la 501, no lo hubiera escuchado personalmente. Me comento que ?en el acto de apertura de clases, la directora de la 34 había comentado que se le iba a ceder una parte del establecimiento a los alumnos de la escuela especial, pero que se quedaran tranquilos (los niños comunes), que los especiales no se iban a mezclar con ellos?. ¿La señora directora habrá sido consciente de que frente a chicos, alumnos, padres y docentes cometió un tremendo acto de discriminación?
La reunión de ayer dejó en más de uno ?incluida Mery Fuente, que por momentos se la sintió con las manos atadas y en otros haciendo una defensa del sistema que evidentemente no funciona- un sabor amargo. Padres y docentes entienden que más allá de edificio que se construirá, en Argentina las situaciones ?provisorias son para siempre? y que temen, entre otras cosas, que no se termine de construir por falta de plata o que los chicos queden para siempre en lugares que no son los apropiados.
Las presencias de Mónica Poumé, jefa distrital de educación, y de Patricia Gallart, inspectora de educación especial, no aportaron absolutamente nada en la búsqueda de alternativas de solución, ya que dijeron que su trabajo estaba en el área pedagógica. Sinceramente, hubieran hecho un mejor papel si se pegaban el faltazo.
Reclamos de un lado, explicaciones del otro -que no satisficieron a nadie- y en el medio los chicos, niños especiales a los que las situaciones nuevas les provocan inseguridad y tardan mucho tiempo en adaptarse.
Y tal vez, ojalá que no pero tal vez, comiencen con conductas que ya habían sido superadas o hagan regresiones.
Y esto sería ni más ni menos que vulnerar sus derechos a la educación. Y lo peor de todo es que nadie se hará cargo si esto sucede. Y no es un dato menor.*
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