?Y esta noche es Navidad?
Ya están más o menos comprados los regalos para todos, aunque a último momento nos demos cuenta que faltó el del padrino y saldremos corriendo hasta el polirrubro de enfrente donde encontraremos mazos de cartas, golosinas, medias de toalla, de todo menos lo que creemos que el padrino merece, aunque tendrán su obsequio navideño bajo el arbolito, no tan prolijamente envuelto como en el shopping, pero con un moño grande y de color estridente que antes de llegar al árbol ya estará desarmado. La mesa está preparada, el mantel de todos los años, el de hijo, el de la abuela que bordaba a mano primorosas puntillas que hoy no se encuentran en ningún lado. La mejor vajilla y cristalería, las servilletas de hilo y los cubiertos de plata o alpaca. Un centro de mesa con las velas esperando ser prendidas y la iluminación de la casa perfecta para esta noche donde todos vendrán a celebrar.
Vendrán a celebrar sintiendo que algo pasa y piensan que puede ser un bajón anímico, el calor, el cansancio del año o el recuerdo de los que ya no están o los que se van agregando a la familia. Es posible que se trate de todo eso y mucho más que tiene que ver en realidad con el significado de la Navidad, ni más ni menos que el milagro renovado del nacimiento del Niño Jesús.
Y a Jesús no lo esperaban en una casa con iluminación perfecta ni mantel de hilo y vajilla de porcelana. A Jesús lo esperaban con inmenso amor sus papás José y María, no en una casa de estilo mediterráneo ni en un piso céntrico, sino en las afueras de Belén, en un pesebre, entre burros, vacas y ovejas sin pretensiones de pedigree. Pero además había ángeles y estrellas.
¿Quién aunque tenga todo el dinero del planeta puede darse el lujo de ver nacer a su hijo entre ángeles y estrellas?
Nunca, por más que nos empeñemos en gastar lo que no podemos, podrán superar el verdadero sentido de la Navidad. Por eso, cuando brindes esta noche con los seres que ames, y compartas la mesa y el pan y lo que hayas preparado, será el tiempo de la reconciliación, del olvido de rencillas pasadas, ni en pensar porqué Magdalena trajo más ensalada de frutas que Pedro. No hay lugar en la mesa para trivialidades de ese tipo esta noche. La idea de cada Navidad, repetida hace dos mil diez años es sí, insistimos, compartir con los demás el milagro y el sentirse parte de un encuentro de gente que cuando den las doce pensarán que están festejando un nuevo cumpleaños de Jesús. Nada menos que eso.
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