Y los reglamentos ¿dónde están?
Señor Director:
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email A propósito del reciente trágico choque de trenes en cercanías de la estación San Miguel (Gran Buenos Aires), recordaba comentarios de mi padre, que fue empleado de la ex empresa inglesa, acerca de lo estricto que era el cumplimiento de los reglamentos respecto a la seguridad en la marcha de los trenes (el famoso librito de tapas negras).
Por ejemplo, decía que todo maquinista al dejar el servicio debía informar sobre el estado y funcionamiento de su locomotora, quedando registrado en el libro de novedades, de manera que el maquinista que volvía a salir con la misma locomotora, si no estaba satisfecho con las reparaciones efectuadas, terminantemente no salía con el tren.
Como una anécdota risueña referente a la disciplina imperante, recordaba que un maquinista de Tandil, para anunciar a su familia el regreso a casa, aproximándose a destino hacía sonar el silbato en una forma distinta a la reglamentaria, de lo que se hizo pasible a una amonestación, cosa que los ferroviarios de antes la consideraban una mancha en su legajo personal. Creo que la notificación de la empresa al maquinista se encuentra guardada en el Museo del Ferrocarril (Alem y Del Valle).
Con el traspaso de la empresa inglesa al estado nacional en 1948, lamentablemente comienza un proceso decadente en los servicios, debido a la penetración de la política partidaria, al que no fue ajeno el comportamiento gremial, con abusos desmedidos en los reclamos trayendo aparejado un relajamiento disciplinario muy pernicioso.
El exceso de personal, altos funcionarios inexpertos en la materia, con criterio comercial que no advertía el crecimiento de la competencia automotor, poniéndose a tono con la modernización de países avanzados, y sin vocación para que de alguna manera se pudiera salvar la empresa estatal, no hubo más remedio que clausurar ramales rentablemente improductivo, situación a la que fuimos llegando a la actualidad.
Me parece justo rescatar el espíritu de trabajo, capacidad y amor al ferrocarril, de muchísimos ferroviarios: funcionarios, jefes y empleados, que tuve la oportunidad de conocer en 43 años de servicio quienes, con su sacrificio lograron mantener en pie a la empresa hasta que fue ?entregada? en concesión a diversas firmas de la actividad privada.
Cuando en el país se designen funcionarios de carrera, con límpida trayectoria, cualquiera sea su color político, ése será el momento de empezar a corregir los errores cometidos.
Ismael Alfredo Fuentes
L. E. 5.355.846
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios