¿Y si no aparecía?
Señor Director:
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUno nunca está preparado para ser padre y para los acontecimientos que suceden a lo largo de la vida de nuestros hijos. Va aprendiendo con ellos y de ellos. Cometiendo errores y aciertos, no obstante en el fondo de nuestro corazón ?tal vez equivocadamente- tenemos algunas certezas.
?Mi hija nunca robaría?. Esa es una afirmación dentro de otras tantas que podría asegurar y poner las manos en el fuego sin miedo a quemarme.
No obstante la vida no deja de sorprendernos. Y anoche, llegando a casa, después de guardar el auto y entrar con las bolsas a la cocina escucho el timbre, abro y ahí estaban en la puerta, a las 9 de la noche, dos mujeres que nunca había visto en mi vida, anunciado que venían del instituto de inglés de donde minutos antes había recogido a mi hija. Las hice pasar (una era la madre de una alumna, la otra la directora del instituto) y ahí nomás me comentan de bastante mala manera, que a la nena, compañera de inglés de mi hija de 14 años, le habían robado el celular del saco y que solamente mi hija y su amiga se sentaban atrás y bueno? 2 + 2 es cuatro: o mi hija o la otra nena lo habían tomado prestado.
Las hice pasar y les comenté que recién llegaba a casa y que como podían ver, estaban las camperas en el sillón y las bolsas, las carteras, todo a mano, que yo sabía perfectamente quién era mi hija, pero que lo averiguáramos juntas, llamé a mi hija delante de ellas y le pedí su cartera y campera. Les pedí que revisen las cosas, lo que dio un resultado negativo.
La situación era de por sí bastante incómoda y la verdad que hasta ese momento me sentí bastante mal por su actitud y prepotencia, pero como estaba tranquila y las cosas ya habían sido revisadas supuse que el asunto quedaba ahí. Pero no quedó.
Entre las dos ?señoras? siguieron con la acusación hacia mi hija (porque aseguraban que ya habían hablado con el otro padre por teléfono y éste les dijo que su hija no tenía nada encima), le hablaban de mal modo pidiéndole que si había sido que lo diga, o que pasado unos días lo devuelva o que si era un chiste ya era suficiente o si ella sabía que la culpable había sido la amiguita que la descubra, que tampoco encubrir estaba bien. A esta altura las lágrimas de mi hija rebalsaban sus ojos y explicaba una y otra vez que no, que ella no había sido y que la otra nena tampoco, y que tampoco había visto nada.
Entonces la madre de la criatura ?damnificada? nos pidió que la comprendiéramos, pero ella estaba desesperada y que el celular era el medio para estar comunicada con su hija, que no era por el valor en sí, sino por lo que significaba y que ?ella conocía el mal comportamiento en clases de ellas dos (mi hija y su amiga) y que esa misma noche habían tirado la cáscara de unas pipas arriba del calefactor (acotaba la directora) y otras tantas cosas que ella sabía (decía la madre) pero mejor que me las dijeran en el instituto?.
Mi hija le explicó a la directora que siempre comen pipas y las tiran a un cesto de basura, y que ella jamás había tirado nada a un calefactor. A lo que la ?señora? del instituto la increpaba diciendo ?si miente en eso, como no va mentir que se robó un celular? y remataba comentando ?bueno, a lo mejor lo robaste sin querer y mañana o pasado lo devolvés?. Mi hija le decía que ?eso no se hace sin querer, sacar algo de un bolsillo, que eso era robar y ella no había sido ni había visto nada?
A esa altura me salí de mis casillas. Porque la verdad es que no sé si mi hija revoleó una pipa arriba de un calefactor, aunque ella asegure que no lo hizo. No sé si el mal comportamiento (que no supieron explicarme ninguna de las dos, más que un ?habla mucho en clases?) puede ser tal, que jamás me hayan llamado a una reunión o anotado alguna observación en el boletín. No son cosas por las que pondría las manos en el fuego? pero de charlatana a ladrona? hay una diferencia bastante significativa. Y eso les hice saber y les pedí que el día que supieran quién fue o si aparecía el maldito celular vinieran con el mismo ímpetu a pedir disculpas a mi hija, que a esa altura estaba paralizada a mis espaldas.
Este verano le robaron el celular a mi hija de un baño y fui a averiguar a la pileta si las personas que lo limpiaban eran de confianza y la verdad, aunque nunca apareció, nunca acusé a nadie porque realmente no tenía manera de saber quién lo podía haber robado.
Sé lo que se siente cuando a un hijo le sacan algo que con mucho esfuerzo uno compra y además, como decía la mamá de esta nena, tener el problema de quedar unos días incomunicados en situaciones donde parece inimaginable poder manejarnos de otra manera ?mamá llegué bien?, ?mamá terminé, vení a buscarme? etc.
Entiendo la bronca, la frustración, la impotencia; soy mamá y entiendo. Lo que no puedo comprender es como sin tener la certeza de lo sucedido pueden acusar a una nena de semejante cosa, en su propia casa, con caras que hasta a mí me infundían miedo y a pesar de haber visto que no estaba el telefonito seguir acusando ?porque hablan mucho en clases y tiraron una pipa en el calefactor? por ende ella o su amiga eran las culpables.
Agradezco en algún sentido que la conversación se extendiera, porque gracias a eso escuché el llamado de la nena hacia su madre, donde le explicaba que se había equivocado y el buscado aparato había aparecido. No sé dónde estaba, no sé cómo apareció, no tengo idea en qué bolsillo lo tenía guardado. Solamente escuché el llanto contenido de mi hija que subió a descargar su bronca y sus lágrimas con la almohada y las palabras de la madre que decían `bueno, disculpame, entendeme.. llamá a tu hija que le pido perdón` (obviamente mi hija no quiso ni escuchar las disculpas pero espero que semejante acto de rebeldía no sea motivo para acusarla de asesina una próxima vez)
No señora, no entiendo y menos la entiendo a usted ?Directora? de un conocido instituto de inglés de la calle Belgrano al 700. Vino a mi casa con una certeza porque tenía entre su alumnado a una nena que ?si bien su boletín no indicaba indisciplina y tiene muy buenas notas- charla en clases con una amiga y come pipas (cosa que aclaremos les tienen permitido), por ende (y porque se sienta detrás de la nena ?robada?) era chorra o encubridora.
No entiendo porqué sigo insistiendo en que los niños deben respetar a sus docentes, a sus mayores, a sus ancianos y aunque no siempre lo logre, (porque de todo no tengo certezas) les pido a mis hijas que sean educadas, que saluden al llegar y al irse, que sepan escuchar, que un adulto al frente de un aula, un profesor al mando de un equipo merecen el mayor de los respetos y aunque estén en desacuerdo tienen que aprender a escuchar y aceptar. Que den su punto de vista siempre de buena manera, que digan su posición pero no olvidándose del lugar que ocupan. La verdad es que hoy me encuentro confundida.
No sé si tengo que retar a mi hija por no querer bajar de su cama a aceptar las disculpas (de la madre, que fue quien las ofreció) o si tengo que obligarla a volver al instituto (porque la directora pedirá las disculpas junto con la nena distraída en clase) ¿sería mala educación no escuchar a un adulto que quiere hablarle?
Mi hija se fue a dormir bastante angustiada, aunque por suerte se dio cuenta que su mamá tiene algunas certezas sobre su persona. Lloró muchísimo, no quiso comer y no pudo conciliar el sueño fácilmente debido al dolor de panza y de cabeza con que quedó. Obviamente no quiere volver a ir al instituto de inglés. Mi hija más pequeña que vio y escuchó todo, ceno sola esta noche, mascullando su bronca e intentando calmar a su hermana.
Mañana será otro día.
Mientras se calmaban los llamados de mi mamá, de mi papá (los abuelos), de mi hermana, de una amiga con la que me descargué y la bronca pasaba a segundo plano, mientras repasaba lo dicho y lo hecho, lo aprendido y lo enseñado, no podía parar de preguntarme una cosa ¿y si el celular no aparecía?
DNI 23.209.448
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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