Y vos, ¿con quién la pasás?
Es la pregunta que se escucha en estos días en las verdulerías, inmobiliarias, tiendas, kioscos de diarios y revistas, cafés, lugares de trabajo y hasta hoteles alojamiento, entre otros.
Y no es algo trivial, es re importante la pregunta porque de la respuesta depende también cómo se sienta el preguntador: más o menos triste, miserable, dejado de lado, acompañado, tenido en cuenta, feliz, etc.
Y al respecto tengo varias anécdotas que pintan el sentido (o contrasentido) que les damos a las fiestas.
La primera coincidió con mi necesidad de hacer pilates de modo menos sofocante, así que entré a un local en mi barrio de venta de prendas deportivas. ?Buenas?, dije, pero como nadie me contestó comencé a buscar lo que quería. La empleada que no me saludó porque estaba hablando por teléfono a los gritos permitió que escuchara lo siguiente: ?No tiene cara. Una cosa es que la invitemos a pasarla con nosotros y otra que ella de puro metida, porque le gusta Bernardo, quiera ir a casa. No, así no?.
Sin saludar y sin comprar nada salí del negocio pensando cuántas veces había escuchado esa misma frase en la semana: cientos. Hasta yo la había formulado.
También fui testigo haciendo fila para pagar en el súper de las confesiones de un atribulado hombre a su amigo cajero: ?Imaginate, separado, con hijos, mi viejos lejos, mi ex cerca y mi nueva pareja a 300 km. ¿Qué te parece que haga? Además tenés que pensar en el laburo y no te podés dividir, encima este año me toca hacer de Papá Noel??. El acongojado hombre terminó su confesión mientras le acercaba al cajero, que había entrado en una crisis de angustia, un pañuelo de papel para que se secara el mar de lágrimas.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEsta época del almanaque tiene una significación muy especial: ?La de engancharse con las fechas?, dice mi psicólogo, cosa que no hay que hacer, entonces lo que trato es de vivirlas como lo que son y con el verdadero significado que tienen. Aunque a veces es imposible. Sin embargo, este año tomé una decisión que deseaba llevar a la práctica desde hace mucho tiempo: quedarme en casa y, desde mi privilegiado pent house, disfrutar de los fuegos artificiales de Lunghi con un menú frío preparado (¡bah!, comprado) y dispuesto todo en la mesa ?desde la entrada al postre- para no tener que levantarme de la mesa una vez todos sentados. Pero no pudo ser. Mi hermana me anunció que cambió de idea y también quiere quedarse en su casa y como tengo el si fácil le dije ?bueno?, y chau a los fuegos artificiales y hola a la canasta con el arrollado de fiambre, la ensalada, el pollo, la ensalada de frutas y el helado, las bebidas y todas esas cosas que se comen al final cuando uno está a punto de tener un cólico hepático.
Y vos, ¿con quién la pasás?, le preguntó ayer una amiga a otra mientras compraban helados: ?En lo de mi suegra, que ni me puede ver, pero como quiere que ´su hijito´ esté con ella, también voy yo. En mi casa somos más y la pasamos ?de pelos??, dijo muy al estilo de Bart Simpson. Después de escuchar ese ?quiere que su hijito la pase con ella?, pensé en mi hijo y su novia y me corrió un escalofrío por la espalda: ¿llegará el momento en que ella hablé así de mí?? o lo que es peor: ¿lo estará haciendo en este momento?
En fin, con todas estas situaciones descriptas, queramos o no vamos camino a Navidad y Año Nuevo, a las repercusiones anímicas que nos dejan los balances de logros y frustraciones que no sé porqué hay que hacer y a los padecimientos físicos como: un alto nivel de colesterol, triglicéridos, hipertensión, coma alcohólico o hepático o, como poco, tres kilos de más.
Así y todo, como decía, vamos camino a Navidad y Año Nuevo, por lo tanto aceptemos con madurez las cenas con los vínculos que nos toquen, pensando que el año que llega también nos dará la oportunidad de negarnos a ser partícipes de reuniones que no nos gratifiquen e intentar cumplir con lo que realmente queremos hacer.
¡Vamos, que podemos!
¿O no?
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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