Ya fue
Por Marcos Gonzalez
(marcosggonza@gmail.com)
Parece que para fines de septiembre estará lista la primera etapa de lo que se ha dado en llamar Centro Comercial a Cielo Abierto.
A esta altura lo deben estar implorando los comerciantes de 9 de Julio entre Pinto y San Martín, tras meses de obra, que dicho así no parece nada, pero en los hechos significó ruidos, escombro, roturas, máquinas, barro, trastornos para la carga y la descarga, empalizadas y, sobre todo, merma en las ventas.
Ayer pasé por el lugar y comprobé que lo peor quedó atrás y se vislumbra cómo va a quedar la cuadra.
Me quedé un rato mirando a los obreros encargados de colocar los adoquines, ubicados en el centro de la calle, que será más angosta.
Prolijitos, en hileras equidistantes y paralelas, ya no conservan esa formación abovedada que permitía que el agua escurriera hacia el cordón.
En definitiva, están colocados como un símbolo, como recuerdo, como muestra a futuro de que alguna vez allí hubo adoquinado.
Recién ahí tomé dimensión de que el centro tal cual lo conocemos pasará a formar parte de una postal del pasado.
‘Esto es el progreso’, me dije y recordé que a propósito de este tema, Elías El Hage tenía algo escrito. El artículo se refería a la resistencia al cambio, que no sé si es patrimonio exclusivo tandilense, pero que está bastante arraigado en nuestra idiosincrasia.
Contaba Elías que el primer intendente que tuvo el pueblo, Pedro Duffau, sufrió en carne propia el asunto. Corrían los mediados del mil ochocientos ochenta y se le ocurrió lanzar un plan para adoquinar las principales cuadras del pueblo.
A manera de respuesta, recibió una andanada de críticas por parte de los propios vecinos beneficiados (?) por la obra, que preferían seguir disfrutando de la tranquilidad de sus calles de tierra.
Duffau no se amilanó y le metió para adelante. Tan mal no le fue, al menos en términos electorales, ya que la mayoría de los cinco mil tandilenses de entonces lo reeligieron para un nuevo período. Al final de su mandato, había adoquinado cuarenta cuadras.
Me volví pensando en este tema del progreso y sus contradicciones. Esos adoquines, nacidos bajo el influjo del avance y la modernidad, permanecieron allí por más de un siglo, hasta que estos nuevos tiempos los condenaron a una presencia testimonial, mezcla de reciclado estético y muestra gratis turística.
De lo que casi estoy seguro es de que en esta época de lo descartable, lo efímero y lo fugaz, en poco tiempo más los baldosones grises y blancos, las luminarias, los canteros, los bancos, la estética misma del Centro Comercial a Cielo Abierto va a pasar de moda.
Será el progreso entonces, el encargado de levantar todo nuevamente y colocar vaya a saber qué nuevas modernidades.
¿Y los adoquines?
-Ya fue.
-Ya fueron, en todo caso.
-No, ya fue…
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