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A pesar de los esfuerzos de dueños, docentes y padres, una guardería de niños debió cerrar sus puertas

Se trata de Luna de Canela, la institución que fue creada para absorber la demanda de las familias del Procrear y Villa Italia. Tenía apenas un año pero una matrícula de 35 chicos y lista de espera. Fue el sueño de una familia que apostó con sus ahorros y no creen poder volver a hacerlo. El respaldo de las mamás y papás, que lamentan el fin de ese sitio que era como la casa de sus hijos.

Rody Becchi

Ángela Castro y su familia abrieron hace apenas un año la guardería “Luna de Canela”, en el corazón de Villa Italia, sin embargo, con gran tristeza y desesperanza debieron poner fin a ese gran sueño por no poder afrontar la situación económica a la que los arrastró la pandemia, a pesar de contar con una buena matrícula de niños.

Como muchas otras instituciones y jardines maternales, este sitio resistió todo el tiempo que pudo a la falta de ingresos, tratando de pagar los sueldos y a puertas cerradas, pero ya no dio para más.

“Empezamos con muchas ganas y se había armado un equipo muy bueno”, contó el “alma matter” de la guardería. Ángela contó que Luna de Canela buscaba crear un espacio para el barrio, porque faltan jardines en todos lados, y tenían como horizonte llegar a ser un maternal, para convertirse luego en jardín de infantes.

Si todo seguía su curso normal, ese objetivo iba a poder alcanzarse este año, pero las complicaciones a raíz del coronavirus hicieron que no puedan sostenerse abiertos. “Es un servicio lo que nosotros brindamos y las familias lo necesitaban, pero con todo esto no pudimos seguir manteniéndolo”, indicó.

A la altura de Quintana al 551, el portón blanco con una mandala en naranja y celeste daba paso a un lugar que alquilaban para que los chicos se sintieran protegidos, contentos y sus padres tranquilos. El espacio era alquilado y entre ayer y hoy devolvían las llaves al dueño.

Sueños e ilusiones que ya no serán

En febrero de 2019 empezaron con ocho niños, la aceptación de la comunidad de Villa Italia los fue tomando por sorpresa y ya para el inicio de este año contaban con una matrícula de 35 familias, con lista de espera para el turno tarde que estaba pronto a abrir.

Era un proyecto familiar al que Ángela Castro, su pareja y sus tres hijos, lograron con los ahorros de varios años dar vida. “Había mucha ilusión”, sostuvo, destacando el apoyo del entorno y de todos los que tenían ganas de que hubiera otra alternativa para sus hijos.

“Acá siempre miramos al otro como alguien con potencial para la vida, igualmente creo que fue un proceso que fuimos asimilando hasta tomar la decisión”, añadió, quien también es maestra.

A partir de este mes empezaron a avisar a las familias que no continuarían y a buscar lazos con otros establecimientos que los pudieran recibir. “Ya son seis meses y no podían seguir aguantando la matrícula, obviamente hicimos descuentos y estuvimos siempre acompañándolos, más allá de que para los docentes era su trabajo”, contó.

Con mucha entereza contó que este fue un sueño que empezó muy fuerte, con muchas expectativas, ganas, compromiso y respeto hacia el trabajo del otro.  “La verdad es que ahora no se si lo vamos a poder llevar a cabo otra vez, porque no tenemos un patrimonio para afrontarlo”, confesó.

Los sueños quedaron truncos, no solo para los dueños sino también para los maestros y esos padres que con expectativas y dedicación habían elegido el sitio ideal para dejar a sus hijos de entre 10 meses y tres años.

El vínculo con el equipo y los padres

La propietaria reveló que tenían cinco docentes estables en diferentes horarios, más personal de distintas áreas y auxiliares, como contador, abogado y todo lo que respecta a una institución. “Todos ellos quedaron sin trabajo, sin ninguna respuesta de nada”, lamentó.

Si bien al comienzo de la pandemia mantuvieron conversaciones con el Municipio, no encontró respuesta y concibió que lo que tiene que ver con lo educativo “queda en la nada”, además comprendió que desde el Estado también están trabajando en muchas otras cosas.

Al no tratarse de educación formal ni abarcar una edad obligatoria explicó que quedaron “medios aislados” junto a los jardines maternales, considerando que esto también resulta complejo al momento de explicarles a las familias que tienen que seguir pagando, ya que para ella es como “ponerlos entre la espada y la pared”.

“No está bueno exigirle que siga abonando la cuota a alguien que por ahí tampoco la está pasando  bien, pero tampoco decirle a un docente que no se le puede pagar un sueldo”, planteó.

De todas formas, resaltó el apoyo que recibió por parte de las mamás y papás, con quienes habían creado un vínculo muy fuerte, de hecho confesó que anunciarles de la decisión fue lo más difícil. Allí todos opinaban y tomaban decisiones sobre la educación de los chicos y este año tenían el proyecto de armar un consejo donde justamente las familias sean parte de la formación.

En este sentido, además lamentó tener que hacerlo mediante plataformas virtuales, sin poder dar las palabras cara a cara, e imposibilitados de abrazarse. “No pudimos darle el cierre que ellos y sobre todo los niños se merecen”, sostuvo.

Una despedida con sabor amargo

María de la Paz Arroyo es solo una de las “madres de la guardería”, eligió minuciosamente junto a su pareja y hasta abuelos el lugar donde dejaría a su primer hijo, Simón, de un año y medio. Con mucha tristeza escribió unas palabras de despedida que quiso compartir.

Ella se pudo organizar con el cuidado del pequeño, sin embargo, no todos seguramente tengan la misma posibilidad y lamentó que se hayan quedado sin “Luna de Canela”, ese lugar que era como su casa.

“Una despedida con sabor amargo”, tituló la nota: “Allá por el 2019 nuestro intendente Miguel Lunghi notaba la necesidad de un jardín maternal en las proximidades del barrio Procrear. A un año de esa importante observación nos encontramos despidiéndonos del único espacio que nos abrió sus puertas con increíbles propuestas educativas y de cuidado para nuestros bebés. Si bien aún no contaba con el aval de Dipregep (Dirección de Educación de Gestión Privada), mantenía una habilitación Municipal. Veinte días atrás las docentes y coordinadoras de la institución informaron a las familias que seguíamos apoyando en este difícil momento, qué Luna de Canela cerraba sus puertas.

Con esta noticia se apagaba también nuestra sensación de seguridad para que nuestros hijos continúen creciendo en un espacio lleno de oportunidades, seguros, cuidados y motivados a aprender del mundo que los rodea, intercambiando con sus compañeros y docentes.

Hoy vemos que en el espacio del barrio Procrear y Villa Italia quedan pocas opciones, debemos aguardar a un incierto futuro relacionado a sorteos o decisiones institucionales, por lo tanto debemos aguardar hasta último momento y no es nuestra intención que nuestros hijos estén ‘en donde le den una vacante’. Queremos que estén donde realmente se sientan felices y desarrollen todas sus potencialidades. Sin ir más lejos integrar las realidades familiares de hoy en día donde mamá y papá trabajan y por algunas horas quedan a cargo de alguien más.

Hablo hoy desde mi humilde lugar, sé que hay familias que venían de más lejos buscando ese espacio de felicidad y aprendizaje, sé que no fuimos los únicos en elegir Luna de Canela porque cada vez éramos más, porque hay espacios que se hacen notar por su calidez humana, algo tan necesario en el cuidado y enseñanza en bebés y niños.

Se veía un futuro prometedor y muchas familias pese al decreto de aislamiento queríamos que nuestros hijos siguieran escribiendo historia en Luna de Canela. Sabemos que la situación no es sencilla e hicimos todo lo posible como familias e integrantes de la institución para poder salir adelante, pero ni todo nuestro esfuerzo durante estos largos meses fue suficiente, entonces hoy llevamos nuestra preocupación a lo público.

Queremos un 2021 con Luna de Canela, con sus seños, sus canciones, sus títeres, su magia. ¿Será eso posible?”, concluyó.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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