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Adorable puente se ha creado entre los dos: el trabajo de los payamédicos en el Hospital de Niños

El grupo de Payamédicos Tandil interviene voluntariamente en los hospitales públicos locales con el afán de producir una interacción con los pacientes que les devuelva la subjetividad y contribuya al proceso de sanación. Una historia de amor por los demás que renueva la fe en la generosidad de aquellas personas que en la vida nos rescatan aunque sea un instante.

Mariano Leunda

La Asociación Civil Payamédicos es una ONG con presencia  en todo el país que surgió en 2005 de la mano del médico psiquiatra y cirujano José Pelucci. Junto a  la psicóloga Andrea Romero trabajaban juntos en una guardia y empezaron a ver que la gente en la sala de espera necesitaba distenderse. Entonces arrancaron a probar diferentes sketchs para  cambiar el clima de ansiedad que sobrevuela en esos espacios.

Y funcionó. Tanto, que diseñaron un dispositivo de intervención con los pacientes, apartado de  la lógica de ir a entretener y pensado para  interactuar con la persona internada, de alguna forma un “padeciente” porque debe soportar que lo inyecten, lo revisen, lo toquen o lo abran sin poder objetar nada.

Entre los beneficios del contacto paciente-payamédicos se encuentran la mejora del nivel funcional gracias al aumento de las endorfinas que favorecen los procesos de cicatrización; mejor actitud ante los médicos; y la generación de un clima de bienestar que quita el peso del stress por la invasión del medio hospitalario en la vida cotidiana.

Quien hace este pequeño resumen de la historia de los payamédicos en Argentina es Laura Metilli, actriz, docente e impulsora de este grupo que lleva casi diez años poblando de color y alegría los pasillos del Hospital de Niños Debilio Blanco Villegas y del Hospital Municipal Ramón Santamarina. Pero no está sola, son alrededor de 10 personas que voluntariamente se prestaron a esta tarea y cada 15 días le ponen el cuerpo a esta forma de entender a los pacientes, no como sujetos pasivos sino como agentes activos capaces de recuperar su identidad y subjetividad a partir de la producción que se genera en la interacción.

Usa el amor como un puente

Cuando recorre los pasillos y habitaciones del Hospital infantil Laura no es Laura, es la Dra. Flor. Y no está sola. La Dra. Dorys y el Dr. Turu hacen de las suyas con ella.

El Eco de Tandil los acompañó en una intervención para conocer de cerca el fascinante universo que se abre cuando se empieza a mirar al otro con amor en uno de los contextos más adversos para cualquier persona.

Los largos pasillos de la sala de primera y segunda infancia están vacíos y el silencio reina. Adentro está calentito y todo es blanco. Inmaculado. Sólo interrumpido por algún ambo azul o verde del personal que allí trabaja.

Flor y Turu se lavan las manos después de hacer una intervención y  se aprestan a ingresar a otra habitación. Sus colores estridentes desentonan, enhorabuena, con la sensación de pulcritud que impera en el ámbito hospitalario.

Van al cuarto de una preadolescente que se encuentra con una amiga de su edad que le hace compañía. Enseguida entran en el juego que se proponen mutuamente. Poco después se suma Dorys. Bailan, dibujan, se dejan llevar por la energía que fluye a raudales.

Afuera, otro paciente que lleva un tiempo hospitalizado deambula a pura simpatía por la sala mostrando su peinado y desafía a los payamédicos a correr una carrera mientras la tarde invernal cae a través de los ventanales gigantes que dan sobre la calle Alem.

La recorrida sigue por la sala de lactantes, bebés que se hallan internados junto a sus mamás. La sensibilidad a flor de piel. Las mujeres saludan con alegría a estos doctores que inyectan una sobredosis de buen humor a su paso. En una habitación los globos señalan que allí hay un festejo. Emma cumple su primer año de vida y está con sus papás cuando recibe la inesperada visita. El feliz cumpleaños y una melodía de cajita musical logran que la niña sonría y salude con su manito.

Gracias por venir

Esto es apena un esbozo del inmenso trabajo que los payamédicos de Tandil llevan adelante en las instituciones hospitalarias públicas de la ciudad. En la sala de reuniones, Flor vuelve a ser Laura. Dorys es en realidad Maite Luberriaga y Turu se llama Jorge Gulino. Cuando intervienen, la máscara que les proporciona el clown los separa y protege del resto del mundo.

Todo esto empezó cuando desde la ONG nacional se iniciaron las capacitaciones, y a Laura y un grupo de personas se les ocurrió empezar a indagar para canalizar la propuesta a nivel local.

“Nos juntamos y durante muchos años  proyectamos hasta que conectamos con la ONG de Buenos Aires y vinieron a capacitarnos”, contó Metilli. El Hospital de Niños fue el primer lugar donde desembarcaron y luego se acercaron también al Hospital Santamarina.

Para poder intervenir debe realizarse un curso en etapas, que suelen ser intensivos, con una cursada semanal durante tres meses. La formación tiene tres  aristas: adaptación al medio hospitalario; psicología del paciente; y  una tercera arista enfocada en el clown, que es la herramienta básica para intervenir. Es importante destacar que se desarrollan instancias de este tipo todos los años para sumar más personas al proyecto. Toda la información puede rastrearse en la página de Facebook Payamédicos Tandil.

El proceso de trabajo

Por distintos caminos llegaron Jorge y Maite hace cinco años al curso dictado por Jorge Montagna, el formador que dirige las capacitaciones.

“Entre los que iniciamos el proyecto estaban también Yanina López, que se dedicó a capacitar muchos años y Guillermo Dillon, profesor de la Facultad de Arte, psicólogo y músico que hizo  una formación específica para abordar el análisis de la tarea”, reseñaron.

Dentro de este esquema, el profesional elaboró una “payagrafía” que es el seguimiento de lo que pasa, a través del “payacta” que es un registro formal de las intervenciones que se hacen. Además, realizan un balance interno para elaborar las capturas. “A veces hay momentos lindos y tiernos, y a veces hay situaciones  duras,  hace un mes falleció una nena durante una intervención, no en la habitación pero sí en el mismo piso. Tenemos un psicólogo que nos acompaña en cuestiones más fuertes”, explicó Laura.

Ante este episodio, el grupo debió trabajar con una especie de duelo por el ambiente que se generó. Entonces lo charlan, analizan lo que pasó y lo reelaboran para que no persistan esas capturas que les puedan llegar a producir resistencias.

Brilla en la oscuridad

Aparte de prepararse emocionalmente, antes de ingresar a una sala los payamédicos acceden a un pase, que es la información de quienes están internados, la edad y el diagnóstico.  En ocasiones reciben pases telefónicos que les aporta algún otro dato de interés que no se refleja en el papel y puede servir para abordar al paciente. “Es importante saber cuál es el diagnóstico para tener precauciones”, detallaron.

Ellos manejan  un tipo de clown inocente, sin doble sentido, no de payaso bufón, sino de un personaje que es pícaro pero hasta ahí nomás y busca el bien.

“En el entrenamiento vemos los tipos de estrategias  y salidas a un montón de cuestiones. No hablamos de comida, no traemos algo ensayado, queremos que el paciente nos diga qué es lo que quiere y jamás hacemos referencia a la enfermedad, nunca le vamos a preguntar quién es, ni qué le pasa. No trabajamos con la falta sino con lo que el paciente dispone, con lo que hay”, relataron.

Entre ellos siempre trabajan de a dos o más y tienen como premisa nunca entrar a efectuar una intervención en solitario sino que siempre lo hacen con el compañero. Sus miradas ya se conocen. Se reconocen. Se rescatan. Se ayudan. Se acompañan en el juego y en el proceso. “Todos necesitamos de otro”, resumen.

“Hay algo en el aire, un detalle infinito

En el devenir puede haber resistencias por parte de los pacientes porque no todos responden de la misma manera al percibir su presencia. Pero si logran revertir la situación la sensación de gratificación es impagable.

“Nos han tocado intervenciones de mirarnos y no saber qué hacer y a los dos minutos ver cómo el paciente  se enganchó y se unió toda la familia. Es increíble lo que flota en el aire”, aseguró Jorge, quien refirió que se abocó a esta tarea porque necesitaba entregar algo de sí. Pero lo que se lleva es aún mayor.

“Desde que hice el curso me cambió la vida, es increíble lo que a mí me pasa, cada uno puede tener sus problemas pero llego acá y me cambia la vida, me voy más feliz de lo que vine. Lo que ves en sus caras es impagable”, exhibe con profunda y genuina emoción Jorge, quien trabaja de algo que no tiene nada que ver con esto pero le pone el alma al teatro y el clown.

“Lo básico es el amor y mirar al otro y que otro te mire, encontrar esas miradas distintas, ese momento donde rompes con la rutina y lo que pasa,  con lo que implica estar acá porque para los chicos y sus familias no deja de ser algo feo”, resuena en la voz de Maite, psicopedagoga de profesión.

Sacudir las más sólidas tristezas

Juli era una nena que permaneció ingresada en terapia intensiva del Hospital Debilio Blanco Villegas  durante un periodo. La entonces directora del nosocomio Marta Brea, habilitó el ingreso a terapia de los “payas” porque la pequeña tenía muchas dificultades y sólo se comunicaba con la mirada.

Entonces el grupo se puso de acuerdo para escribirle un cuento, su cuento, porque ella disfrutaba de las historias. En una maratónica jornada que les consumió desde las 9 hasta las 20, confeccionaron un libro gigante con dibujos, colores, papeles, brillos y una historia que crearon especialmente para ella. El libro fue colgado frente a la cama de la niña para que pudieran apreciarlo en todo su esplendor.

Luego se enteraron de que la niña atesoraba el libro en su casa junto a una foto del grupo de payamédicos. Tiempo después, Juli falleció. Sobran las palabras, pero pueden ir bien las del cantautor uruguayo Jorge Drexler: “Supe que de algún lejano rincón, de otra galaxia, el amor que me darías transformado volvería un día a darte las gracias”.

El acompañamiento de la legislación

La ley provincial 14.726 sancionada en 2015 tiene por objeto incorporar al Sistema de Salud de la Provincia de Buenos Aires la labor del Payaso de Hospital. En el texto, la normativa establece que se entenderá por Payaso de Hospital aquella persona especialista en el arte de clown que de acuerdo a la autoridad de aplicación reúna las condiciones y requisitos para el desarrollo de su tarea en los Hospitales Públicos Provinciales y/o Municipales de la Provincia e indica que cada servicio de Terapia Pediátrica deberá contar con un servicio de especialistas en el arte de clown o payasos hospitalarios. Además arbitra los medios para que la autoridad de aplicación determine los requisitos y condiciones de los especialistas del arte del clown para el desarrollo de sus tareas, así como la categorización de los Hospitales Públicos Provinciales y/o Municipales en los que se los requiera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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