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Al cumplirse un año del hecho, la madre del niño baleado pide por justicia

Ayer se cumplió un año de que Raúl Giménez, un niño de 10 años, recibiera un disparo y perdió la visión completa de su ojo izquierdo y parte de la del derecho. Verónica Roquet, su madre, contó en dialogó con El Eco de Tandil cómo está hoy el chico.

Verónica Roquet, madre del niño baleado

Rody Becchi

El 14 de julio de 2018, hace exactamente un año, la vida de Raúl Giménez, un niño que entonces tenía tan solo nueve años, cambió para siempre: en una vivienda ubicada en Quintana 2045, una pelea entre dos familias vecinas tuvo un lamentable desenlace y él, que nada tenía que ver, fue quien pagó las consecuencias.

Una semana antes de aquel día, quienes vivían en esa dirección, de apellido Scafide, golpearon al padre de los hermanos Luis Miguel y Carlos Martínez. A modo de venganza, el sábado siguiente éstos decidieron amedrentar a sus vecinos con disparos efectuados con una escopeta. Lamentablemente, ese 14 de julio se encontraba casualmente en esa dirección Raúl, quien recibió perdigones de escopeta en su cara y, producto del impacto, perdió la visión completa de su ojo izquierdo y parte de la del derecho.

Ayer, a un año del hecho, los agresores continúan en libertad, el nene sigue sufriendo y sus padres claman por justicia.

El papá, Raúl Giménez, expresó oportunamente toda su bronca y su impotencia porque “le limitaron la vida” a su hijo y los responsables siguen libres. Ahora, Verónica Roquet, la madre,  detalló que lo que le genera más enojo es ver que el niño sigue sufriendo y que “no hay nadie que esté pagando por lo que le pasó”.

Raúl (hijo) cumplió los 10 años cuando le realizaban una complicada operación y hoy arrastra las consecuencias: el reflejo del sol le produce dolor de cabeza, los ojos se le llenan de agua y algunos puntos de la sutura emergen a la superficie y le molestan.

“Está bien, más allá de algún dolor de cabeza. Ahora se le están saliendo algunos puntos que le hicieron; se le sale la tanza y lo molesta. Le fastidia el parpado o le pincha, y eso por ahí le genera jaquecas.En la escuela, por ejemplo, lo blanco de la hoja le hace mal y a veces lo tengo que retirar porque le duele la cabeza y se pone fastidioso”, contó Roquet.

El padre había anticipado que una de las alternativas que se barajaban era extirparle el globo ocular para frenar con los intensos y recurrentes dolores de cabeza que presenta. Al respecto, su mamá contó que son consecuencias que pueden ir pasando pero que aún no hay ninguna certeza. Empero, destacó que “estamos evitando la decisión drástica de tener que sacarle el ojo y ponerle una prótesis porque tiene diez años nada más” y remarcó que “él ya entiende; a veces se enoja y dice ‘No quiero más esta ojo’”.

No obstante, el peligro por los golpes que pueda llegar a sufrir también es inminente, ya que “tiene el ojo inflado con silicona” porque, a los días del accidente, al no tener función “se le había empezado a arrugar”.

Roquet lamentó que su hijo “va a tener complicaciones siempre” y que cada visita al médico implica un gasto, pero agradeció al Hospital y a la ayuda social por los aportes que reciben para poder afrontar la situación económica. Conjuntamente, señaló que el Municipio estuvo presente y se hizo cargo tanto del costo de la operación como de las consultas posteriores.

“Ya no puede hacer una vida normal, lo limitaron”

Al igual que había señalado Raúl (padre), Verónica exclamó que su hijo ya no puede llevar adelante una vida “normal” o similar a la que tenía antes del trágico suceso.

Raúl Giménez, padre del niño

Además, contó que cuando escucha ruidos fuertes se acerca a ella corriendo y llorando, rememorando el ruido del impacto que recibió. “Por ejemplo, ahora que pasaron los aviones, él se ponía muy loco”, detalló.

Igualmente, señaló que el niño “es consciente de que esto lo limita para hacer muchas cosas”. De hecho, concurría a boxeo pero ya no podrá continuar haciéndolo.” Y siempre vive nervioso, como enojado. Entendemos la situación, pero contención de nosotros tiene siempre”, clamó la madre y agregó que ahora está yendo a rugby, “que es brusco, pero hay compañerismo y eso le ayuda”.

De todas formas la bronca por tener la visión limitada siempre está a la orden del día y el inocente niño de 10 años se reniega y se fastidia constantemente, por lo que sus padres deben motivarlo a continuar en el día a día. “Es todo así, lo incentivamos constantemente para que pueda hacer su vida normal. Él se siente mal, le parece que no va a llegar a ningún lado y que va a depender siempre sus padres”, narró la mamá.

“Los agresores se nos ríen en la cara”

Los hermanos Martínez, quienes dispararon con la escopeta, viven en el mismo barrio que Raúl y su familia, por lo que es recurrente que se crucen en las calles o en el almacén.

Es ese uno de los momentos de mayor impotencia de los padres del nene que deben observar cómo los hermanos se ríen en sus caras, le gritan cosas a su hija y les hacen señas emulando un arma.

“Él los veía y se hacía pis encima, era venir a cambiarse continuamente”, expuso Roquet y agregó que cuando ella los cruzó la miraban y se sonreían. Asimismo, sostuvo que “cuando pasa mi nena se burlan o le dicen cosas. Y te da una bronca terrible. Incluso a mi marido también le hacen señas como que le van a pegar un tiro” completó.

La impunidad con la que circulan Luis Miguel y Carlos Martínez es un hecho que no entienden los padres de Raúl, que encima remarcan que “no podemos hacer nada porque a nosotros ya nos dijeron que sí nos meten presos”.

No obstante, lo que más indignación les genera es la cuestión de que “nadie esté pagando por lo ocurrido” teniendo en cuenta que “el nene no se va a recuperar más”. En ese sentido, ejemplificó Roquet que su hija quiere inscribirse en el ejército pero que si Raúl quisiera hacerlo, no podría. “El ojo lo limita para algunas cosas. Hoy tiene 10 años y más que ir a la escuela y hacer algún deporte, no hace. Pero de grande va a estar limitado siempre”, enfatizó.

Miedo e inseguridad

Como suele suceder cuando ocurre un suceso trágico, donde el afectado queda con algunas secuelas que a veces son permanentes y en otros casos transitorias, al niño le quedaron ciertos miedos, aunque con el tiempo fue desprendiéndose de algunos.

Las primeras noches fueron las más críticas: despertaba gritando y llorando, y en varias oportunidades debía pasarse a la cama junto a sus padres. Afortunadamente, con el tiempo y de la mano de la contención que le brinda su familia, el cuadro fue mejorando y ya no sufre de episodios similares. Empero, aún se siente inseguro de noche, por lo que debe dormir con algunas luces tenues prendidas y el televisor encendido.

“Cuando está oscuro, no sale. Y por ejemplo, si está en lo de algún amiguito y se hace tarde, lo tienen que acompañar; o en casa, que la entrada es un pasillo largo, si abre la puerta y ve que no hay luz, se queda. Debe sentir la inseguridad de ver poco”, reconoció la madre.

Igualmente no es Raúl el único que presenta temores, sino que sus padres, lógicamente, también quedaron con algunos recelos. Y es que el niño aún tiene un perdigón alojado en el nervio óptico y, si bien les dijeron que no representa un riesgo, les aclararon que no pueden retirarlo porque sería eso más peligroso que esperar a que salga solo.

Por otra parte, Verónica expresó que uno de los mayores miedos que ella tiene es cuando Raúl anda en bicicleta: “Yo sé que él ve muy poco. Es un miedo que tengo, pero no le puedo impedir que lo haga. Lo tengo que dejar, porque yo no puedo estar para todos lados con él”.

Los responsables, en libertad

Tal como lo había expresado Raúl (padre), los agresores aún están en libertad y, según reveló, no irán presos puesto que “no tienen antecedentes penales”.

Además, la causa no está caratulada como intento de homicidio y ese es uno de los puntos que más indignación genera en sus padres: “Fue casual, no quiso matar a mi hijo. No es intento de homicidio si querés matar al de al lado…”, había ironizado el padre al respecto y añadió: “Si disparás a la cabeza y le pegás a otro por error, es intento de homicidio igual. Porque vos le tiraste a uno, aunque no le hayas pegado al que querías. No gatillás por error, no se te escapa el tiro. A 30 metros no impactás por error en la cabeza”.

Concordando con su marido, Verónica señaló que “dicen que no fue con la intención de herir al nene, pero si vos agarrás un arma se supone que es para lastimar a alguien, obviamente no es al niño, pero a alguien querías herir”.

Por otra parte, cargó contra la Justicia y aseguró no entenderla aduciendo que “si vos te robás una gallina, vas preso ¿Cómo puede ser que dispares y no pase nada? Algo se tiene que hacer. Pero la Justicia es así, no se entiende”.

De ahora en adelante

Mientras tanto, el chico debe continuar con controles médicos cada tres o cuatro meses. Igualmente, ante cualquier molestia que siente, su madre lo lleva al nosocomio donde lo atienden rápidamente.

“Siempre que lo llevo, tiene algo. No se queja porque sí”, esbozó la madre y agradeció al personal del Hospital Santamarina por la predisposición a la hora de realizarle los chequeos.

“La doctora me dijo que vaya cada tres o cuatro meses, pero nunca llegamos a tanto. Siempre pasa algo antes”, finalizó Roquet.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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