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Alumnos del Jardín 904 disfrutaron de una salida educativa desafiante y significativa

Los padres de un compañero invitaron a los chicos de la sala multiedad de 4 y 5 años a su casa para trepar en un muro de escalada. La experiencia resultó enriquecedora para los niños y el equipo docente. La directora Marina Riposo, la docente Martina Molina y el profesor Ariel Montiquín compartieron detalles de la actividad.

El Eco

Alumnos de la sala multiedad de 4 y 5 años del Jardín de Infantes 904 “José Emilio Lunghi” realizaron una salida educativa, en el marco de un proyecto de educación física en articulación con un trabajo sobre las emociones. Recibieron la invitación de los padres de Camilo, uno de los compañeros, para afrontar el desafío de un muro de escalada. Guadalupe Garriz y Joaquín Areta abrieron las puertas de su hogar para los 24 chicos y el equipo docente.

La directora Marina Riposo, la docente de la sala multiedad de 4 y 5 años Martina Molina y el profesor de educación física Ariel Montiquín le contaron a El Eco de Tandil detalles de esta gratificante experiencia.

En principio, la directora explicó que la visita se realizó en el marco del proyecto anual de educación física que llevan adelante tres profesores. “Dentro del ciclo lectivo van surgiendo distintas propuestas, tanto de las docentes, de los profes, y en articulación entre ellos”, indicó.

Y agregó que “en este caso, Ariel desarrollaba actividades propioceptivas y las docentes estamos trabajando en el marco de un proyecto de emociones que tiene que ver con una capacitación que estamos haciendo de Nación. En el cierre de proyectos, trabajan en articulación con sala multiedad de 4 y 5 años y sala de 5 años, junto con el profesor Ariel”.

Guadalupe Garriz y Joaquín Areta, papás de Camilo que es integrante de la sala multiedad del jardín, ofrecieron un espacio que crearon en su hogar para compartir con el grupo. “Su hijo es egresado del jardín, y nos invitan a participar de esa propuesta que hizo en su casa”, explicó la docente Martina Molina.

Se trata de un muro de escalada, que tiene cuatro paredes con diferentes dificultades, de acuerdo a la inclinación de cada módulo y al tamaño y complejidad de las tomas que son de tres tipos: bolsillos, rectas y manijas.

 

Herramientas para la vida

 

“El eje el niño y su corporeidad del diseño curricular de educación física trabaja todo lo que es la propiocepción y el cuerpo en el espacio. Me gusta la vida en la naturaleza y la escalada, empezamos a trabajar en el jardín con los pasamanos, la cuerda con nudos y ese tipo de actividades, y cuando surgió esto, lo hicimos”, dijo Ariel Montiquín sobre la actividad.

Si bien no realizaron un entrenamiento previo, el profesor explicó que “la clase en sí los prepara. Si tienen fuerza suficiente para subir a una cuerda de nudos, después va a ser más fácil subir a una pared de escalada. Por un lado, la fuerza y por otro, el equilibrio; por otro, la coordinación y por otro, que es lo que más nos gusta, los desafíos personales, porque ahí no se la puede agarrar con nadie. El chico que no puede salir de una toma, si se frustra es con él mismo, y cómo lo soluciona”.

Por otro lado, destacó que “necesitan mucha relajación para estudiar por dónde ir y por dónde no, más con el cansancio por estar colgados; le da al chico un montón de herramientas para resolver situaciones”.

 

“Lo puedo hacer”

 

Por su parte, Martina Molina contó que asistieron 24 alumnos, de los cuales algunos se animaron a subir rápidamente y otros se fueron soltando con el correr de los minutos.

Explicó que algunas tomas permitían que se agarran y otras eran muy chicas, por lo cual el profesor Ariel y el dueño de cada, Joaquín, los guiaban. “Empezaron con diferentes paredes. Al principio algunos no se animaban hasta que lo lograron. Después, subían hasta el techo”, celebró la maestra.

Como medida de seguridad, el piso estaba cubierto por colchones, pero además siempre uno de los docentes o la preceptora Nancy estaban detrás para amortiguar cualquier caída.

En cuanto a las emociones, describió que atravesaron el miedo e instantes de satisfacción cuando percibieron “lo puedo hacer”. La docente a cargo de la sala valoró que “se animaron todos a subir e iban hasta arriba del todo”.

Además, las tomas les permitían ir hacia los costados o subir, pero la mayoría de los chicos iba hacia arriba. Sumado a eso, demostraron su alegría cuando la señorita y la preceptora también escalaron.

“Lo que tiene de bueno es que al nene le hace un clic, se animó a eso y después se anima a otras cosas, no sólo a la escalada, a todo lo que no se anima pensando que no puede”, dijo Ariel Montiquín.

La directora agregó que “en el jardín trabajamos mucho para que los adultos los dejen ser. No que no los cuiden, que los protejan pero que los dejen ser y hacer sobre todo. A veces hacemos algunas actividades que por ahí en la casa no se hacen o no los dejan, y los invitamos justamente para que las vivencien”.

 

Una experiencia distinta

 

“Se cubrieron todas las expectativas y más también”, concluyó Marina Riposo, quien está a cargo del Jardín de Infantes 904 que tiene 270 alumnos en dos turnos.

“Es muy significativo para todos. Los papás también estaban muy contentos de haber aportado su espacio para el jardín, lo mismo que las veces que Guadalupe Garriz, que es artista plástica, fue a trabajar con nosotros al jardín. Los chicos ya la conocían, les era familiar”, agregó.

Por su parte, Martina Molina mostró su alegría porque “los chicos tengan la posibilidad de llegar a eso, porque a veces pasa que no lo conocen”. También expresó que “fue una experiencia enriquecedora, por la satisfacción de ver las caras de los chicos, que se podían subir y me decían ‘seño, subí’”.

Por otro lado, trabajaron mucho el concepto de compartir, porque fueron a la casa de su compañero Camilo, invitados por el papá. “Por eso esto de las emociones y las sensaciones que causan algunas vivencias, y está bueno compartirlas”, destacó la directora.

“Es un jardín familiar, que no tiene nada que envidiarle a lo que se da en el ámbito privado, donde abrir la casa para todos los compañeros o para un grupo grande es habitual”, destacó el profesor de educación física.

Y para cerrar, contó que en otro jardín trabaja con el proyecto Pequeños Escaladores y la propuesta final es ir al parque aéreo de la ciudad, pero no pudieron salir porque no disponían de presupuesto. “Esto es la frutilla del postre”, resaltó.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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