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Biocuno, el fertilizante ecológico de los egresados de la Técnica 2 que crece como una alternativa natural

La idea surgió a partir de un trabajo que tuvieron que desarrollar en 2017 para una clase. Desde entonces, los cuatro amigos producen un fertilizante ecológico al que presentaron como una alternativa natural elaborada con materia primas locales para reactivar los suelos. El año pasado participaron con el proyecto de las Olimpíadas Nacionales de Química y ahora aspiran a expandir la producción.

Mariano Leunda

Agustín Molina, Lucas Celse, Tomás Armendáriz e Ignacio Gilabert son cuatro amigos que egresaron el año pasado como técnicos químicos de la Escuela Técnica  2 “Felipe Senillosa” e idearon un fertilizante natural para reactivar suelos degradados con la guía de la docente Inés Abraham,  a cargo de la materia para la cual elaboraron el mentado proyecto.

“Comenzó en 2017 como un proyecto de investigación, debíamos elegir algo relacionado con la química e investigarlo. En clase vimos un texto de biofertilizantes y agricultura orgánica, y nos llamó la atención el tema”, expresaron los chicos en diálogo con El Eco de Tandil.

“Un primo que es ingeniero agrónomo me dio la información, se la llevé a los chicos y nos pareció muy viable e interesante. En sexto año investigamos y en séptimo ya lo desarrollamos como emprendimiento”, contó Ignacio.

Uno de los capítulos del libro abordaba el tema de los biopreparados, y eso les dio el puntapié para empezar a pensar en producir ellos mismos algo parecido con materias primas que se encuentran en la región, además, a bajo costo.

El biofertilizante se elabora con harina de roca -roca molida- que aporta muchos minerales, y material fecal de bovinos, que gracias a una bacteria que otorga resistencia a las temperaturas  y  no deja que crezcan hongos.  Nitrógeno, fósforo, potasio, levaduras y ácidos orgánicos forman parte del proceso natural de fermentación al que la mezcla es sometida. “Nosotros ponemos la materia prima  y el tiempo hace lo suyo. Tenemos tambores de 200 litros donde mezclamos y esperamos a que esté todo listo”, refirieron. Con una temperatura promedio de 35°C, el preparado demora un mes aproximadamente en estar a punto.

“El último proceso es el filtrado, separar lo que se decanta de la sustancia líquida, que es lo que usamos. Lo que decanta se usa como sustrato, que posee todo lo que necesita una planta, y tenemos un tercer subproducto que es el carbonato de calcio y se usa como alimento para las gallinas”, relataron.

Hoy comercializan su fertilizante orgánico a través de las páginas de Facebook e Instagram que manejan bajo el nombre de Biocuno, y en ferias, pero aspiran a expandir su idea para dedicarse solamente a  la producción y que sean otros quienes se encarguen de las ventas y el marketing.

El producto se comercializa en un envase de medio litro, que debe diluirse en agua  para que rinda un total de 30 litros de biofertilizante, y cuya aplicación se puede efectuar cada 10 días, sin  riesgo de sobrefertilización. Comercializan también bidones de 5, 20 y 30 litros, si el consumidor lo desea. El producto se fabrica concentrado para que rinda más y sea más efectivo, según el criterio que siguen los jóvenes.

Los productores afirmaron que es un fertilizante inocuo para la tierra, las plantas, frutos y las personas, y no genera efectos secundarios ni contaminación. “Se nota la mejora en la floración y vegetación, cantidad, tamaño. Es una sustancia muy rica en minerales y nutrientes, y lo importante es que las materias primas son orgánicas”, enfatizaron.

 

Experiencia olímpica

Los estudiantes del tradicional establecimiento emplazado en Maipú y Alem, participaron con su proyecto en la Feria de Ciencias distrital y regional, instancia que les aportó críticas constructivas y nuevas miradas sobre la idea.

Además, tras sortear una serie de exámenes, fueron elegidos para formar parte de la instancia provincial de las Olimpíadas de Química, Procesos y Alimentos que se llevó a cabo en el mes de octubre en Mar del Plata.

“Nos fue muy bien, tuvimos que hacer un trabajo práctico acerca de la producción de dulce de leche y también expusimos nuestro emprendimiento escolar. Pasamos a la etapa nacional que se realizó en  noviembre en Capital Federal”, manifestó Agustín.

Ignacio lo secundó afirmando que “fue una experiencia muy enriquecedora, había gente de todo el país. Se abrieron puertas y contactos, hablamos con varios empresarios que nos dieron una charla”.

La prueba que debieron cumplimentar en la instancia evaluativa federal implicó analizar un laboratorio y decidir qué mejoras efectuar sin que exista un tope de costos. En este punto, los chicos aseguraron que se contuvieron a la hora de desarrollar el presupuesto y eso determinó que no resultaron ganadores, no obstante remarcaron que obtuvieron un saldo positivo de la experiencia.

“Pudimos conocer culturas de Argentina, chicos de otras provincias, escuchar su forma de hablar. No nos alcanzó el tiempo para exponer la totalidad del proyecto, porque el margen era acotado, pero  se acercaban a preguntarnos y nosotros a ellos. Había chicos que purificaban agua porque en su zona no hay agua potable, por ejemplo”, explicó Molina.

Ambos coincidieron en que la idea que resultó elegida por el los jurados y evaluadores estaba “por encima” de Biocuno. La propuesta elaborado por alumnos de un establecimiento educativo de la provincia de Misiones apuntaba a la extracción de miel orgánica con el objetivo de paliar las necesidades alimentarias de la zona.

“Es un proyecto buenísimo, aparte a los chicos económicamente no los habían ayudado, no tenían el transporte subsidiado, se tuvieron que tomar un colectivo y a pesar de todo pensaron en eso”, refirió Gilabert.

“Si bien a nosotros nos dijeron que nuestro emprendimiento en cuanto a costo y gestión es viable y a la larga dará sus frutos, en lo personal prefiero que haya ideas para ayudar a otras personas”, agregó su compañero.

De las devoluciones recibidas, los exalumnos de la escuela técnica valoraron la importancia de las críticas constructivas que les sirven para mejorar y capitalizar sus fortalezas y debilidades al momento de encarar el emprendimiento.

El futuro llegó hace rato

Los adolescentes partirán próximamente a La Plata para estudiar Medicina y Bioquímica, por eso el emprendimiento contará con la participación de  algunos  amigos que se sumarán a la propuesta desde distintos ángulos para favorecer el crecimiento de la marca;  Manuel García Ardito, Franco Molina, Pablo Altamirano y Ramiro Dorney

En este sentido, los jóvenes indicaron que se tomaron el tiempo de realizar el curso de Empleo Joven que promueve el Municipio con la finalidad de incorporar nuevos conocimientos y herramientas. En su nueva ciudad, se abocarán a participar de las modalidades de capacitación y financiación  dispuestas por el Gobierno provincial.

Uno de los programas existentes otorga un subsidio de 42 mil pesos, un interesante fondo económico que permitiría la apertura del proyecto en cuestión.

Consultados sobre la viabilidad económica y productiva de emprendimiento, Lucas y Tomás aseguraron que es posible lograr niveles más grandes de producción, utilización y rentabilidad. Su mayor deseo es que sea utilizado en campos, “somos más que un agroquímico. Los dueños de campos pueden ser cerrados, pero una vez que prueben y se den cuenta de que es mucho más viable que cualquier agroquímico, van a elegirnos”, alegaron, confiados en la calidad del producto y en el potencial que tienen entre sus manos.

Para tomás todavía no están preparados para saltar de escala pero es el norte al que apuntan en el mediano plazo.  “El subsidio del Estado nos ayudaría porque tenemos diseñado un fermentador para aumentar la producción y generar más stock”, añadió Lucas.

La fuerza de las ganas

“A veces íbamos a la escuela sólo a hacer cosas del proyecto, hacíamos las pruebas de ensayo y error, nos reíamos mucho porque somos cuatro amigos. La primera vez que fuimos a buscar la materia prima no sabíamos cómo acercarnos a las vacas”, recordaron sus comienzos, acontecidos en el marco de la escuela pública que los unió y formó.

“Nos llevamos experiencias buenas que nos ayudan en lo personal y laboral, a trabajar en equipo, a aprender a hablar con la gente, al momento de vender el producto el contacto con el público es fundamental”, sostuvo Armendáriz.

Lucas, Agustín, Ignacio y Tomás -que aún no llegan a la veintena de edad-, trazaron un objetivo claro y transitan el derrotero a paso firme, impulsados por un espíritu arremetedor que los lleva a confiar plenamente en su idea y su capacidad de trabajo para materializar una oportunidad única.

“A los que quieran emprender les decimos que se animen. Con la idea que tengan que le metan garra y si sale mal que vuelvan a intentar”, expresó Tomás. “Que tengan ganas. Que no se dejen bajonear por comentarios negativos”,  completó Lucas.

“Hay gente que te apoya y gente que no, hay que continuar con los que apoyan. Crean en las ideas. Nosotros empezamos en la escuela y vimos que tenía futuro, hay que seguir adelante siempre”, cerraron con la convicción de quienes se saben en la ruta indicada  y con mucho por recorrer aún.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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