Conmemorarán en Tandil el centenario del histórico raid Nueva York-Buenos Aires
El acto se realizará este sábado 15 de agosto, a las 16, en el Museo Histórico Fuerte Independencia. La actividad será un homenaje al mayor Eduardo Olivero, uno de los protagonistas de aquella travesía aérea.
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El Museo Histórico Fuerte Independencia será escenario este sábado 15 de agosto de un acto conmemorativo por el centenario del histórico raid Nueva York-Buenos Aires, una de las grandes hazañas de la aviación argentina, que tuvo entre sus protagonistas al tandilense mayor Eduardo Alfredo Olivero.
La actividad comenzará a las 16 en la sede del museo, ubicada en 4 de Abril 845. La misma es organizada por el propio Museo Histórico Fuerte Independencia y el Instituto de Estudios Aeroespaciales Mayor Eduardo Olivero. En el marco del encuentro, el Magíster Gonzalo Ferrari Nicolay brindará una conferencia dedicada al histórico raid.
Su historia de vida y logros
La conmemoración permitirá recuperar la trayectoria de Olivero, un tandilense que desde muy joven convirtió su fascinación por el vuelo en una vocación que marcaría toda su vida. Nacido en 1896 en La Cañada, cerca de La Movediza, era hijo de inmigrantes italianos: Giovanni Olivero, picapedrero, y Margarita Galfre.
Su interés por la aviación surgió durante la infancia. Cuando un maestro le explicó que un cóndor podía alcanzar los ocho mil metros de altura, Eduardo comenzó a preguntarse de qué manera un ser humano podría llegar a volar. Siendo apenas adolescente, se trasladó solo hasta Villa Lugano, donde comenzaban a entrenarse los primeros aviadores. En 1914, se convirtió en el primer tandilense en observar su ciudad desde el aire.
Aquella primera experiencia tuvo además una particularidad: Olivero realizó el vuelo acompañado por María Larroudé, quien fue expulsada de la escuela secundaria por la intrepidez de haber estado a solas con un hombre durante aquella travesía.
La aviación lo llevaría luego mucho más lejos. Siendo todavía menor de edad, cuando su padre fue convocado para participar de la guerra, Eduardo ocupó su lugar y se incorporó a la aviación italiana, donde integró la escuadrilla de Baracca y alcanzó reconocimiento como héroe de la aviación.
Tras regresar a la Argentina con importantes honores, continuó vinculado a la aviación civil. Un accidente sufrido durante uno de sus vuelos le provocó graves consecuencias físicas y modificó su apariencia. Como parte de su recuperación, estudió bandoneón para recuperar el movimiento de sus manos.
Su trayectoria estuvo marcada por nuevos desafíos y récords. Entre otras hazañas, realizó la primera transmisión de radio en vuelo y en 1921 alcanzó los 8.000 metros de altura. Sin embargo, fue el raid que unió por primera vez Nueva York y Buenos Aires el que le otorgó mayor popularidad.
La travesía fue realizada junto a Duggan y Campanelli, a bordo de un hidroavión, y se convirtió en uno de los grandes hitos de la aviación argentina. A un siglo de aquella hazaña, el Museo Histórico Fuerte Independencia recuperará la historia de sus protagonistas y, especialmente, la figura del aviador tandilense.
La vida de Olivero estuvo atravesada por una permanente búsqueda de nuevos desafíos. Aquel niño que recorría La Movediza junto a su petiso y su perro mientras soñaba con volar terminó dedicando su vida a la aviación, tanto desde la práctica como desde la enseñanza y la búsqueda de nuevos límites.
De carácter austero y apasionado, celebró los 50 años de su primer vuelo sobre Tandil regresando a los controles para pilotear nuevamente sobre su barrio. Dos años más tarde falleció.
Su legado permanece ligado a la ciudad. En Tandil llevan su nombre una asociación, una escuela, el Club de Planeadores y la Sociedad de Fomento de La Movediza. Además, el Museo Histórico Fuerte Independencia cuenta con una sala dedicada a su memoria y existe un premio que lleva su nombre y que reconoce la labor de instituciones tandilenses.
A cien años del raid que marcó un antes y un después para la aviación, el acto de este sábado será una nueva oportunidad para recuperar la historia de Eduardo Olivero, el tandilense que convirtió aquel temprano interrogante sobre cómo podía volar un ser humano en una vida dedicada a demostrar que era posible.
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