Crecieron un 30 por ciento las consultas de adolescentes en el Centro de Salud Mental
Así lo indicó el vicepresidente del Sistema Integrado de Salud Pública, Luciano Grasso. Dijo que las restricciones de la pandemia disminuyeron la interacción con sus pares en un momento de transición.
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Al abordar las consecuencias psíquicas y emocionales que dejaron estos dos años de pandemia del coronavirus en la población, los adolescentes aparecen entre los más afectados en función de la importancia que a esas edades adquieren los vínculos sociales.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl vicepresidente del Sistema Integrado de Salud Pública, Luciano Grasso, sostuvo que el incremento de la demanda se registró en todas las edades. Sin embargo, indicó que, de acuerdo al registro de atención en los consultorios externos, aumentó en particular en jóvenes en un 30 por ciento en comparación con los momentos previos a la pandemia.
A esa edad, explicó que los jóvenes transitan una nueva etapa en su vida en la que se establecen los lazos amorosos y afectivos por fuera del ámbito familiar. En contraposición, las medidas de aislamiento llevaron a un esquema opuesto, con limitaciones en los contactos más allá del vínculo con la familia.
En ese sentido, se registraron algunos cuadros que requirieron atención psicológica en la Dirección de Salud Mental Comunitaria a partir de la aparición de cuadros como “angustia” y “ansiedad”.
“Lo que hicieron los adolescentes fue buscar formas de sobrellevar la situación. En algunos casos, se aislaron en las habitaciones como vía de escape. En otros, incrementaron el consumo tanto de drogas legales como ilegales; y en otros tomaron actitudes lesivas”, resumió el funcionario.
Índices que preocupan
En diálogo con El Eco Multimedios, el vicepresidente del Sistema Integrado de Salud Pública, Luciano Grasso, explicó que el incremento en la demanda “se dio en todas las edades”, pero principalmente lo observaron en adolescentes y jóvenes.
En consultorios externos, la suba se ubica en el orden del 30 por ciento en comparación con los años prepandemia, obviando lo que sucedió en 2020 ya que no hubo prácticamente demanda de atención ambulatoria.
El funcionario se enfocó en ese grupo etario y amplió detalles al expresar que el impacto psicológico no sólo sucede por los factores como el aislamiento y la pérdida de vínculos sino también porque se registra en una edad en la que el adolescente “está empezando a transitar una nueva etapa en su vida”, en relación al fortalecimiento de los lazos afectivos con sus pares por fuera del ámbito familiar.
En consecuencia, durante los primeros meses de la pandemia las restricciones apuntaban a limitar al máximo la circulación y el pedido era permanecer “en casa” planteó una vuelta a lo “intrafamiliar” o a un “exceso de contacto y vínculo con la familia en un momento donde están buscando otro tipo de lazos”.
Entonces, “claramente la pandemia les trastocó la noción de tiempo y espacio a los adolescentes”, generándoles “angustia y ansiedad”, y cuando comenzaron a levantarse las restricciones y se avanzó hacia cierta normalidad, “fue donde nos encontramos con esos síntomas” que requirieron atención profesional y un consecuente incremento en la demanda por consultorios por parte del equipo de adolescencia.
Comportamientos
“Cuando hablamos de situaciones que trastocan la vida de los adolescentes y que generan síntomas de malestar, el adolescente busca formas de sobrellevar esa situación”, planteó Grasso.
En algunos casos, se observaron comportamientos de aislamiento y de uso de la tecnología como forma de sobrellevar esos cuadros, mientras que en otros el incremento del consumo de drogas legales e ilegales.
“Lo estamos viendo y es como una vía de escape para sobrellevar esa angustia”, confirmó, a la vez que indicó que también se detectaron actitudes “más lesivas, de autoagresión”, que aparecieron como formas de “canalizar ese dolor que los jóvenes sintieron durante este período”.
En ese marco, el vicepresidente del Sistema Integrado de Salud Pública destacó como aspecto central la vuelta a la presencialidad, poniendo al ámbito escolar como un espacio para el intercambio y reencuentro “cara a cara con sus pares y docentes”, y la posibilidad de restablecer esos vínculos “saludables y amorosos”.
Atención en el sistema público
En relación a la capacidad de respuesta del sistema público, Grasso indicó que brinda un abordaje de distintas maneras. En primer término puso a los centros de salud como ámbitos de cercanía a los hogares y establecimientos educativos y valoró la posibilidad que se presenta para que el adolescente o sus padres puedan acercarse y “transmitir lo que está sucediendo”.
El segundo nivel de atención se encuentra en el Centro de Salud Mental Comunitaria. Allí hay un equipo interdisciplinario para la atención de jóvenes y adolescentes, que “siempre está a full” al encontrarse con un “importante” incremento en la demanda en psicología, aunque menos en psiquiatría.