Daniel Izrailit en la Biblioteca Rivadavia
El psiquiatra y escritor tandilense se referirá a su relación con quien sobrevivió a siete campos de concentración, vio morir a sus seres queridos e inspiró el libro La profecía del criminal.
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El psiquiatra y escritor tandilense Daniel Izrailit* presentará este domingo 11 a las 17.30 en la Biblioteca Rivadavia su experiencia de trabajo y amistad con Moisés Borowicz, sobreviviente de la Shoá que durante la Segunda Guerra Mundial estuvo prisionero en siete campos de concentración y perdió a gran parte de su familia.
El encuentro tendrá como eje la historia que Izrailit reconstruyó en La profecía del Criminal, libro que ya cuenta con cuatro ediciones en español y que este año fue traducido al polaco.
La presentación tendrá además un significado particular para el autor por su vínculo con Tandil y con la propia historia del libro. La ciudad fue el lugar elegido para presentar originalmente la obra, en español, con la presencia de Borowicz, quien compartió entonces su testimonio con el público.
Ahora, a partir de la traducción al polaco y de una iniciativa articulada con AMIA para llevar la propuesta a distintas comunidades del interior, Izrailit decidió regresar a su ciudad natal para hablar sobre la transmisión del trauma, el testimonio, el arte, la amistad y el legado de quien murió en 2023.
-¿De qué se tratará la actividad que se presentará en la Biblioteca Rivadavia el domingo 11 de octubre?
-Voy a hablar sobre la transmisión de una situación terrible, sobre pérdidas y capacidad de resistencia, sobre el silencio protector, el lugar del arte, sobre el legado, el testimonio, la amistad. Tratándose de la historia de un sobreviviente de la Shoa y de nuestra relación, no hay forma de evitar cierto paso por los claroscuros de la condición humana, la filosofía, la psicología, la fe, los ideales. Y del concepto de interlocutor suficientemente bueno, vinculado con la función de ayudar en la rememoración y elaboración de lo traumático.
-¿Cómo se gestó esta actividad en Tandil?
-La reciente traducción al polaco de La Profecía del Criminal, el libro sobre la historia de Moisés Borowicz, prisionero en siete campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, llegó a conocimiento de Amia gracias a la intervención de Hernán Belinque, un entusiasta actor cultural que llevó la noticia sobre la traducción del libro al área de la institución que se ocupa de la relación con las comunidades del interior. Una vez aprobado el proyecto elegí Tandil por ser mi ciudad natal y porque allí se presentó el libro en su versión original, en español, organizado por el Centro Integral de Salud Mental, y la Sociedad Israelita con la presencia de Moisés, que dio su testimonio y contestó preguntas del auditorio. Si él viviera hubiera coincidido en empezar por Tandil.
El libro, en detalle
-Sería bueno conocer más detalles del libro
-Moisés Borowicz, un judío polaco que nació en 1927 y murió en 2023, sobrevivió a condiciones de vida absolutamente extremas: un año enterrado con toda su familia en un pozo en el bosque, luego deportado a un gueto y más tarde hacinado en los trenes de la muerte, llegó a Majdanek, el primero de los siete campos por los que pasó. Esto sucedió cuando solo tenía entre 12 y 18 años. Recién a esa edad, tras pasar por su último campo, Ebensee, en Austria, fue liberado por las tropas norteamericanas. En ese derrotero vio morir de tifus a uno de sus hermanos, vio a otro de sus hermanos saltar del tren y no supo nunca más nada de él, situación similar a la que sucedió con sus padres. En su itinerario se cruzó con gente siniestra y con otra muy noble, seres anónimos que se arriesgaron y tuvieron un lugar central para su supervivencia. Además compartió campos con personajes históricos, tanto del lado de los prisioneros como de los victimarios.
-¿Qué lo convocó de esa historia para querer contarla?
-Tengo una enorme curiosidad por el infinito abanico de experiencias humanas con sus matices, combinaciones y posibilidades. La historia de Moisés me cautivó por su dimensión existencial, histórica, psicológica, cultural, ética. Uno conoce gente que ante una pequeña adversidad se derrumba y de pronto alguien ante un tornado de muerte sigue en pie y conserva el garbo. Moisés no solo quedó como único sobreviviente de una familia de más de 250 integrantes, sino que más adelante, ya en Argentina, cuando pasó a tener una familia, un trabajo, una casa, una pertenencia institucional y ya acariciaba algo parecido a una estabilidad, otra vez la tragedia golpeó su puerta. Y otra vez se reinventó y siguió adelante.
Destino, azar, enigma, historia, valores culturales, biología, son algunos términos para articular en esa historia, a los que agregaría la cuestión de la transmisión y el legado, cosa que el ejerció con pasión en los últimos 20 años de vida, no solo por el libro, sino por los testimonios orales que dio a lo largo del país, transmisión que continúa hasta el presente; por ejemplo, con esta presentación del domingo en la Biblioteca, aunque él ya no esté entre nosotros.
-¿Cómo fue el proceso de construcción del libro?
-Llevó algo más de tres años, tiempo durante el cual pasaron muchas cosas que trataré de contar en la presentación. A modo de resumen diré que entablamos una amistad, que él conoció a mi familia, fue un asiduo visitante de mi casa, y yo de la suya. También era habitual que saliéramos y allí ocurrían muchas cosas que enlazaban imprevistamente pasado y presente.
-¿Qué fue de la vida del libro en estos años hasta la traducción al polaco?
-El libro fue presentado en el Museo de la Shoa en Buenos Aires, en la Cátedra sobre Holocausto, Genocidio y Lucha contra la discriminación de la Facultad de Derecho, en la Sociedad Israelita de Tandil y en otras ciudades del interior, como el circuito de las colonias agrícolas de Entre Ríos, donde casi no quedan judíos y sin embargo se armaron eventos multitudinarios con todas las fuerzas vivas del pueblo, docentes, alumnos, comerciantes, curas, chacareros, músicos, policías, bomberos, con agasajos gastronómicos y visitas culturales incluidas. En noviembre del 2012 la Legislatura de Buenos Aires declaró a Moisés Borowicz “Personalidad destacada en el ámbito de los Derechos Humanos”.
Arte y salud
-En la actividad se menciona la relación entre arte y salud…
-Sí. Un efecto notable del proceso de trabajo con los recuerdos y la escritura fue la ampliación de la memoria de Moisés ya que muchos sucesos traumáticos y no traumáticos olvidados fueron reapareciendo en la superficie, por eso lo llamé “libro abierto”, ya que entre una edición y la siguiente aparecían nuevas evocaciones. Uno de esos momentos epifánicos sucedió en Tandil.
Asomarse como escritor y amigo a ese abismo, a “ese otro lado de la vida” donde estuvo él, en el que las palabras alimento, abrigo, ternura, esperanza, tienen un sentido inimaginablemente diferente del que tienen de este lado, en el que estamos todos nosotros, eso no es sin consecuencias. No me refiero solo a la conmoción emocional, lo que se llama coloquialmente movilización afectiva, sino a los efectos benéficos, una ampliación en mi capacidad de relacionarme con las adversidades, revisar la compleja cuestión del sentido de la vida y repensar aspectos de mi trabajo con los pacientes.
Además del libro, Moisés fue un gran testimoniante, manejó la comunicación oral de un hecho tan traumático con dotes que yo definiría como artísticas, y esa es una de las cosas de las que quiero hablar en la presentación del domingo, ya que alude directamente a mi trabajo de Arte y Salud en la Asociación de Psiquiatras. Los efectos que esta actividad tuvieron sobre él y sobre los auditorios es algo fundamental para pensar la salud mental de los testimoniantes y los procedimientos de transmisión de la Shoa por sus protagonistas directos, un arte del testimonio. Sobre esto pensó y escribió alguna cosa el gran Primo Levi, el químico italiano que estuvo en Auschwitz.
-¿Solo en los traumas se considera útil el recurso del arte?
-No. En el campo de las experiencias traumáticas es quizá donde hay más casuística, pero hay muchas problemáticas psicológicas, psiquiátricas y médicas que se benefician notablemente con la aplicación del arteterapia; y si bien ahora hay más difusión sobre el tema está claro que tiene menos prensa la utilización del teatro, la danza, la música, la escritura o las artes plásticas que los psicofármacos, por razones obvias. Por supuesto, no son excluyentes y cada una aporta en su nivel.
-¿Cómo fue recibido el libro, tanto en su versión en español como en polaco?
-Desde su publicación en español La profecía agotó cuatro ediciones. A comienzos de este año se tradujo al polaco. El traductor que trabajó desde el lugar de los hechos, ya que es oriundo del mismo pueblo que Moisés, fue analizando la información del libro y haciendo las correcciones y ampliaciones pertinentes, sobre el barrio en el que vivió, el bosque donde se escondió y en cada uno de los campos en los que estuvo prisionero. Agregó fotos y mapas. Se podría decir que, partiendo de un libro testimonial, de memorias, lo aproximó a un libro de Historia. El libro, según consta en el convenio que firmamos a distancia, solo tendrá una circulación por ámbitos culturales: bibliotecas, universidades, escuelas, museos.
Relación con su ciudad natal
-¿Cuál es su relación con Tandil?
-Nací en febrero de 1959, hice mi primaria en la Escuela 1, frente a la Plaza, esa plaza única, con glorieta, luchadores grecorromanos y tilos a la que íbamos con mis padres después de cerrar el local de mercería que estaba primero en 9 de Julio frente al Banco Provincia y luego en San Martín, junto a la óptica del Vasco Lafourcade. Después, la inolvidable secundaria en la escuela de Comercio. Y el club Independiente, al que representé en vóley y tenis y los amigos, los primeros amores y la gran vida familiar con tíos y primos y los que venían de Buenos Aires, lo que siempre era una fiesta. En Tandil empecé a leer con devoción, a escribir diarios voluminosos y a coleccionar palabras y hasta tuve el descaro de garabatear el guión de una obrita teatral en la que también actué y que se presentó en la Sociedad Israelita, allá por el 75. Tanto el deporte, la escritura, el teatro y la vida familiar son pasiones que sigo ejercitando, ahora en Buenos Aires. Vuelvo frecuentemente a Tandil donde tengo familia, amigos entrañables y cada tanto presento algo en la Feria del Libro.
* Médico psiquiatra, psicoanalista, docente universitario (UBA), escritor. Autor de El Coleccionista de Palabras, La Profecía del Criminal, Las Formas de la Ausencia, Pulmón de Manzana, postales de cuarentena y compilador/autor de Arte y Salud, apuntes sobre teoría y clínica. Actualmente preside el Capítulo Arte y Salud de la Asociación de Psiquiatras de la Argentina. Excoordinador de grupos en el Museo de la Shoá de Bs. As.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil