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El vuelo que hizo Guido Dinelli en 1904 en Tandil llegó al Museo Nacional del Aire y del Espacio en Washington

Se trata de la hazaña del inmigrante italiano de origen calabrés y zapatero de profesión que vivía en la ciudad. El 25 de mayo de 1904 voló su planeador "aparato Aeroplano" conectado a una bicicleta. Con el paso del tiempo, dicho acontecimiento fue reconocido con el “primer vuelo de un aparato más pesado que el aire en Iberoamérica”.

El aparato antes del vuelo. Fotografías del Baúl de la Memoria (Elías El Hage)

Archivo

La historia de Tandil es amplia y rica en sus diferentes ramas. Una ciudad que en pocos años cumplirá 200 de vida sin dudas deja sucesos para la posteridad que hacen a la esencia de la comunidad. Uno de ellos sucedió hace 115 años atrás y el profesor de Historia y concejal mandato cumplido Eduardo “Tony” Ferrer relató a El Eco de Tandil lo que sucedió en aquel momento y la importancia histórica del hecho que trascendió a la ciudad y está ahora plasmada en uno de los lugares más prestigiosos del mundo entero: el Muro de Honor del Museo Nacional del Aire y del Espacio en Washington (Estados Unidos).

“Un 25 de mayo de 1904, quiso contribuir a la fiesta de la patria que lo cobijó. Guido Dinelli, de 35 años de edad, hizo realidad su sueño al realizar un arriesgado vuelo humano”, comenzó explicando Ferrer y luego prosiguió: “Posiblemente Dinelli se enteró que en Alemania había un señor llamado Otto Lilienthal, inventor e ingeniero aeronáutico, que fue el primero en demostrar las ventajas de las superficies curvadas en las alas de los aviones y descubrir las leyes de la naturaleza que rigen el vuelo. Probablemente estas noticias entusiasmaron al inmigrante italiano y su espíritu inquieto le permitió corporizar la idea de construir algo que volara”.

Según detalló el profesor de Historia, Dinelli “sabía que la sustentación debía obtenerla a fuerza de velocidad y que el impulso no bastaba para lograr el ascenso. Fue por ello, que pensó en un artefacto de madera y tela, le pareció que lo mejor sería adosarlo a una bicicleta, con la cual pedaleando pendiente abajo, podía llegar a sostenerse en el aire. Seleccionó materiales livianos y resistentes para confeccionar la estructura de más o menos cinco metros de diámetro, con las punteras del velamen inclinadas hacia abajo”.

“Cuando construyó el armazón de maderas y cañas, sujetado con sogas finas, debió encarar la cobertura con una tela también liviana y resistente. Fue entonces cuando se encontró con el famoso payaso Frank Brown, quien estaba en ese momento de paso por la ciudad de Tandil con el circo de los hermanos Carló. Parece que Dinelli le confió su inquietud y el brillante clown inglés le dio su opinión acerca de que el cotín era la tela que podía ofrecerle al velamen una mayor sustentación y resistencia, esto de acuerdo a lo que él había observado”.

El día esperado

El relato de Ferrer sobre aquella fecha es imperdible: “El aparato fue llevado hasta el cerro Garibaldi, lugar elegido para el lanzamiento. Mientras gran cantidad de espectadores se daban cita para ver cómo Dinelli se remontaba como un barrilete, o de qué manera se rompía algo de su cuerpo contra las piedras. En tanto los más chicos corrían hasta la plaza principal, ubicada a ocho cuadras, donde se proponía llegar el zapatero volador.
Mientras el hombre pájaro se acomodaba en el curioso artefacto (completando con su cuerpo un total de 96 kilos), los espectadores sorprendidos, no acertaban a explicarse como haría el volador para mantener la dirección del aparato, y sobre todo, para conservar la fuerza propulsora, una vez que la rueda motriz de la bicicleta se despegara del suelo”.

“La respuesta al gran interrogante debía darse con la intención expuesta por el arriesgado volador, de mantener el rumbo mediante un juego de cuerdas, con la que iría modificando la tendencia de la sombrilla. Esto lo aclaraba el día anterior, en el Semanario La Democracia, en la nota titulada ‘El Aparato Aeroplano’. Decía que él no pretendía volar, sino que a favor de una corriente de aire que debía aprovechar, se lanzaría desde lo alto del cerro, descendiendo poco a poco, aunque el aparato fuera más ‘pesado que el aire’. Declaraba también que el experimento no respondía a ningún fin especulativo, sino que era puramente científico”, prosiguió Ferrer.

Finalizando, detalló: “Cuando el intrépido zapatero calabrés se persignó y dio la orden de soltar amarras —a cargo de personas que lo sujetaban al cerro ante la posibilidad de que un golpe de viento pudiera frustrar el intento— comenzó a pedalear con fuerza, echándose a rodar cuesta abajo, con un ángulo de descenso de casi 45 grados. Pudo verse segundos después como Dinelli iba flotando en el aire y avanzaba pausadamente, a lo largo de 180 metros. Al tocar tierra, el rudimentario artefacto se destrozó irremediablemente y los restos envolvieron en jirones de tela y astillas de madera el osado precursor, pero las heridas sufridas no fueron graves. Muchos se mofaron por aquel entonces, del ‘loco lindo’ que había querido andar por el cielo en bicicleta”.

Así quedó tras el vuelo el aparato. Fotografía del Baúl de la Memoria (Elías El Hage)

Reconocimientos

El experimento realizado por Dinelli le valió numerosos reconocimientos para la posteridad. Por empezar, tiene su propia calle, en las cercanías de El Cerrito, entre Rubén Darío y José Martí. También en su honor se colocó una placa en la Plaza de las Banderas con inscripciones y un dibujo alegórico. Y, vale agregar, una ordenanza que declara a Tandil como Cuna de la Aviación Iberoamericana.

La noticia es que ahora la hazaña de Dinelli llegó a un lugar emblemático como lo es el Muro de Honor del Museo Nacional del Aire y del Espacio en Washington (Estados Unidos). Según destacó Ferrer a este medio, “gracias al señor Guido Dinelli que vive en Canadá, probablemente un pariente muy lejano, la noticia fue chequeada personalmente en la institución con sede en Washington y que certifica textualmente: “Muro de Honor Ubicación:
Lámina: 63 Panel: 3 Columna: 4 Línea: 30. Nivel de Muro de Honor: Amigo del aire y el espacio. Honrado por: Guido Dinelli”.

El Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano de los Estados Unidos contiene la mayor colección de aviones y naves espaciales del mundo. Además, es un centro de investigación sobre la historia, ciencia y tecnología de la aviación y el vuelo espacial, así como de las ciencias planetarias, la geología terrestre y la geofísica. Casi todos los objetos exhibidos son originales o copias de reserva de los originales.

El Museo Nacional del Aire y del Espacio en Washington (Estados Unidos)

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

1 comentario

  • Publico la nota de Guido Dinelli enviada desde Canadá -una vez aparecido el artículo-y aprovecho para señalar al final las fuentes utilizadas para el artículo

    Muchas Gracias Eduardo!
    Un trabajo Magnifico y Revelador de la contribucion que este hombre dio a la historia de la Aeronautica en el pais. El homenaje en Washington es la merecida recompensa a su esfuerzo en lograr su ambicionado vuelo con un aparato mas pesado que el aire.
    Estoy contento y muy agradecido con este reconocimiento a un Guido Dinelli con el que comparto un mismo nombre y probablemente lazos familiares . Si no hubieras escrito esa nota publicada en El Eco de Tandil el 13 de Julio del 2008 y una copia llegara a mis manos hoy no estaría escribiendo estas lineas.
    A mi regreso de Italia el 22 de septiembre proximo, te informare lo que logre descubrir sobre si existe algun parentesco o no.
    Hasta pronto estimado Amigo y muchas gracias.

    ESARCA FOODS CANADA
    GUIDO DINELLI

    Fuentes
    Artículo realizado por el Sr. Algerio Nonis del Instituto Nacional Newberiano, e Instituto E. Olivero.
    2 Ferrer, Eduardo “Tandil en los documentos” Ediciones Crecer
    3) https://airandspace.si.edu/support/wall-honor

    Eduardo Ferrer

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