Estudiantes buscan transformar entornos de salud con plantas nativas
Impulsan un proyecto de biodiversidad y psicología ambiental en el Hospital de Niños y el Centro de Salud Mental.
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Emilia Rossotti, Pilar Romero Laza y Santiago Del Río, alumnos de la Escuela Secundaria Normal 10, dialogaron con El Eco sobre la propuesta que nació hace más de dos años producto de la curiosidad escolar y se transformó en un compromiso socioambiental de alcance comunitario. El proyecto, denominado “Germinando Vida Nativa”, transitó un camino de aprendizaje técnico y social que hoy busca proyectarse más allá de los muros de la institución educativa.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa iniciativa tuvo su origen bajo la forma de un mariposero. Sin embargo, con el transcurrir de los meses, los estudiantes redefinieron el enfoque hacia la promoción y valoración de las plantas nativas de la región. El objetivo principal radicó en recuperar la biodiversidad local, entendiendo que estas especies funcionan como hogar y sustento para la fauna autóctona.
El crecimiento del proyecto permitió que los conocimientos adquiridos en la escuela se trasladaran a otros espacios. Tras intervenir su propia institución con dos canteros experimentales, los jóvenes proyectaron la ampliación de la propuesta hacia dos puntos clave de la ciudad: el Hospital de Niños “Debilio Blanco Villegas” y el Centro de Salud Mental.
La posibilidad surgió durante el verano, cuando los estudiantes visitaron el nosocomio para realizar una donación de juguetes. En esa oportunidad, observaron los espacios verdes disponibles y advirtieron el potencial para generar un cambio en el entorno. Según explicaron, la idea fue aceptada de inmediato por las autoridades sanitarias, quienes propusieron incluir también al área de salud mental en la planificación de los nuevos jardines.
La importancia de este paso no fue solo estética. Los jóvenes fundamentaron su trabajo en los principios de la psicología ambiental, resaltando que el contacto con la naturaleza y los espacios verdes biodiversos reducen significativamente los niveles de estrés. El propósito fue generar una conexión informativa y emocional con los pacientes pediátricos, sus familias y el personal médico que transita diariamente esos lugares.
Para la conformación de estos espacios, el equipo seleccionó especies como verbenas, paspalums, cenecios, pasifloras, nacelas y paja colorada. Todas estas plantas fueron elegidas por ser nativas, lo que garantizó una mejor adaptación al suelo local y un menor requerimiento de mantenimiento hídrico, además de cumplir con la función pedagógica de enseñar a la comunidad sobre la riqueza de la flora tandilense.
El desafío de la autogestión
A diferencia de etapas anteriores, este año el proyecto no contó con el financiamiento del programa municipal Huella Joven. Esta situación obligó a los estudiantes a trabajar "a pulmón" para garantizar la continuidad de las tareas. Manifestaron que, ante la falta de fondos oficiales, iniciaron gestiones externas y solicitaron el apoyo solidario de la comunidad educativa y del público en general.
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"La realidad en un principio te bajonea, pero seguimos gestionando", expresaron los alumnos, quienes no permitieron que la falta de dinero detuviera su marcha. Durante los últimos meses, los jóvenes multiplicaron sus esfuerzos mediante la realización de charlas y talleres de capacitación para otros estudiantes de la escuela, especialmente para quienes ingresaron a primer año, logrando una recepción positiva y despertando el interés de las nuevas camadas.
El aprendizaje técnico fue un pilar fundamental en este proceso. El equipo contó con la colaboración constante de profesionales de la Unicen, quienes brindaron capacitaciones sobre botánica y diseño de paisajes. Los estudiantes visitaron el Centro Pampa y el Centro de Germoplasma, espacios dependientes de la universidad donde accedieron a información certera sobre la reproducción de semillas y el armado de canteros para no desinformar a la comunidad.
Dentro de la propia Escuela Normal, el proyecto contempló también la creación de un biocorredor sobre el paredón que da a la calle 4 de Abril. Esta intervención, diseñada para ser un refugio de diversas especies por su longitud y especificaciones técnicas, fue pensada como un trabajo colaborativo que involucró a ambos turnos del colegio y a diferentes docentes.
La intención de los jóvenes fue que el verdadero aprendizaje residiera en el acto de compartir lo aprendido. Por ello, instaron a los vecinos a seguir el desarrollo de sus actividades a través de su cuenta de Instagram, @germinando.vida.nativa_, donde compartieron los avances de estos tres años de labor y los mecanismos para colaborar con la causa. El objetivo final, remarcaron, fue concientizar sobre la importancia de cuidar lo nuestro.