Feria del Libro: balance positivo pese a la caída en las ventas
Javier Valdés, integrante del comité organizador, analizó el impacto del público y la situación económica.
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La 21ª edición de la Feria del Libro de Tandil cerró sus puertas el pasado domingo por la noche, con un balance que dejó conformes a organizadores, feriantes y al público que visitó la Cámara Empresaria. Entre el jueves 13 y el domingo 16, la ciudad respiró literatura a través de una nutrida agenda de presentaciones, talleres y encuentros que reafirmaron la vigencia del libro. Javier Valdés, referente de La Casa Azul Libros y miembro de la organización, analizó los resultados de esta nueva entrega en diálogo con El Eco.
El evento, que contó con entrada libre y gratuita, fue el resultado de un esfuerzo conjunto entre el Municipio de Tandil, la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen), la Cámara Empresaria y la Asociación de Librerías de Tandil. Según detalló Valdés, la última jornada se extendió hasta las 22, lo que reflejó el interés sostenido de los asistentes hasta el último minuto. El organizador no ocultó su entusiasmo al afirmar que "todas las partes que conformamos el comité estamos más que conformes, contentos por un lado con la concurrencia, con el público, que por suerte nos acompañó".
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El desarrollo de la feria mostró un flujo constante de visitantes durante los cuatro días, con picos de asistencia durante el fin de semana. No obstante, Váldes subrayó que el jueves y el viernes también registraron una presencia notable, impulsada por la inauguración oficial y una programación diseñada para atraer al lector incluso en días laborables. En este sentido, la organización buscó que las actividades funcionaran como un motor de movimiento para los 40 stands de editoriales y librerías que participaron de la muestra.
Para el comité, el balance de convocatoria fue similar al de años previos, lo que demuestra la fidelidad de la comunidad hacia este evento. Al respecto, Váldes destacó que "hubo, como en años anteriores, un apoyo por parte del público y una concurrencia bastante interesante". Este respaldo se traduced en salas con gran ocupación, donde los lectores pudieron interactuar de cerca con autores en las distintas presentaciones.
Autores que jerarquizaron la propuesta
Respecto a la recepción de las actividades culturales, el referente resaltó que el interés de la gente no decayó en ningún momento. La diversidad de géneros y temáticas, que incluyó desde la historia y los derechos humanos hasta la literatura infantil, permitió alcanzar a un espectro muy amplio de la sociedad. Valdés fue enfático al describir el éxito de las charlas: "La mayoría de las presentaciones tuvieron mucho público, algunas explotaron", especialmente aquellas que contaban con los nombres más esperados de la grilla nacional.
La calidad de los invitados fue uno de los pilares sobre los cuales se construyó el éxito de esta entrega. La feria logró reunir a cerca de un centenar de autores, entre talentos locales y figuras de renombre nacional como Rocambole, Mario Santucho, Julia Mengolini, Gabriela Exilart, Federico Jeanmaire y Leonardo Oyola. Esta selección no solo atrajo al público local, sino que también sorprendió a los propios protagonistas y a los feriantes que llegaron desde otros puntos del país.
Según Valdés, la trascendencia de los autores invitados permitió ofrecer un producto final de altísima calidad que nada tiene que envidiar a otros centros culturales del país. La respuesta de los escritores que visitaron Tandil por primera vez fue de asombro ante el nivel de organización y la calidez del público. Para la organización, esto es una señal de que "el libro sigue convocando, los escritores siguen convocando, la literatura sigue siendo un aspecto fundamental de la cultura de los argentinos", independientemente del avance de las plataformas digitales.
El impacto comercial
Uno de los puntos inevitables del análisis fue el rendimiento económico de la feria. Aunque el flujo de personas fue óptimo, la realidad del bolsillo se hizo sentir en los mostradores. Valdés explicó que, según un sondeo preliminar realizado entre los expositores, "podemos decir que casi todos los feriantes se fueron conformes desde el punto de vista comercial", aunque admitió que el volumen total de transacciones experimentó un retroceso en comparación con años anteriores.
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La situación económica actual fue el factor determinante para esta tendencia. Al ser consultado sobre el tema, el organizador fue realista: "Las ventas caron un poco, pero eso es el contexto, las ventas han caído en todos los rubros". A pesar de este panorama, la coincidencia por segundo año consecutivo con el Día del Niño actuó como un paliativo importante, impulsando especialmente las ventas de literatura infantil y juvenil, un segmento que siempre mantiene una dinámica propia dentro de la feria.
Finalmente, tras concluir las tareas de desmontaje y cierre, el cansancio se mezcló con el orgullo por el deber cumplido. La feria no solo cumplió con sus objetivos de difusión cultural, sino que también reafirmó su lugar en el calendario nacional de la Fundación El Libro. Valdés concluyó con una reflexión compartida por todo el equipo: "Nosotros estamos muy cansados, fueron cuatro días muy intensos, pero estamos más que satisfechos con el producto final".