Para Norma Montero, las escuelas deberían adaptarse al impacto de la IA
La formadora en Cultura Digital sostuvo que la IA llegó para quedarse y que el desafío actual pasa por capacitar a los docentes para que la incorporen en sus labores, pero de manera crítica.
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La irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa abrió un nuevo escenario para la educación y planteó interrogantes sobre cómo enseñar en las aulas, donde estas herramientas ya forman parte de la vida cotidiana de los estudiantes.
Para Norma Montero, formadora en Cultura Digital de los Centros de Capacitación, Información e Investigación Educativa (CIIE) de la provincia de Buenos Aires, el desafío no pasa por impedir su uso sino por preparar a los docentes para comprenderla, utilizarla con criterio y convertirla en un recurso al servicio del aprendizaje.
Desde hace años dedicada a la capacitación de educadores, Montero –además docente en las facultades de Ciencias Exactas y Ciencias Económicas de la Unicen- es una firme defensora de la incorporación de la tecnología en la escuela, aunque sostiene que esa transformación solo será posible si está acompañada por una actualización permanente de quienes enseñan.
Entrevistada por El Eco de Tandil, la formadora de Tandil consideró indispensable que los educadores conozcan cómo funcionan estas herramientas, aprendan a validar la información que generan y adapten sus propuestas a las formas en que hoy aprenden los adolescentes y jóvenes.
A su vez, advirtió que la discusión no debería limitarse a la inteligencia artificial, sino extenderse al modelo educativo. "Creo que nuestro problema en Argentina es que la educación sigue siendo tradicional", sostuvo durante la entrevista, en la que también cuestionó que la escuela mantenga formatos que, a su entender, ya no responden a la realidad actual.
"La escuela sigue teniendo un formato que ya no es actual", dijo, al plantear la necesidad de revisar cuestiones estructurales para acompañar los cambios tecnológicos y sociales.
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No obstante, remarcó que ninguna innovación podrá reemplazar el papel del docente. Lejos de imaginar aulas dominadas por la tecnología, Montero señaló que el vínculo entre quien enseña y quien aprende seguirá siendo el eje del proceso educativo.
"Creo que a la educación y al aprendizaje hay que ponerles el cuerpo. Si uno no le pone el cuerpo, no llega al otro", afirmó. Y explicó que en ese encuentro cara a cara, en la empatía y en el intercambio cotidiano, hay aspectos de la enseñanza que ninguna herramienta tecnológica puede sustituir.
-¿Qué valoración hace de la irrupción de la IA generativa? que es la IA que tiene alcance y uso masivo desde fines de 2022.
-Es importante esa distinción porque hay que aclarar que la IA existe desde hace más de 50 años. Y la que hizo irrupción y nos cambió la vida es la generativa, fundamentalmente. ¿Cómo lo veo? En la provincia de Buenos Aires no hay números, pero lo que uno ve día a día es que si no la usás, es como que te quedás fuera. El problema es que muchas veces se usa sin tener todo el conocimiento. Y pasa lo mismo que con otras tecnologías, como el uso del celular en el aula. Ese es mi gran miedo, porque usar tecnología tiene más cosas buenas que malas, pero la inteligencia artificial nos asombra y no sabemos a qué nivel llegará.
-Cuando habla de miedo, ¿se refiere al uso que realizan los docentes o los alumnos?
-Creo que los chicos la usan sin conocer los efectos positivos y negativos que tiene. Ese es un problema. A mí lo que me preocupa es que los docentes no pensamos en lo que está ocasionando la IA generativa. Creo que el docente no tiene que correrse de lo fundamental, que es que el chico quiera estar en el aula, ofrecerle una motivación para eso. Porque el aprendizaje no va a pasar por si usa o no la IA, sino por la creatividad con que el docente genere propuestas. Los docentes tienen que generar iniciativas que motiven, que hagan pensar a los alumnos. Estoy encontrando algunos docentes que usan la IA como una excelente herramienta que los acompaña. Es decir que aprovechan las herramientas de la IA para mejorar sus clases y no quedarse en la propuesta de la educación tradicional. Creo que ese es nuestro problema en Argentina: que la educación sigue siendo tradicional. El chico entra, se sienta en fila frente al profesor, con horarios muy fijos, es muy estructurado todo. No tenemos los espacios ni los medios para poder pensar en otras cuestiones. La escuela sigue teniendo un formato que ya no es actual.
-Se suele decir que la educación o las políticas educativas van detrás de los avances tecnológicos, pero ocurre que los cambios en materia de tecnología son muy veloces. ¿Lo ve así?
-Sí, claro. Y eso no solo pasa en la educación; también pasa con las leyes y otras cuestiones, que se van quedando atrás. El problema con la educación es que al resultado lo ves en los chicos. Aparte de ser formadora en la Provincia, yo trabajo en facultades de la Unicen y veo que algunos estudiantes no saben expresarse y todo lo responden al día siguiente con el formato de la IA. Una de las materias que dicto es Ética y Legislación de la Práctica Profesional, en la que se ve todo el marco normativo. Creo que ética es una palabra que hoy no usamos en las escuelas. En las clases siempre digo que ser docente no nos habilita a todo. Entonces, si como docentes hemos tomado una imagen o un texto de cualquier lado y lo usamos, tenemos que hacerlo refiriendo de dónde lo tomamos, quién lo escribió, etcétera. Para mí lo más honesto hoy es seguir pensando con creatividad como docentes y permitir el uso de la IA en los chicos, porque es imposible decir que no. Pero la última palabra la tiene que tener el docente, la persona.
-¿Cuál cree que sería una implementación correcta de la IA por parte de los educadores?
-Primero, entender los pro y los contra de usar la IA. Y conocer lo que es. Cuando viene un docente y me dice que está usando determinada inteligencia artificial, yo le pregunto: ¿Y vos sabes cómo funciona? ¿Vos validás todo lo que te dice? porque a la inteligencia artificial hay que validarla contra fuentes valederas. La IA es generativa y probabilística, el resultado probabilístico. No es que se generó porque piensa y vincula, no: hay un algoritmo probabilístico que arma la secuencia de las palabras.
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-¿Ve eso posible conforme a cómo van los avances? Y a que se supone que la IA llegó para quedarse y que pronto habrá una generación de estudiantes formada y atravesada por estos cambios.
-Pero es que no están formadas. Yo siempre pongo este ejemplo: si tengo un problema de salud, voy a un médico. ¿O me va a dar medicación un robot o un programa? Está bien que exista la máquina porque los médicos las usan un montón. Y en educación pasa lo mismo. El docente tiene que estar validando todos los contenidos. A todo esto hay que decir que los docentes usamos las versiones de IA gratuitas y eso no es garantía de que sean buenas. Las empresas utilizan IA, pero pagan fortunas.
-En la charla con docentes algunos refieren que se sienten un poco perdidos en cuanto a IA y reconocen que necesitan capacitarse. ¿Qué se ofrece desde el CIIE?
-Justamente el próximo martes haremos una capacitación denominada ‘Docentes bonaerenses y la incursión de la IA’. Se trata de encuentros de dos horas. A principios de año ofrecí un curso en el que también trabajamos ciudadanía digital, pero se anotaron solo ocho personas. Desde la Provincia se trabaja con una mirada crítica, se habilita el uso en docentes, pero críticamente. Y siempre bajo la premisa de hacer pensar a los alumnos.
-¿Cómo imagina a las instituciones educativas de acá a cinco años?
-No me puedo imaginar a la escuela mientras no cambiemos otras cuestiones. La IA está en las aulas porque la tecnología avanza y se mete en la vida cotidiana. El tema -repito- es ver qué ofrecemos a los chicos para que no estén tanto tiempo solo con eso. ¿Qué les ofrecemos para que piensen sin condicionarse con la inteligencia artificial? Yo creo que el futuro va a depender de los docentes que tengamos. Me cuesta pensar cómo serán las escuelas en cinco años porque mientras no cambiamos otras cosas, la escuela no va a cambiar. Y creo que a la educación y al aprendizaje hay que ponerles el cuerpo. Si uno no le pone el cuerpo, no llega al otro. Porque aparte de lo que es el contenido, la educación formal, tenés todo lo que se genera cuando te hablás cara a cara con alguien, mirándose a los ojos: se genera empatía. Eso es lo que no se puede perder –y creo que no se va a perder- porque somos sujetos sociales.

