“La arquitectura es una forma de cuidar a las personas a través de los espacios”
La definición es de Fernanda Cuevas Bagú, delegada en Tandil del CAUBA. Su mirada sobre la profesión, el crecimiento de la ciudad y el PDT actual.
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Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
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Cada 1° de julio se celebra en Argentina el Día del Arquitecto, a raíz de la fundación, en 1947, del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU).
Fernanda Cuevas Bagú, delegada en Tandil del Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia de Buenos Aires, brinda su mirada sobre cuestiones inherentes a la profesión:
-¿Desde cuándo es arquitecta?
-Desde que me recibí en 2018. En 2020 me acerqué al Colegio para matricularme y comenzar el camino de profesional independiente. Desde entonces, he desarrollado mi profesión con la convicción de que la arquitectura trasciende la construcción de edificios: tiene un profundo impacto en la calidad de vida de las personas y en la manera en que habitamos nuestras ciudades.
A lo largo de estos años he trabajado tanto en el ejercicio profesional como en espacios institucionales, y hoy tengo el honor de representar a la Delegación de Tandil del Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la Provincia de Buenos Aires. Esa doble mirada me permite comprender la profesión no sólo desde la práctica cotidiana, sino también desde la responsabilidad de fortalecer el vínculo entre los colegas, promover la formación continua y participar en los debates sobre el desarrollo de la ciudad.
-¿Por qué se decidió por esta profesión?
-Elegí la arquitectura porque siempre me fascinó la posibilidad de transformar ideas en espacios que mejoren la vida de las personas. Es una profesión que combina creatividad, técnica, sensibilidad y compromiso social, y esa combinación fue la que me atrapó desde el principio.
Con el paso de los años descubrí que la arquitectura va mucho más allá del diseño de un edificio. Cada proyecto implica escuchar, interpretar necesidades, comprender un contexto y pensar cómo queremos vivir y construir ciudad.
Hoy sigo eligiendo esta profesión por esa misma razón: porque cada obra, por pequeña o grande que sea, tiene el potencial de generar bienestar y dejar una huella positiva en quienes la habitan.
La arquitectura es, en definitiva, una forma de cuidar a las personas a través de los espacios.
-¿Cómo funciona el Colegio que usted comanda?
-El Colegio de Arquitectos acompaña al profesional durante toda su trayectoria. Muchas veces se piensa que su función se limita a la matriculación o a aspectos administrativos, pero en realidad es mucho más que eso.
Para quienes recién comienzan a ejercer, representa un espacio de contención y orientación en los primeros pasos de una profesión que presenta muchos desafíos. Brindamos asesoramiento, acompañamiento y herramientas para que puedan desarrollarse con seguridad y respaldo.
Pero ese acompañamiento continúa a lo largo de toda la vida profesional. El Colegio es un lugar de encuentro entre colegas, donde compartimos experiencias, generamos vínculos y promovemos el aprendizaje continuo a través de capacitaciones, jornadas, charlas e intercambios que enriquecen nuestro ejercicio profesional.
Nos gusta pensar al Colegio como una comunidad profesional: un espacio donde siempre hay alguien dispuesto a orientar, escuchar y colaborar. Porque entendemos que una profesión fuerte se construye con colegas que trabajan juntos, se capacitan y crecen de manera colectiva. La facultad nos forma como arquitectos; el Colegio nos acompaña en el aprendizaje permanente que implica ejercer la profesión.
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El Colegio de Arquitectos, en Arana casi Colón.
-¿Cómo están conectados los arquitectos de la ciudad?
-La comunidad de arquitectos de Tandil es muy activa y mantiene un vínculo permanente. Muchos colegas trabajan juntos, comparten proyectos o se conocen desde la facultad, pero también es cierto que el Colegio cumple un papel muy importante como punto de encuentro.
Es en la vida institucional donde muchas veces se generan nuevos vínculos profesionales. A través de las capacitaciones, las comisiones de trabajo, las actividades culturales, los encuentros y los espacios de debate, arquitectos de distintas generaciones pueden conocerse, intercambiar experiencias y aprender unos de otros.
Eso fortalece no sólo a cada profesional, sino también a la profesión en su conjunto. Creemos que una comunidad conectada, que comparte conocimiento y trabaja de manera colaborativa, está mejor preparada para aportar al desarrollo de la ciudad.
Nuestro objetivo es que ningún arquitecto sienta que ejerce la profesión en soledad. Queremos que el Colegio sea un espacio donde siempre exista la posibilidad de compartir, consultar, aprender y crecer junto a otros colegas.
-¿En qué medida recomienda elegir está carrera a alguien que debe elegir un camino universitario/terciario?
-Sin dudas la recomendaría, pero también invitaría a elegirla con plena conciencia de lo que implica. La arquitectura es una profesión hermosa, apasionante y profundamente creativa, aunque también es exigente. Requiere compromiso, constancia, capacidad de aprendizaje permanente y mucha dedicación.
Creo que es importante que quien decida estudiarla disfrute del proceso y se sienta identificado con el rol que quiere ocupar, no sólo en el ejercicio profesional, sino también en el aporte que puede hacer a la sociedad. Los arquitectos no sólo proyectamos edificios: ayudamos a construir ciudades, espacios de encuentro y lugares donde transcurre la vida de las personas.
Como toda profesión, atraviesa distintos contextos económicos y sociales que pueden hacer más complejo su ejercicio. Sin embargo, esos desafíos también nos impulsan a reinventarnos, a incorporar nuevas herramientas y a encontrar nuevas formas de ejercer la arquitectura. A pesar de las dificultades, sigo creyendo que es una profesión extraordinaria. Tiene el privilegio de combinar creatividad, técnica, sensibilidad y un fuerte compromiso con las personas y con el entorno. Y eso hace que cada proyecto sea una nueva oportunidad para generar un impacto positivo. La arquitectura no es una carrera para quien busca respuestas fáciles; es una profesión para quienes disfrutan haciéndose buenas preguntas.
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Arquitectos locales, de visita en una obra.
-¿Cómo interactúan entre arquitectos?
-La arquitectura tiene una característica muy valiosa: aunque muchos profesionales ejercemos de manera independiente, es una profesión que se enriquece enormemente con el intercambio entre colegas.
Es muy habitual consultar una opinión, compartir experiencias, debatir soluciones técnicas o intercambiar miradas sobre un proyecto. Nadie conoce todas las respuestas, y esa posibilidad de aprender unos de otros fortalece nuestro trabajo.
Además, desde el Colegio promovemos permanentemente esos espacios de encuentro. Creemos que la capacitación, el diálogo y la construcción colectiva hacen que cada arquitecto pueda crecer profesionalmente y, al mismo tiempo, que la profesión en su conjunto brinde mejores respuestas a la comunidad.
-¿Tienen festejo por su día?
-Sí. El 1 de julio celebramos el Día del Arquitecto y, como todos los años, es una fecha muy especial para encontrarnos como comunidad profesional.
En esta oportunidad vamos a celebrarlo el miércoles (hoy) a las 19.30 en nuestra Delegación Tandil, un espacio que habitualmente utilizamos para reuniones, capacitaciones y actividades institucionales, queremos que sea también un lugar de encuentro para compartir momentos más distendidos entre colegas.
Creemos que estos espacios también forman parte de la vida profesional. Más allá del trabajo cotidiano, es importante generar oportunidades para conversar, intercambiar experiencias y fortalecer los vínculos.
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-¿Cómo ha ido evolucionado la profesión?
-La arquitectura ha evolucionado mucho en los últimos años. Hoy el desafío ya no pasa solamente por diseñar buenos edificios, sino por comprender las necesidades de una sociedad que cambia constantemente.
Cada vez tenemos mayor conciencia sobre la importancia de la sostenibilidad, la eficiencia energética, la accesibilidad, el cuidado del patrimonio y la calidad de los espacios públicos. También trabajamos de manera mucho más interdisciplinaria, dialogando con profesionales de distintas áreas para encontrar mejores soluciones.
Al mismo tiempo, la incorporación de nuevas tecnologías ha transformado nuestra forma de proyectar, comunicar y construir, permitiéndonos optimizar procesos y explorar nuevas herramientas.
Pero, más allá de todos esos cambios, hay algo que permanece igual: la responsabilidad de diseñar espacios que mejoren la calidad de vida de las personas. Ese sigue siendo el eje central de nuestra profesión. Hoy la arquitectura ya no se mide sólo por cómo se ve un edificio, sino por cómo se vive.
-¿Hay trabajo suficiente en Tandil para los arquitectos matriculados?
-Tandil cuenta con una comunidad de casi 300 arquitectos matriculados y, en los últimos años, hemos tenido la satisfacción de recibir a muchos profesionales jóvenes que comienzan su camino. Eso habla de una ciudad que sigue formando arquitectos y de una profesión que continúa despertando vocaciones.
Como en muchas actividades, el trabajo atraviesa distintos momentos y no siempre se distribuye de manera uniforme. Hay trayectorias consolidadas y estudios con muchos años de experiencia, pero también aparecen constantemente nuevas oportunidades para quienes saben encontrar su lugar.
Creo que hoy el desafío no pasa sólo por buscar trabajo, sino también por construir una identidad profesional. Cada arquitecto tiene una manera particular de entender la arquitectura, de relacionarse con las personas y de aportar valor. En un contexto donde tenemos acceso a muchísima información y herramientas, la autenticidad, el compromiso y la capacidad de comunicar quiénes somos y cómo trabajamos se vuelven aspectos fundamentales.
La arquitectura ofrece muchos caminos posibles: el proyecto, la dirección de obra, el urbanismo, la docencia, la investigación, el interiorismo, la gestión pública, la especialización en distintas áreas. Quienes logran desarrollar una mirada propia y seguir aprendiendo permanentemente encuentran nuevas formas de crecer profesionalmente.
Hoy el mayor desafío no es parecerse a otros arquitectos; es encontrar la propia voz dentro de la profesión.
-¿Cómo repercuten en la arquitectura las nuevas tecnologías como la IA?
-Representan una oportunidad muy interesante para nuestra profesión, en especial la inteligencia artificial. Creo que debemos entenderlas como herramientas que amplían nuestras posibilidades, no como un reemplazo del trabajo del arquitecto.
La IA puede ayudarnos a explorar ideas, visualizar alternativas, organizar información o enriquecer un proceso creativo. Pero las decisiones más importantes siguen dependiendo de la mirada profesional, de la experiencia y, sobre todo, de la capacidad de interpretar las necesidades de las personas y del contexto.
La arquitectura tiene una dimensión profundamente humana. Cada proyecto responde a una historia, a un lugar, a una forma de habitar y a una sensibilidad particular. Ninguna herramienta puede reemplazar esa capacidad de escuchar, comprender y proyectar con criterio.
Por eso creo que el desafío no es elegir entre la arquitectura y la inteligencia artificial, sino aprender a incorporar estas tecnologías de manera responsable, potenciando nuestra creatividad sin perder aquello que hace única a nuestra profesión.
La inteligencia artificial puede generar muchas respuestas, pero las buenas preguntas siguen naciendo de la sensibilidad y del criterio del arquitecto.
-¿Qué lectura hace sobre el PDT vigente?
-Desde el Colegio de Arquitectos entendemos que el Plan de Desarrollo Territorial es una herramienta fundamental para orientar el crecimiento de Tandil. Hablar del PDT es hablar del modelo de ciudad que queremos construir, y por eso creemos que debe ser el resultado de una planificación seria, participativa y con una mirada de largo plazo.
Las ciudades son dinámicas: cambian las necesidades de la comunidad, evolucionan las formas de habitar, aparecen nuevos desafíos ambientales, sociales y de infraestructura. Por eso, un plan de desarrollo no puede ser un documento estático, sino una herramienta que se revise, se evalúe y se actualice cuando la realidad lo requiera.
Planificar una ciudad no es proyectar solamente el presente; es asumir la responsabilidad sobre cómo queremos que vivan quienes la habiten dentro de veinte o treinta años.
-¿Debería reformularse?
-Creo que todo Plan de Desarrollo Territorial debe ser revisado y actualizado periódicamente. No porque necesariamente haya sido concebido de manera incorrecta, sino porque las ciudades evolucionan, cambian sus dinámicas y aparecen nuevas necesidades que requieren ser analizadas.
Revisar un plan no significa empezar desde cero, sino evaluar qué aspectos han dado buenos resultados, cuáles necesitan ajustes y qué nuevos desafíos deben incorporarse. Esa es la forma en que las ciudades pueden crecer de manera planificada y sostenible.
Desde el Colegio de Arquitectos creemos que esos procesos de revisión deben desarrollarse con una mirada técnica, interdisciplinaria y participativa, convocando a los distintos actores que tienen aportes para hacer. La planificación urbana es una construcción colectiva y, justamente por eso, necesita mantenerse abierta al análisis y a la mejora continua.
-¿El PDT necesita un cambio? De ser así, ¿es por la evolución de la ciudad o porque, de movida, estuvo mal formulado?
-Creo que no lo plantearía en esos términos. Los planes de desarrollo territorial se elaboran con la mejor información disponible y con una visión de futuro, pero las ciudades son organismos vivos: crecen, cambian y presentan nuevas realidades que no siempre pueden preverse en su totalidad.
Más que preguntarnos si el plan estuvo bien o mal formulado, deberíamos preguntarnos si hoy sigue respondiendo a las necesidades actuales de Tandil. Ésa es la evaluación que corresponde hacer desde una mirada técnica y responsable.
La planificación urbana es un proceso continuo. Un buen plan no es el que nunca se modifica, sino el que tiene la capacidad de adaptarse cuando la realidad lo demanda, siempre preservando una visión estratégica para el desarrollo de la ciudad.
Desde el Colegio de Arquitectos creemos que esa revisión debe realizarse con participación, con fundamentos técnicos y pensando en el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
Más que hablar de cambiarlo, hablaría de hacerlo evolucionar junto con la ciudad. Un buen plan es el que tiene la capacidad de adaptarse sin perder su visión de futuro. Lo importante es que Tandil siga planificando su crecimiento con una visión de largo plazo. Las decisiones urbanas que tomamos hoy van a impactar en la calidad de vida de las próximas generaciones.
-¿Tandil crece de manera adecuada o a futuro tendrá trastornos en materia de infraestructura?
-Tandil ha experimentado un crecimiento muy importante en los últimos años, y eso es una buena noticia porque refleja el atractivo y el desarrollo de la ciudad. Pero todo crecimiento trae consigo nuevos desafíos.
Hoy vemos que ese crecimiento exige acompañar con inversiones en infraestructura, servicios, movilidad, espacios públicos y equipamientos urbanos. La planificación debe ir de la mano del desarrollo para que la calidad de vida de los vecinos pueda sostenerse en el tiempo.
Más que pensar si la ciudad crece bien o mal, creo que el desafío es cómo gestionamos ese crecimiento. Es necesario seguir planificando con una mirada integral, anticipándonos a las necesidades futuras y tomando decisiones que contemplen no sólo el presente, sino también la ciudad que queremos construir para las próximas generaciones.
Desde el Colegio de Arquitectos creemos que ese proceso debe apoyarse en el conocimiento técnico, en el diálogo entre instituciones y en una planificación que sea capaz de evolucionar junto con la ciudad.
Planificar una ciudad no es detener su crecimiento, sino acompañarlo con responsabilidad, pensando siempre en las personas que la habitan hoy y en las generaciones que la habitarán mañana.