La psicopedagogía más allá de la clínica
Jazmín Mogaburu es psicopedagoga. Realizó el secundario en la escuela Florentino Ameghino 3 de Chillar, y luego se trasladó a Tandil para estudiar Psicopedagogía en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica 10, carrera que finalizó en 2024.
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Por Bianca Fredes (*)
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDurante las prácticas en un centro de rehabilitación, Jazmín Mogaburu descubrió su interés por la neurorehabilitación, lo que la llevó a especializarse en ese ámbito, mientras cursaba los últimos finales y realizaba una formación en neuropsicología aplicada en la Asociación Neuropsiquiátrica Argentina. Actualmente está finalizando la licenciatura en Psicopedagogía y trabaja en consultorio, acompañando a adultos y adultos mayores, combinando el conocimiento clínico con la cercanía y el cuidado hacia sus pacientes.
-¿Cómo se desarrolla actualmente la psicopedagogía en relación con adultos mayores?
-Tiene varios ejes: puede ser a partir de la evaluación neurocognitiva, la estimulación y la rehabilitación cognitiva. Hay muchos talleres gratuitos de estimulación cognitiva, mientras que las tareas de evaluación y rehabilitación se realizan, en su mayoría, en ámbitos privados.
-¿Por qué elegiste trabajar con ellos?
-Cuando comencé la carrera, yo tenía la misma mirada que muchos, de que la psicopedagogía es solo para trabajar con niños, y no es así, uno trabaja con todas las personas en situación de aprendizaje, y estas mismas acompañan, desde que nacemos hasta que morimos.
Encontré muchos ámbitos donde la psicopedagogía tiene lugar. Yo tenía algo muy claro, no quería trabajar con niños. No por nada en especial, sino porque no me veía en ese entorno. A medida que fui avanzando, encontré que me apasionaba trabajar con adultos mayores, especialmente desde la neurorehabilitación y la neurociencia. Siempre me interesó todo lo relacionado con el cerebro, y ahí descubrí mi tríada perfecta: el cerebro, los adultos mayores y la psicopedagogía.
Desde entonces, fui recorriendo y conociendo ese camino, donde también elegí hacer mis prácticas referidas a ello, me fue gustando y terminé especializándome. Hoy en día trabajo de lo que amo, y realmente me encanta.
-¿Qué recursos hay disponibles para acompañar la estimulación de las funciones cognitivas?
-Hay muchos talleres de estimulación cognitiva de carácter gratuito, muchos de ellos ubicados en distintos barrios de la ciudad. Por ejemplo, en Villa Italia y en Villa Aguirre, hay diferentes zonas urbanas que se ocupan de desarrollar diversas propuestas destinadas a este fin. También se ofrecen talleres en centros de jubilados, en su mayoría, coordinados por profesionales especializados, como psicopedagogas. Además, el Municipio impulsa a otros espacios gratuitos, orientados a la estimulación cognitiva de adultos mayores.
-¿Qué impacto tiene la soledad en sus vidas y cómo se aborda desde la comunidad?
-La soledad tiene un impacto muy grande. Esta situación repercute directamente en el estado de ánimo, y es importante dejar en claro que tanto el ánimo como el estrés, pueden influir en las funciones cognitivas, pudiendo generar algún tipo de deterioro. Esto no significa que ocurra en todos los casos, pero sí que merece atención.
Hoy en día, en la ciudad existen numerosas propuestas y talleres pensados especialmente para los adultos y adultos mayores. No solo actividades cognitivas, sino también recreativas, como baile y juegos sociales, entre otras, que les permiten compartir con otros, sentirse acompañados y generar nuevos vínculos que, con el tiempo, se fortalecen y mejoran su bienestar emocional.
Una labor particular
-¿Cómo trabajan los profesionales de salud de manera interdisciplinaria para acompañar estos casos?
-Trabajamos todos en conjunto. Cuando se necesita una evaluación neurocognitiva, el paciente primero concurre a un neurólogo. Este le realiza una determinada orden, luego la persona que está bajo examen busca el lugar donde rehabilitarse y llevar a cabo las evaluaciones. Por medio de la comunicación, se establecen vínculos entre los diferentes profesionales que intervienen en el proceso.
La psicopedagogía siempre se tiene que trabajar interdisciplinariamente, se requieren muchas miradas para lograr un tratamiento integral, que es lo más beneficioso para la persona. Siempre se busca una intervención que combine distintas disciplinas con el objetivo de mejorar la calidad de vida del paciente, que es lo que buscamos.
-¿Cómo se adaptan las instituciones locales para favorecer la autonomía de este grupo?
-Actúan muy bien y se adaptan con facilidad. En cada barrio suele haber un centro de jubilados donde se ofrecen diversas actividades para que las personas mayores puedan participar, mantener su autonomía y contar con un espacio al cual acudir en la etapa post jubilatoria, cuando no saben bien qué hacer. En estos lugares también pueden comenzar a observarse signos de deterioro cognitivo, especialmente durante los talleres de estimulación cognitiva.
Los talleres que se dictan en centros de jubilados o en espacios comunitarios son talleres de estimulación, dirigidos a personas que no presentan patologías, con el objetivo de mantener y potenciar sus funciones cognitivas.
En cambio, cuando una persona ya presenta síntomas de deterioro cognitivo o alguna función afectada, debe asistir a talleres de rehabilitación.
-¿Qué nivel de conciencia y detección temprana observás en la comunidad local frente a patologías como Alzheimer o Parkinson?
-Ahora se están visibilizando mucho más. Antes no se tenían tan en cuenta o quizás se mantenían más ocultas, como sucede con los problemas de salud mental. Se están realizando muchas campañas, a veces desde sectores y consultorios privados, para detectar ciertos factores de riesgo asociados ante estas patologías.
Otros para sostener
-¿Cómo ves el rol de la familia en el cuidado de personas con enfermedades neurodegenerativas?
-Es esencial, ya que el paciente necesita una red de apoyo y un tratamiento integral que incluya tanto a los profesionales tratantes, como a sus seres queridos y a la comunidad. Los vínculos afectivos más próximos cumplen un papel importante al acompañar y sostener el proceso de atención y rehabilitación. Pero también es esencial cuidar a quienes brindan ese acompañamiento para que no se agoten.
Hoy en día hay una mayor visualización, incluso en los medios de comunicación, donde se brinda espacio para hablar sobre estos temas. Personalmente, he participado en charlas y en campañas desde el lugar en el que trabajo, con el objetivo de visibilizar más las enfermedades neurodegenerativas.
-¿Qué experiencias has hecho en concreto?
-El año pasado, desde el centro donde trabajo, comenzamos con una campaña de testeo gratuito en septiembre. Se trató de testeos que permiten detectar si una persona presenta síntomas de deterioro cognitivo. Luego se le entrega un informe con los resultados para que pueda consultarlo con su médico y, en caso de ser necesario, iniciar el tratamiento correspondiente.
Estas evaluaciones son totalmente gratuitas. En 2024 las realizamos en distintos lugares del centro de Tandil, que nos prestaron para llevar adelante la campaña. El año pasado las repetimos, ampliando el alcance, las hicimos en determinados barrios, gracias a los centros de jubilados que nos prestaron sus espacios, y también en Vela.
Personal
-¿Qué disfrutás más de tu profesión?
-Acompañar procesos, y sentir que las personas se sienten cómodas en el espacio que se les brinda. Más allá de si se logra o no rehabilitar una función cognitiva específica, lo que realmente valoro es que los pacientes y sus familias se sientan a gusto.
Me encanta que las personas disfruten venir a hacer psicopedagogía, más allá de si tienen o no una patología. Porque muchas veces, además de rehabilitar, también estimulamos y buscamos que la persona se sienta alegre cuando llega a la sesión o al taller. Que encuentre en el profesional no solo un saber clínico, sino también una sonrisa, diversión, un abrazo, un gesto de cariño. Eso, para mí, es lo más reconfortante de esta profesión. Lo que me hace muy feliz es cuando alguien te dice ‘gracias’, ‘gracias por escucharme’, ‘gracias por este abrazo’, ‘gracias por compartir este momento juntos’, ‘gracias por estar ahí’.
Creo que eso es ser psicopedagogo, ir mucho más allá de la mirada clínica. Es estar presente para reír, acompañar, escuchar, rehabilitar, estimular y evaluar. Esa presencia del otro es, sin dudas, lo más importante y lo más gratificante que me ha dado mi profesión en este corto, pero hermoso, camino.
(*) Esta entrevista fue realizada en el marco de la materia Práctica Profesional 1 de la Tecnicatura en Comunicación Social del ISFDYT 10 de Tandil, bajo la tutela de la profesora Carolina Cordi.
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