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Nave, la cooperativa de productores artesanales que aúna esfuerzos para fortalecer el trabajo local

La cooperativa de la rama Feriantes del MTE y la CTEP reúne a 65 artesanos y manualistas locales que exhiben sus productos en un único lugar. Esta modalidad les permitió concebir un modo de trabajo horizontal para potenciarse entre sí y revitalizar las ventas, vapuleadas en época de pandemia. Como la propuesta resultó exitosa y el local ya les quedó chico, sueñan con mudarse a un espacio más grande en el que puedan, además, montar un centro cultural.

El Eco

En tiempos duros como los actuales, el asociativismo y el cooperativismo se resignifican como una alternativa salvadora para hacer tangible aquello de que “la unión hace la fuerza” y, a partir de ello, posibilitar opciones de trabajo concretas, justas y horizontales.

Así lo entendió un grupo de productores artesanales de la ciudad, que hace aproximadamente tres años comenzó a activar esta línea de la economía social a través de la rama Feriantes del MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos) y la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), como una manera de facilitar la exposición y venta de productos más allá de las ferias.

Así nació Nave, el espacio donde 65 trabajadores manuales ofrecen sus productos a la comunidad. Desde 2019, la cooperativa funciona en un local ubicado en Yrigoyen 1178, lindante al galpón de los Recuperadores Urbanos del MTE. Hoy, el lugar ya les queda chico y sus integrantes  sueñan con poder mudarse a un espacio más grande que les permita, además, funcionar como un centro cultural junto a la rama de artistas callejeros que se sumó el año pasado.

Los comienzos 

Con los trámites en marcha para convertirse  formalmente en una cooperativa y obtener un marco legal que les permita operar sin problemas, Nave está constituida por un equipo de 30 personas y dan lugar a otros 30 productores para que exhiban sus trabajos allí.

Daiana Grierson, Julieta Escala y Julia Castro forman parte de Nave, cada una con un rol definido dentro de la organización. Curiosamente, o no, la mayoría de los miembros de la agrupación son mujeres que aportan su impronta. En diálogo con El Eco de Tandil, las jóvenes contaron sobre su experiencia de trabajo asociado y los beneficios de que se generen estas propuestas para impulsar la producción artesanal y local.

Acerca de los orígenes del espacio, Daiana reseñó que “los compañeros del MTE buscaban un lugar céntrico para los recuperadores urbanos y entonces surgió la posibilidad de ocupar este lugar. Había un local al lado del galpón y ya veíamos la necesidad de tener un espacio de artesanías y manualidades para ofrecer algo distinto”, reseñó Daiana.

Ante esta oportunidad, se dieron a la tarea de convocar a artesanos conocidos con  la idea de que pudieran ofertar su mercadería también en la semana. La mayoría trabajan en ferias ya establecidas que funcionan los fines de  semana, entonces se pensó en este dispositivo para que durante la semana esa mercadería no esté parada.

Trabajo horizontal 

En el espacio cooperativo, las tareas están divididas y la toma de decisiones es horizontal. De este modo, se les da lugar a todos para que expresen sus inquietudes y opiniones, y se construye a partir de la voluntad colectiva.

En esta repartición de labores, Julieta Escala se encarga de la comunicación, manejo de redes y atención al público. A diferencia de Daiana y Julia, que son artesanas y venden sus productos además de ser parte de la gestión cooperativista, ella se vincula desde otra posición igual de importante para el desarrollo del proyecto.

“Lo que me hizo acercarme y permanecer en la cooperativa es la posibilidad de encontrar otras formas de trabajo  que no son comunes, lamentablemente, en otros ámbitos. La posibilidad de horizontalizar los rangos,  de discutir en términos amables las decisiones y avanzar como equipo, consolidarnos en la confianza y la comunicación es muy importante”, compartió Julieta.

Aprender a potenciarse 

Asociarse, delegar y potenciarse con otros es uno de los bastiones del trabajo cooperativo. Para Julia, acercarse a Nave le permitió comenzar a vender sus trabajos de otra manera, aprender sobre packaging, el diferencial de prestar atención a la presentación de la mercadería –ella elabora sales, jabones, hace costura y macramé-, de difundir su trabajo en las redes, y a la vez de contar con compañeras que hagan esas tareas sin que recaiga todo en cada productor.

“Era cansador ir a la feria todos los fines de semana, bajar los fierros, el clima a veces no acompañaba y encima con la pandemia bajó el nivel de ventas. A partir de Nave, de a poco me empecé a dar cuenta de cómo se vende, qué es lo que busca la gente cuando va al local”, señaló.

El funcionamiento del espacio 

Dentro del local coexisten diferentes marcas de un mismo rubro. Esto significa que puede haber cinco marcas de cosmética, por ejemplo, pero no se avasallan entre sí. Al contrario, se genera una sana competencia que empuja a cada trabajador a ofrecer un plus o diferenciarse del resto con identidad propia. Sí se busca mantener un piso de precios para que no se produzca una competencia desleal en ese sentido.

Por lo demás, para poder exhibir la mercadería en el local solamente se exige que se trate de productos elaborados manualmente. En ese aspecto, la fiscalización es más flexible que en las ferias tradicionales, donde hay más requisitos para sumarse al circuito.

“Mientras podamos dar esa posibilidad de trabajo aceptamos lo que sea, para que sea lo más amplio posible. Y se puede hasta tres rubros por productor”, precisó Daiana.

Además, rescataron que “para el afuera” lo positivo  es que se centraliza un abanico grande de propuestas de diferentes rubros y variedades en un solo sitio. Según explicaron, esa centralidad no es a beneficio de una sola persona o de la cooperativa, porque el valor lo pone cada productor y Nave sólo cobra un canon mensual de 200 pesos por rubro.

Así, la ganancia por las ventas va a cada productor, que pone el precio que le sirve, se puede acceder a diversos productos en un solo lugar y los compradores saben que están apostando  a la economía popular y fomentando el trabajo local.

Las ferias al aire libre 

La irrupción de la pandemia de Covid-19 a principios de 2020 cortó durante varios meses la realización de las tradicionales ferias artesanales y alteró por completo el calendario de fechas y eventos que se manejaba en el sector. El local a la calle habilitó la continuidad de las ventas y ayudó a pilotear la adversidad del contexto.

Este verano pudieron volver a la calle para participar de ferias al aire libre, otro de los servicios que ofrece la cooperativa. “Los mismos productos del local los llevamos a ferias organizadas por nosotros o si asistimos a eventos de otros, y se generan otras  bocas de consumo”, detalló Julieta.

Recientemente también dijeron presente en Semana Santa, en el predio ferial que se montó en la plaza San Martín. La recuperación de esta fecha crucial para los artesanos y manualistas, que el año pasado estuvo vedada  por el aislamiento obligatorio, prodigó buenas ventas y amplificó la presencia de los emprendedores locales.

Así lo explicó Daiana: “Organizamos ese espacio de feria y nos convocaron desde Cultura Municipal para preguntarnos cuántas personas teníamos para poder habilitar la feria. Conseguimos la estructura porque no nos podían garantizar los insumos, entonces gestionamos para conseguirlos y propiciar el espacio para que quienes quisieran pudieran estar”.

El sueño de un centro cultural 

Uno de los puntales que les urge concretar es la formalización de la cooperativa como tal, porque eso les abriría más puertas para encarar el alquiler de un nuevo local y habilitar otras propuestas culturales.

Es que en plena pandemia, para unir fuerzas y ayudarse a despegar entre todos, se agrandó la rama feriantes con la inclusión de  artistas callejeros. “Se trata de un grupo que está recién comenzando con una gran proyección. Hicimos algunos festivales en conjunto, uniendo feria y espectáculo. La idea es empezar a impulsar esa rama cultural”, sostuvo Daiana.

De hecho, tenían pensado llevar adelante un festival este mes que debió ser reprogramado por la situación sanitaria, hasta que el escenario sea más alentador.

De este modo, la sinergia que se produce entre los grupos desembocó en las ganas de contar con un espacio más grande y  congeniar ambas partes como un centro cultural. Ese es uno de los nortes planteados para el futuro, el que las chicas y todos los integrantes sueñan con concretar en un tiempo no demasiado lejano. Mientras tanto, las manos siguen trabajando y produciendo objetos hermosos que les dan de vivir.

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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