Ocho cuentos seleccionados de un Taller Literario de adultos mayores de Tandil
"Alas en fantasías” comenzó su trayectoria en marzo del 2017 como Taller Literario en la ciudad y está próximo a cumplir 10 años.
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“Alas en fantasías” comenzó su trayectoria en marzo del 2017 como Taller Literario, coordinado por Lidia Ana Massoni y en la actualidad lo integran diez participantes. "Una vez más, nuestro taller llega hasta el querido diario El Eco de Tandil. En esta oportunidad porque el próximo año, ósea el 13 de marzo de 2027, cumplimos nuestros 10 primeros años de existencia. No alcanzan las hojas del diario para poder escribir y contarles las vivencias de estos años", destacaron a modo de introducción de las producciones realizadas.
Massoni destacó: "Intentaré una breve reseña, que comienza con nombrar a nuestra querida Tere que desde el cielo nos envía a las musas inspiradoras. No puedo mencionar a las distintas personas que por diferentes motivos ya no asisten pero que quedarán por siempre en las páginas de nuestro gran libro".
Y además, agregó: "Como todo libro tiene dramas que no dejan de ser los sinsabores de nuestras vidas que generalmente los volcamos en las producciones y nos permiten sanar más rápido. Las grandes alegrías y acá generalmente cobran interés los hijos y sus retoños, nuestros nietos, el mayor tesoro que poseemos, ya que de sus manos nos transportamos a lugares insospechados y son el mejor remedio para nuestra alma. El infaltable amor que, con sus deseos, traiciones, romances, revueltas y demás cuitas son testigos fieles de nuestras vidas. La soledad, gran amiga a la hora de escribir, aunque a veces la dejamos de lado para unirnos en el afecto, trabajo en equipo y en la solidaridad ante quien lo necesite".
La coordinadora remarcó que "éstos son algunos personajes, escenas, tramas y breve reseña de nuestro libro literario, que cada semana tiene una página más y que aún no lo podemos culminar porque es hasta el fin de nuestras vidas".
Hay un mundo de sentidos
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Soy escritora, paso horas intentando cazar emociones que preceden al lenguaje.
Porque escribir es: fantasear mientras camino, es ir hacia un sueño, hacia EL SUEÑO, es imaginar hacia atrás.
Sólo hay emociones en mi memoria.
Una flor y un instante.
Han pasado décadas desde esa década fundacional.
Hay un origen. Tuve un origen. Fui el origen.
En ese verdor original, nos fusionamos con todo lo que crece.
Somos parte del cosmos, somos polvo en las alas de las mariposas, antenas que se expanden.
Hay un mundo de sentidos, anterior a las palabras, a la razón, al tiempo. Volvemos a él, soñamos con recuperarlo.
Somos un jardín anterior al tiempo, un edén donde se protege la nostalgia y a él recurrimos cuando estamos perdidos.
Con solo cinco años y veo un milagro: por la mañana, en ese cielo inofensivo, está clavado el sol.
María Hortensia Villegas
Cara de humedad
Los tres hermanos González viven en la ribera del arroyo Chapaleofú. Nacieron en ese rancho y allí pasaron toda su vida.
Ellos conviven con la humedad del lugar. Sus facciones no son como el común de las personas, tienen cara de humedad.
Esto significa que la humedad está mimetizada en sus rostros, por el vapor que emana de los mismos y por el agua que se desliza.
Los González hace ochenta años que viven a la vera del arroyo.
Por lo tanto, ellos tienen, tenían y tendrán siempre “ Cara de Humedad”
Myriam Tita
Ven
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Siento que me estoy hundiendo poco a poco.
En medio de las lágrimas, este pensamiento atravesó mi mente y juntamente recordé la historia de Pedro, el discípulo de Cristo.
La barca donde estaban los discípulos lejos de la costa, era azotada por las olas y el viento. Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua, al verlo pensaron que era un fantasma y sintieron gran temor, pero Jesús les dijo – Ánimo, soy yo, no tengan miedo.
Pedro queriendo confirmar que era Jesús dijo: - Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas y Jesús dijo: - Ven
Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús.
Pero miró a su alrededor y viendo el viento y el oleaje, comenzó a hundirse y gritó: - Señor, sálvame.
Jesús extendió la mano y le dijo: - Hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste?
Esta historia me hizo reflexionar sobre mi vida.
¿Realmente me estoy hundiendo?
¿Pedro tenía poca fe?
¿Abandonó Jesús a Pedro?
Cuántas veces sentí, que Su Mano se extendió hacia mí y me sacó a flote.
Me hundo cuando me desenfoco, cuando veo el viento huracanado de las adversidades, las oleadas de temor por un futuro incierto.
Cuando no veo su mano extendida, su mirada dulce, su confianza en mí, cuando no veo sus pisadas junto a las mías, cuando no escucho su voz diciéndome: - Ven
Pedro superó sus debilidades y llegó a ser el Apóstol, cabeza de la Iglesia, misionero y mártir.
También, yo cumpliré la misión a la que Él me llamó. Porque sé que me dará la fuerza, el ánimo, la fe, la esperanza.
Y al fin, el descanso junto a Él.
Nora E. Acosta
Un arcón oxidado
Yermo.
Un cofre vacío es su corazón
calabozo de recuerdos,
oxidado arcón.
No tiene la llave, total, ¿para qué?
No guarda las lágrimas, ni guarda los sueños
Ni besos, ni risas, tampoco el calor,
No guarda pasiones, ni rayos de sol.
Total, unas cartas, tal vez unas fotos
Recuerdan su cuerpo mojado en la playa
besando a su amor.
La vida pasada con fé y esperanza
lo dejó sin nada en esta oquedad
Almohada salobre, descanso de su alma
absorbe sus lágrimas de azúcar y sal
Corazón vacío, henchido de angustia
Zozobra, ausencia y soledad.
Anita
El manuscrito sin autor
Marcos tenía veinticinco años, una colección de cartas de rechazo editorial y una frustración que amenazaba con aplastarlo. Una tarde de lluvia, al abrir la puerta de su departamento, encontró un paquete sin remitente. Adentro había una novela mecanografiada, con hojas amarillentas y una cinta azul que la ataba. El título era impecable: El bucle de cristal.
Esa noche, Marcos la leyó de un tirón. Quedó fascinado; era una obra maestra absoluta, perfecta en la trama, en la prosa y en el desarrollo.
Desesperado por el éxito, y seguro de que nadie la reclamaría, la reescribió palabra por palabra, en su máquina de escribir, y la envió a la editorial más importante de la ciudad.
El éxito fue inmediato y voraz. Marcos fue aclamado como el mayor talento de su generación.
Pasaron cincuenta años. Marcos ahora es un hombre mayor, multimillonario y lleno de reconocimientos, vive solo en una mansión. Sin embargo, jamás había podido escribir una sola línea más.
Toda su carrera se había sustentado en aquel único libro, y el peso de la culpa, devoraba sus días.
Una tarde, mientras revisaba su caja fuerte, encontró el manuscrito original, el que había recibido en su juventud.
En ese momento tomó una decisión. Gastó una fortuna para contactar a un laboratorio clandestino, especializado en desplazamientos cuánticos (teletransportación).
Compró un desvío unidireccional al pasado. Con manos temblorosas, empaquetó el manuscrito gastado, escribió su antigua dirección, de hace cincuenta años, y lo introdujo en la cámara de transferencia. La máquina zumbó, destelló una luz azulada y el paquete desapareció hacia el pasado.
Marcos suspiró, sintiendo que por fin había cumplido con el destino. Pero mientras caminaba de regreso a su sillón, un pensamiento lo heló por completo: _ Si él sólo copió el libro que recibió del futuro, y su “yo” del futuro sólo envió el libro que había recibido en el pasado… ¿quién escribió la novela?
María Hortensia
Máscaras
Máscara. Figura de cartón para cubrir el rostro. Disfraz. Simulación.
Nos cubrimos, nos disfrazamos, simulamos.
Yo me considero auténtica, por momentos, casi extremadamente.
Máscara, ummm no, no es para mí. O si, pensándolo mejor la vida me llevó a usar algunas.
Sería una máscara la que cubría mis nostalgias de niña, con tantos interrogantes sin contestar.
La máscara mostraba a una niña feliz.
Más tarde siendo señorita, insegura y patito feo, me mostraba firme y bien plantada.
Luego fui una señora y madre plena, ante los ojos de los seres queridos, la máscara me cubría muy bien el desamor y la angustia. Tenía que proteger mi entorno: vamos, vamos, arriba el ánimo. Carita feliz.
Supongo que a lo largo de la vida de alguna manera y sin proponérselo me he calzado distintas máscaras. Pero en esta curva vertiginosa donde la velocidad aumenta y el paisaje pasa rápido ante nuestros ojos y el arco de llegada que antes no parecía existir, es más palpable, es donde trato de ser cada día más yo, con todos los riesgos que conlleva.
Beneficios que da la edad, podría decirse.
Ursula
Autorretrato
Si miro mi envase… bueno es lo que me tocó, agradezco mi salud y acepto mi apariencia.
Ya entrando en lo más profundo, veo básicamente una sencilla y simple persona, amante del amor, en todas las manifestaciones, sobre todo en los dones de la naturaleza. Ahí es donde está mi Dios multiplicando en cada ser vivo, en cada niño principalmente, animales, árboles proveedores de vida saludable.
Me reconozco como una justiciera un poco frustrada. Difícil tarea que me excede, pero donde me involucro a pesar de todo.
Debo admitir cuánto me queda por aprender en este camino de la vida. Lucho por momentos con algo parecido al “yo puedo” y la verdad es que no puedo con tanto
Estoy viendo seguido a una señora qué olvida la edad que transita. Le sugiero buscar a esa niñita chiquita que jugaba en rinconcitos y necesitaba mucho más de lo que pedía. Tomarla, mecerla en brazos tibios y hacerle sentir merecedora del sol, la luna y de todas las estrellitas del cielo
Ursula
Vida
Despertó esa fría mañana de otoño con un sentimiento agradable, que hacía tiempo no sentía, con una sensación de tranquilidad que casi desconocía. La decisión ya había sido tomada meses atrás. Y hoy era el comienzo de una nueva vida en un pueblo desconocido pero elegido por ella.
Este pueblo además de la tranquilidad que lo caracterizaba, estaba colmado de hermosa belleza, allí podía disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor. Contaba con altos cerros, frondosos bosques y un gran lago. El lugar ideal que ella estaba necesitando para encontrar la paz que tanto buscaba. No le generaba temor comenzar de cero en un nuevo y desconocido lugar, llegar sola y guiada por la intuición.
Tampoco era mucho lo que dejaba atrás, no había nada a lo que aferrarse o echar de menos de su antigua ciudad. Su departamento alquilado no tenía ni comparación con esta pequeña pero acogedora casita.
El hecho de estar sola era lo que más tranquilidad le generaba. Saber que podría ser ella misma de ahora en adelante y que no debería preocuparse de “hacer enojar o importunar” con su accionar a la persona que compartía la vida con ella, era un alivio.
Esa persona ya no estaba y esto le generaba mucha calma.
Comenzando de nuevo, cuantas emociones encontró, se sentía de algún modo valiente, como un adolescente creyéndose que puede contra todo, con ganas de comerse el mundo, con el deseo de aprender, conocer, vivir, experimentar y amar, llena de ilusión por este nuevo porvenir.
Después de una ducha se abrigó bien y salió a caminar, hoy quería conocer el cerro del cual se enamoró al ver su foto en internet, y poder contemplar la majestuosidad del lugar.
Disponía de toda una semana para acomodarse en su nuevo hogar, hasta la fecha pactada para iniciar su nuevo trabajo en la escuela primaria de allí, donde la esperaban con gran expectativa ya que hacía tiempo que estaban necesitando personal permanente.
De alguna forma la vida le sonreía y no solo en sentido figurado, sino que literalmente.
El bebe que se formaba en su interior, le daba el empuje y la ilusión que jamás había sentido.
Indudablemente se sentía llena de vida, determinada a comenzar una nueva para ella y su hijo, una vida llena de amor y renovadas oportunidades.
Leticia Manera
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil