"Sin paciencia": organizaciones sociales advirtieron sobre el agravamiento de la crisis en los barrios de Tandil
Integrantes del MTE, La Poderosa y equipos vinculados a salud comunitaria analizaron la situación social en la ciudad y alertaron por el crecimiento de la pobreza, los consumos problemáticos y la falta de respuestas estructurales. “Hay muchos Tandil y algunos no se quieren ver”, señalaron.
Referentes de organizaciones sociales y comunitarias de Tandil expusieron un duro diagnóstico sobre la situación que atraviesan distintos barrios de la ciudad y coincidieron en advertir un escenario de creciente complejidad social, atravesado por la falta de trabajo, el deterioro de las condiciones habitacionales y el aumento de los consumos problemáticos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDel encuentro participaron representantes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), integrantes de La Poderosa y trabajadores vinculados a salud comunitaria y extensión universitaria, quienes describieron una realidad que, aseguraron, “lleva más de un año y medio profundizándose”.
Uno de los ejes centrales de la charla fue la existencia de “muchos Tandil”. Mientras una parte de la ciudad continúa mostrando crecimiento inmobiliario, expansión urbana y desarrollo comercial, otra enfrenta crecientes dificultades para acceder a derechos básicos.
“Hay un Tandil que se muestra pujante y otro que no se quiere ver”, resumieron durante el intercambio.
Enzo Pochettino, del MTE, explicó que el impacto de la paralización de la obra pública afectó directamente a sectores vinculados a la integración sociourbana y el mejoramiento habitacional. Según señalaron, la rama de construcción del movimiento pasó de contar con unos 50 trabajadores a apenas 20 en la actualidad.
“La crisis nosotros la venimos viendo desde hace tiempo. No es algo nuevo”, indicó.
También cuestionó políticas locales que, según planteó, no contemplan la realidad concreta de la economía popular. Como ejemplo, mencionó la situación de los feriantes que trabajaban en inmediaciones del Calvario y que perdieron ese espacio de venta. “Nadie pide lástima. Lo que se pide son condiciones para poder trabajar”, afirmó.
Zulema Mango, de La Poderosa, en tanto, describió el trabajo cotidiano que desarrollan en Villa Cordobita con niños, adolescentes y familias del barrio, especialmente en tareas de prevención y acompañamiento frente a los consumos problemáticos.
“Allá nos calefaccionamos con las hornallas porque no tenemos leña ni gas natural”, relató al explicar las condiciones en las que funciona el centro cultural comunitario.
Actualmente, el espacio trabaja con entre 40 y 45 chicos y chicas, aunque advirtió que cada vez son menos los vecinos que logran sostener las tareas comunitarias debido a las propias urgencias económicas.
Otro de los temas que generó preocupación fue el avance de desarrollos inmobiliarios sobre sectores populares y la discusión en torno a la ley de barrios populares. Desde Villa Cordobita señalaron que el barrio “está en la mira” por el valor inmobiliario de la zona y advirtieron sobre posibles procesos de desplazamiento de familias.
“La expansión inmobiliaria no generó integración entre las distintas realidades del barrio”, remarcó Mango.
Salud mental y emocional
Por su parte, el trabajador de salud comunitaria y extensión universitaria Lucio Angeloni alertó sobre el fuerte impacto que la crisis económica tiene sobre la salud mental y emocional de las familias.
“La materialidad de la vida está cada vez más complicada. Cuesta comer y eso repercute directamente en los vínculos, en las emociones y en la posibilidad de proyectar”, sostuvo.
En relación a los consumos problemáticos, planteó que el fenómeno no puede abordarse de manera aislada, sino como consecuencia de múltiples vulneraciones previas.
“No es solamente el pibe que consume. Atrás está la falta de trabajo, la vivienda precaria, la falta de comida, el frío y la ausencia de oportunidades”, expresó.
También cuestionaron problemas históricos de planificación urbana y conectividad en barrios alejados del centro, especialmente en sectores ubicados “del otro lado de la Ruta 226”.
“La ciudad creció, pero no integró”, señalaron, al mencionar dificultades de acceso al transporte público y obstáculos cotidianos para estudiantes y trabajadores.
Escenario
Durante la charla también se abordó la relación entre las organizaciones y el Estado municipal. Si bien reconocieron algunas articulaciones en áreas de niñez, salud y asistencia alimentaria, coincidieron en que las respuestas resultan insuficientes frente al nivel de demanda actual.
En el tramo final del encuentro, la conversación derivó hacia el desgaste emocional que atraviesan quienes sostienen espacios comunitarios en los barrios.
“La paciencia ya la perdí”, reconoció una de las referentes barriales al describir el impacto cotidiano de las urgencias sociales.
Pese al escenario crítico, los participantes insistieron en la necesidad de fortalecer las redes comunitarias y sostener la organización colectiva como forma de resistencia.
“Hay que construir más comunidad. El sistema está preparado para aislarnos, pero la salida sigue siendo colectiva”, concluyeron.
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