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Tiene Síndrome de Down y clama que la universidad le adapte los contenidos para continuar estudiando

Nicolás Browne, un joven con Síndrome de Down que estudia en la Facultad de Humanas de la Unicen, inició una colecta de firmas para visibilizar la situación que atraviesa: la universidad no le adapta lo contenidos y él no puede continuar estudiando. Su madre, Patricia, dialogó con El Eco de Tandil y brindó detalles de la situación.

Nicolás Browne quiere continuar estudiando en la Unicen pero necesita que adapten los contenidos

El Eco

La Facultad de Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires se vio envuelta en una nueva polémica, luego de que su vicerrectora fuera denunciada por plagio: en esta oportunidad, Nicolás Browne, un joven de 24 años con Síndrome de Down, debió iniciar una colecta de firmas para que adapten los programas y le permitan continuar estudiando.

Nicolás nació en Capital Federal pero desde hace algunos años vive en Tandil. En 2016 comenzó a estudiar la Licenciatura en Turismo en la Unicen y, tras “dos primeros años académicamente buenos, ya que no necesitó acompañante terapéutico”, hoy se encuentra envuelto en una polémica que no le permite continuar con su carrera.

“La universidad no le garantiza los ajustes razonables a la adecuación. Se jacta de que no puede quitar contenido, pero nosotros lo que pedimos no es eso, es que adecuen. Es increíble que tengamos que padecer esto en Humanas”, clamó con indignación Patricia, su madre.

A raíz de este problema, fue que decidieron iniciar una campaña de colecta de firmas para visibilizar lo que estaba aconteciendo y ejercer presión sobre las autoridades.

Explicando de manera sintetizada la situación, pero remarcando qué es la discriminación y qué debería hacer el Estado y la Unicen, madre e hijo hicieron circular una hoja para que estudiantes y profesores se adhirieran a la causa.

“Discriminación se entenderá cualquier distinción, exclusión o restricción por motivos de discapacidad que tenga el propósito o el efecto de obstaculizar o dejar sin reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad de condiciones, de todos los derechos humanos y libertades… entre ellas la denegación de ajustes razonables. Es decir, cuando se omitan realizar modificaciones y adaptaciones necesarias y adecuadas”, informaron en la carta y agregaron que “el Estado debe asegurar un sistema de educación inclusivo en todos los niveles y garantizar que las personas con discapacidad tengan acceso a la educación superior y a la formación profesional”.

Bajo esas premisas fue que solicitaron a las autoridades “hacer efectivas las normas constitucionales de protección a la educación y las referidas a los derechos de las personas con discapacidad”.

Cómo surgió la idea de juntar firmas

Contó Patricia que la proclama de Nicolás la iniciaron a mediados de agosto pero que, en realidad, el problema surgió hace bastante tiempo, prácticamente desde que ingresó a la universidad.

“En todo el proceso académico de Nico éramos nosotros los que pedíamos las reuniones. Porque si teníamos que esperar a la facultad, nunca nos citaban. Entonces, a través del acompañante terapéutico, lo hacíamos. Cada vez que nos acercábamos para pedir una cita, pasaban meses y perdía cuatrimestres. Y si bien es cierto que ellos venían a las reuniones, después no hacían nada”, relató.

Ante la falta de respuestas, decidieron acercarse a la Defensoría del Pueblo de Tandil para ver qué se podía hacer. Allí los recibieron y les comentaron que el caso llevaría su curso y que les notificarían cuando tuvieran novedades.

“A los días, la misma Defensoría nos llamó para que nos acercáramos, y nosotros pensamos que iban a tener alguna novedad. Pero no, nos entregaron el expediente de Nico. Un expediente de 64 folios que literalmente es el de la universidad. ¡Y las cosas que dice! Pone en tela de juicio si está homologado, o no, el título de secundaria, si es real o no. ¿Por qué? Porque lo estigmatizan”, exclamó.

De cualquier manera el detonante de esta situación para Patricia fue cuando se enteró que el Consejo Académico aprobó el lenguaje inclusivo: “¿Hacen adecuaciones para que sean todes y no pueden adecuar esto? Estamos hablando de Humanas. Es increíble, donde se debería dar el ejemplo”.

Una noticia que los inspiró

Más allá del expediente que los exaltó y la aprobación del lenguaje inclusivo que les colmó la paciencia, una noticia nacional los inspiró: Eva Godoy, una chica salteña de 20 años con Síndrome de Down, hizo frente a una situación similar y hoy se encuentra estudiando Ingeniería en Recursos Naturales y Medioambiente en la universidad.

“Nos inspiró esa noticia. Ellos advirtieron el mismo problema, pero no esperaron cuatro años, esperaron dos. Seguramente también tuvieron un sinnúmero de respuestas, pero como allá no tienen Defensoría, decidieron acudir directamente al Inadi y acusaron una discriminación”, refirió.

Ante tal hecho, la madre de Nicolás pensó en realizar una movida similar. Llamó a la línea telefónica del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo pero las líneas estaban siempre ocupadas.

“A lo mejor no me han podido atender, pero estamos en tema. Esto recién comienza”, sentenció.

El objetivo de la propuesta

Indicó Patricia que con esta juntada de firmas que organizaron lo que buscaron fue sensibilizar y concientizar a los chicos de la universidad en sus últimos días de cursada.

“Esto es un derecho de él; están vulnerando su derecho”, expuso y manifestó que con esta iniciativa lograron hacer visible la situación de otros alumnos con diferentes discapacidades.

“Los propios chicos cuando se acercan a firmar cuentan que se están visibilizando otras problemáticas, como chicos hipoacúsicos o con dislexia que atraviesan por la misma situación”, narró.

Las alternativas en Tandil

Cuando Nicolás finalizó la secundaria se preguntaron cuál era el camino a seguir: “¿Va a El Andamio? ¿Al Taller Protegido? Todo para que le asignen cosas que ya están preestablecidas. Yo di la vida por él, le luche hasta el título. Pero ahí el chico vuelve para atrás, toda la ficha y toda la ayuda de la familia le brindó es para nada”.

Fue entonces cuando se fijaron en las ofertas que había en la ciudad y le presentaron las diferentes actividades que Nicolás podía realizar. “Obviamente no nació de él estudiar Turismo, pero cuando me hablan de techo, para mí él no tiene”, aseveró”.

La vida universitaria le permitió insertarse en el mundo estudiantil, dejar de viajar hasta Nuestra Tierra y comenzar a hacerlo hasta el Campus, cargar con su peso para poder comer y hacer nuevos amigos.

“Está viviendo lo que vive cualquier chico  de su edad. Cuando lo agote esto, iremos por algún cupo laboral. Veremos si en algún lugar público, ya sea nacional, provincial o municipal, o privado”, concluyó Patricia.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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