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Un grupo de estudiantes y padres se manifestó para que se garantice la presencialidad

Los agrupados apoyaron a los que se quedaron sin clases en AMBA. Reclamaron que la posibilidad de estudiar y educarse debe ser igual para todos y no un privilegio para pocos. Además, mencionaron que hay cuestiones que no permiten que este derecho se cumpla, como la falta de docentes y transporte público que llegue a todas las escuelas.

Rody Becchi

Ayer por la tarde, Estudiantes Organizados de Tandil realizó una convocatoria en la explanada del Municipio, donde alumnos y padres rechazaron el cierre de aulas en AMBA y pidieron que se garantice a nivel local la continuidad de las clases presenciales.

Recordaron que el año pasado, cuando comenzó la pandemia, también se había planteado que la interrupción sería por quince días, sin embargo se extendió por todo el año con la virtualidad. “No queremos que eso siga pasando”, aseveraron Samuel Corredoira y Lautaro Fonseca, voceros e integrantes de la agrupación.

Los chicos, de distintas edades escolares y colegios, enfatizaron que son muchos los compañeros que se ven perjudicados con la modalidad a distancia, porque no todos cuentan con los dispositivos o herramientas necesarios para hacerlo y eso perjudica su educación.

Asimismo, manifestaron que hay otras cuestiones que impiden la garantía de la presencialidad, como la falta de periodicidad en el transporte público, sobre todo para escuelas como la Granja. Mientras que la falta de cobertura de cargos también interfiere en el normal desarrollo de algunos cursos.

“La educación presencial debe ser considerada como esencial, no hacerlo es de un Estado que no está presente y no garantiza derechos”, determinaron.

Así, bajo el lema de que estudiar no es peligroso, sino que lo peligroso es no hacerlo, convocaron a defender esos valores.

Educación presencial y esencial

Con banderas argentinas, palmas y algunos carteles, el grupo se nucleó en el frente de la Municipalidad para apoyar a los estudiantes afectados por el cierre de escuelas en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que simultáneamente realizaron una protesta en la Casa Rosada.

Samuel Corredoira, quien cursa el tercer año en la Escuela Sábato y es subcoordinador de Estudiantes Organizados, consideró que la educación tiene que ser esencial y presencial.

Hoy en día la educación virtual en Argentina no se puede sostener”, advirtió, argumentando que hay muchísimas personas en situación compleja como para poder llevarla a cabo, por lo que sí o sí requieren de asistir a las aulas para poder formarse. “Lastimosamente no cuentan con un aparato como para poder estar virtualmente”, completó.

Recordó el anuncio del presidente Alberto Fernández y comparó con la misma situación del año pasado, cuando se preveía que la suspensión de la cursada sería por 15 días y duró todo el año. El temor, básicamente, es que eso vuelva a ocurrir y que lo que está pasando en Capital se traslade a lo local.

“En las aulas no se contagian”

Tal como anticiparon, su pedido apuntó también a que se develen datos reales, ya que consideraron que las cifras que compartió el Gobierno no muestran un pico de riesgo tal como para adjudicarle a las clases presenciales la responsabilidad del pico de contagios.

Al respecto, hicieron público un relevamiento de Cuidar Escuelas que data del 5 de abril, donde se refleja que el porcentaje de casos positivos de coronavirus en estudiantes que asistieron a la presencialidad es de 0,16 por ciento, mientras que el personal docente y no docente que se ha contagiado es 1,03 por ciento.

“No queremos que se hable de virtualidad como mero comentario, nuestra salud y nuestra educación también están en juego si nos cierran las escuelas”, expresó Fiona Lagomarsino, coordinadora de la agrupación Estudiantes Organizados Tandil.

“Sabemos que los contagios no se producen adentro de las aulas”, recalcó Corredoira, quien agregó que sí lo hacen en la forma de movilidad para llegar a la institución.

Al respecto, también puso en conocimiento que la Escuela Granja tiene nada más que dos colectivos a la mañana para que los alumnos puedan llegar al establecimiento, identificó que además lo hacen porque la empresa “les hace un favor”, ya que aseguró que el Municipio no dispuso ese tramo.

“Si a algún chico se le pasa un colectivo, no puede acceder a la educación presencial y en esos dos colectivos suben más de 50 estudiantes por día, entonces es ahí donde se producen los contagios, no en las aulas”, denunció.

Los agrupados reflexionaron que la medida de privarlos de las aulas no tiene ningún sentido y creen que la educación se va volviendo un privilegio, cuando debería ser esencial.

Falta de docentes

Por otro lado, reveló que hay algunos cursos que todavía no comenzaron o demoraron en iniciar las clases presenciales por falta de cobertura de cargos. Detalló que puntualmente sucede en la Escuela Técnica 2, donde recién la semana pasada empezaron quinto y sexto año, mientras que séptimo de Programación no está estudiando.

En este sentido, Lautaro Fonseca, alumno de sexto año en la Técnica 2, contó que arrancó a cursar esta semana porque tuvieron “varios inconvenientes con la Escuela”. “Séptimo de Programación no tiene profesores porque desde Provincia no les firman la designación de cargos para cubrir los puestos vacantes”, explicitó.

Además, el estudiante precisó que hay materias específicas que tampoco cuentan con docentes, por lo tanto tampoco las pueden desarrollar. “También estamos reclamando por eso”, concluyó.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

1 comentario

  • Hace unos años tuve la oportunidad de trabajar por un tiempo en esa bella ciudad y me quedé gratamente impresionado por su gente y sus paisajes. De modo que cada vez que puedo me doy una vuelta por la página de vuestro medio, y así veo hoy esta nota.

    No es que sea muy original, y no es una crítica, son los signos de estos tiempos, estos tiempos de pandemia.

    Con mi esposa, docente de secundaria ella, hemos sido padres hace hoy exactamente 8 meses. Recién acabo de dar su tercera mamadera a nuestra hija, que hasta hace tres días tomaba el pecho. Y no fue una decisión personal, mi esposa tiene COVID. De modo que ahora quiero dirigirme a las y los jóvenes y sus padres.

    ¿Tienen la menor idea de cómo se sentirían estos jovencitos si su primita o hermanita de meses llorase desesperadamente llamando a su mamá, pidiendo la teta? ¡Tiene alguno de ellos -los padres, digo- la menor idea de cómo se te parte el alma cuando tu esposa debe encerrarse en su habitación y ahogar sus propio llanto contra la almohada al escuchar a su hija llamarla y no poder estar con ella? ¡Se hacen la más pequeña idea de qué sentís como papá cuando tu pequeña se queda dormida, agotada de llorar porque no puede adaptarse –de la noche a la mañana- a no tener su comida y en vez del pecho de su mamá debe chupar de un pedazo de goma?

    Bueno, eso es lo que en nuestro hogar estamos viviendo. Y no es porque a algún político se le ocurrió embromarnos la vida. Sucede, gente, porque ESTAMOS EN MEDIO DE UNA PANDEMIA. Veo que las chicas y chicos que hablan lo hacen muy bien, pero debo preguntarles si aún no se enteraron de que el planeta completo está siendo arrasado por un virus. Debo preguntarles si no vieron estos días a una médica, llorando desconsoladamente, contarles cómo “los pacientes se nos escapan de las manos”. Debo preguntarles cuándo se convirtió tanta gente en vacunólogos, infectólogos, epidemiólogos o siquiera enfermeros. Debo preguntarles si armaron alguno de estos días una manifestación para reclamar que las y los estúpidos que arman fiestas clandestinas dejen de hacerlo. Debo preguntarles si creen que, de verdad, el virus diferencia por ideas políticas, religión, raza o barrio.

    Mi esposa, que se contagió en la escuela porque un grupito de varias de las burbujas que atiende hicieron una “juntada del reencuentro”, reunioncita a la que asistieron alrededor de 50 jóvenes. El resultado de la falta de atención de 50 familias fue que hasta hoy hayan contagiado a 5 profesores, entre ellos a la mujer de mi vida y madre de nuestra pequeña hija.

    Quisiera preguntarles dónde les enseñaron que el cero lo que sea por ciento o el uno lo que sea por ciento no está hablando de personas, de chicos y grandes, de madres y padres. Quisiera también preguntarles qué haremos en nuestra pequeña familia, que no tiene otros familiares en la ciudad donde vivimos, si yo –que soy trasplantado y aún no recibí vacuna al igual que mi esposa- también me contagio. Quisiera preguntarles quién creen que se hará cargo de nuestra bebé, de comprarnos lo esencial como comida y pañales. Quisiera preguntarles si no conocen a nadie que haya perdido a su mamá, a su papá, a su hija o a su abuelo. Quisiera que –si no se lo preguntaron- busquen a alguna de esas personas y les comenten sus conclusiones informadísimas y científicamente fundamentadas, que les pregunten qué opinan de sus reclamos, en medio de esto que ni siquiera llegó a ser lo peor. Todavía no llegó lo peor, ¿entienden esto?

    Les preocupa muchísimo la situación de las chicas y chicos que no tienen conectividad. Les preguntaría qué hicieron ellos, que se ve que están muy organizados, para ayudar a algún niño o joven en su ciudad para imprimirles aunque sea tres hojas y que no quedasen fuera del mundo educativo. Ah, dicen que eso no les corresponde… bien, entiendo.

    A mi esposa y sus compañeros de trabajo tampoco. No les correspondía comprar cajas enteras de resmas, tonner y tinta, imprimir materiales, cargar combustible y recorrer casa por casa de muchos de sus estudiantes para llevarles el material durante todo el año pasado. De verdad, no les correspondía, porque todo eso se hacía en la escuela y la mayoría de las veces las copias las hacían los chicos en la fotocopiadora del colegio.

    DA la impresión de que consideran -chicos y padres- que se nos mintió a todos cuando se dijo que la cuarentena iba a ser por 15 días. Primero, nadie dijo eso, salvo algún malintencionado de los que nunca faltan, pero no ante el anuncio sino después. Con el diario del lunes, como se suele decir. Parece mentira que gente tan informada y capacitada no haya visto cómo iba siendo la cosa en China y en Europa, que ya estaban en plena primera ola cuando aquí aparecían los primeros casos. Me pregunto si sería el reflejo de la ya conocida excelente autovaloración del argentino medio, aquello que muy bien define la Bersuit en “La argentinidad al palo”. Cuando editaron ese tema no existía esta pandemia; de hacerlo hoy debería figurar entre sus descripciones algo así como “a nosotros no nos puede ni el COVID”.

    Malas noticias tengo para ustedes, mamás, papás y jóvenes preocupados por la no suspensión de la presencialidad, y detallaré un par de asuntos que, tal vez, les suenen de algún lado. Y si no les suena, me permitiré sugerirles que los googleen.

    Media Europa tiene suspendidas las clases presenciales. Existen hoy al menos cinco variantes (sudafricana, británica, dos de los EE.UU. (californiana y neoyorquina) y brasileña. Las tres últimas provocan una carga viral (cantidad de virus) muy superior a la original y las otras dos. Son, por eso y por otras mutaciones, mucho más contagiosas. La tasa de jóvenes y adultos jóvenes que deben ser internados va en franco aumento. En brasil están muriendo bebés (sí, como mi hijita) por causa de este virus en una cantidad que le ponen a cualquiera los pelos de punta. Las fabricantes de vacunas no podrán cubrir este año el total de la demanda mundial. No hay todavía hoy ningún medicamento aprobado y efectivo para luchar contra el virus. El personal de salud está agotado, extenuado, y no por no haber podido ir a la escuela durante un año sino porque no pudieron dejar de ir un solo día a sus trabajos. La ciudad de Buenos Aires casi no tiene camas disponibles de terapia intensiva y están muy al borde de ello los partidos del Gran Buenos Aires. El invierno está a las puertas y la gripe también, enfermedad que se hizo notar muy poco el año pasado porque casi no se circulaba.

    Aunque, lamento decirlo, no creo que este comentario sirva de mucho. Siempre habrá modos de hallar datos que corroboren lo que cada uno de nosotros piensa. La cuestión es saber interpretar esos datos. Por ejemplo, si leemos que “la terapia intensiva tiene una ocupación del 70%” mucha gente se quedará tranquila, porque queda todavía un 30%. ¿Pensaría lo mismo esa gente si en vez de porcentajes se dijese que el total de camas de la localidad (una ciudad cualquiera) es de 30? Digo, porque el 70% de 30 es 21, con lo cual en esa imaginaria ciudad quedarían libres sólo 9 camas, ¿suena diferente, no? Hagan ustedes, chicas y chicos, la cuenta si el porcentaje de ocupación fuese del 90%. Y, claro, saquen sus propias conclusiones, idealmente charlándolo con sus padres y abuelos. Por si la matemática no se les da muy bien (porque tuvieron que estudiar desde casa durante todo un año), el total de camas libres en esa hipotética ciudad es el enorme número de 3 (tres). Hermoso, ¿verdad?

    Y ahora los debo abandonar. Mi esposa acaba de ducharse, y como está apenas con fuerzas para darse ese baño y para evitar contagiarnos a nuestra hija y a mí, debo ir a desinfectar completamente el baño y ventilar mientras tanto todo bien, porque aunque no lo crean vivimos en un lugar un tanto pequeño con un dormitorio, un baño y una cocina comedor.

    Si llegaron hasta aquí, les doy mil gracias. Ojalá que sus clases no se deban interrumpir por el insignificante asuntito de la salud y la vida de todas y todos, ustedes y nosotros. Pero antes de dejarlos en paz, me gustaría sugerirles ver este videíto. No se asusten, dura menos de 15 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=ESwDIXXyh_Y

    Abrazos, con distancia social, obvio!

    Marcos Mayer

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