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Un perro mordió a una mujer de 79 años y debieron darle unos 25 puntos de sutura

Teresa García fue atacada por un perro hace tres meses y aún hoy arrastra las consecuencias de aquel episodio. Debido a la feroz lastimadura que le ocasionó, debieron darle entre 20 y 25 puntos de sutura. Con impotencia por el accionar de los dueños del perro y remarcando que "desde Bromatología no hacen nada", contó en diálogo con El Eco de Tandil cómo fue la historia y cómo el hecho la afectó en su vida cotidiana.

Teresa García fue atacada por un perro en septiembre de este año

Rody Becchi

La tenencia de perros potencialmente peligrosos demanda cierta atención y cuidado por parte de los dueños, ya que si están libres y sin vigilancia pueden llegar a ocasionar graves problemas a los vecinos, como ocurrió en septiembre con Teresa García, una mujer de 79 años que fue mordida por un can y que aún hoy afronta las consecuencias de la feroz mordida.

El 28 del mes nueve no fue un día más para Teresa, una pensionada que cobra la jubilación mínima. Aquella tarde se dirigió, como cada semana, a una panadería que queda a unas pocas cuadras de su casa, ubicada en Jujuy 440. Sin embargo, a sólo 200 metros fue sorprendida por un sabueso que salió raudamente de una vivienda y le mordió la pierna derecha, ocasionándole una grave herida.

“Iba por la calle porque la vereda es intransitable. Y la verdad es que no vi al perro, no sé de dónde apareció, y me atacó”, comenzó relatando la víctima y agregó que era marrón, de tamaño mediano, y que según le informaron luego desde Bromatología ya había protagonizado episodios similares. Sin embargo, los dueños no se hacen cargo de él y siguen dejándolo suelto: “A la semana siguiente volví a pasar y estaba afuera, entonces llamé a Bromatología y me dijeron que iban a sancionarlo otra vez. Pero el viernes de la semana pasada estaba nuevamente el perro en la vereda”, clamó la mujer.

Cuando el perro atacó a la mujer, el hombre le señaló que no era suyo pese a que luego del suceso, el animal se metió en su casa y se sentó a su lado. “Yo le gritaba que por lo menos me auxiliara y me llevara a la Guardia, pero él y un chico que estaba a su lado se me reían. Una acción deplorable la de ellos”, declaró y continuó: “Les pedía por favor y no hacían nada, no se levantaban. Afortunadamente una chica salió de una casa de enfrente, se cruzó con un bebé y me agarró porque yo me desmayaba y me descomponía. Les pidió por favor que llamaran a la ambulancia y le hicieron caso. El problema fue que tenían 30 minutos de atraso, entonces les suplicó que me llevaran ellos”.

Ante la petición de la vecina, el hombre sacó una camioneta y, con la ayuda del menor, cargó a la mujer para llevarla al Hospital Ramón Santamarina. En el trayecto, según la propia víctima, ambos continuaban riéndose de ella. Cuando llegaron, el más joven se bajó para acompañarla y el conductor se retiró inmediatamente. “Pero el pibe me abrió la puerta de la Guardia y se fue. Me dejaron sola y nunca más intentaron contactarse conmigo”, indicó en diálogo con El Eco de Tandil.

“La bronca y la impotencia que tengo es por la acción del señor. Es más, la chica le decía ‘trae una venda o algo, no podés llevarla así’. Y me trajo una remera llena de grasa y aceite con la que estaba limpiando unos fierros. ¡Con eso me envolvió!”, añadió.

La herida              

Remarcó Teresa que la atención que le brindaron en el Hospital fue una “maravilla” y destacó que, pese a que muchas veces la gente reclama por mejoras, ella no podía quejarse de nada: “Así como entré, me auxiliaron y enseguida me atendieron”.

“Entré por Guardia y me desinfectaron bien. Estaban todos asombrados por el tamaño de la mordedura. Pero la atención fue de maravilla. Después se encargaron de llamar a mis hijos y hasta que no llegó uno de ellos, no me dejaron ir”, manifestó.

Por la dimensión que tenía la herida debieron coserla y, según le dijeron, tuvieron que darle entre 20 y 25 puntos. Incluso, le comentaron que si la sutura que le habían hecho no “agarraba bien”, iban a tener que sacarle la piel y hacerle un injerto. “Gracias a dios no sucedió”, reconoció.

Vivir con constante temor y ardor

El trágico y traumático episodio que vivió Teresa la marcó para el resto de sus días, ya que hizo que comenzara a tenerle miedo a los perros y, además, debiera cambiar sus rutinas diarias.

En un principio su hijo le había contratado una enfermera para que estuviera con ella en su casa, pero como cobra la jubilación mínima no pudo mantenerla y sólo estuvo allí por un par de semanas.

Luego, cuando acudió a la sala de Salud a aplicarse la vacuna antitetánica le indicaron que debería acercarse hasta allí todos los días para que la curaran: “Empecé a ir y la verdad que quedé sorprendida. Son una maravilla todos, tanto el doctor como las enfermeras”, dijo.

Si bien por suerte ya no tiene dolor, sí experimenta una sensación de ardor en su pierna y no se siente completamente segura, por ejemplo, para subir las escaleras ni viajar en colectivo. “Recién ahora estoy comenzado a poder subir las escaleras, pero poniendo el pie de costado. Porque tengo la sensación de que se me va a vencer la pierna y me voy a caer; como que no tengo fuerza o estabilidad”, se lamentó.

Comentó que, incluso, el episodio la afectó en su trabajo ya que “además de ser jubilada hace 33 años que limpio la casa de una familia”. Sin embargo, debido a la seria lastimadura en su extremidad inferior derecha hace ya tres meses que no puede ir.

Por otra parte, sostuvo que ya no pasa más por esa calle y que cuando tiene que salir, elige ir por otros caminos aunque sean más largos. “Y ahora, cuando veo que un perro viene por la vereda en la que yo voy caminando, cruzo. Y si viene otro, vuelvo a cruzar. Me quedó el miedo”, concluyó.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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