Un sello de autopublicación y su primera vez en la Feria del Libro
Libella acercó a los escritores de la región una alternativa para financiar sus obras.
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La 21ª edición de la Feria del Libro de Tandil, que se desarrolla en las instalaciones de la Cámara Empresaria, cuenta con una novedad que captó la atención de los escritores de la región. El sello editorial Libella, oriundo de Buenos Aires, participó por primera vez en el evento cultural más importante de la ciudad con un stand que sirvió de puente para quienes buscan dar el salto desde un borrador hasta un libro físico en las estanterías de las librerías.
Cintia Lepere, editora de la firma y una de las caras visibles en el stand 12, compartió sus impresiones sobre este primer encuentro con la comunidad lectora local. "Estamos conociendo por primera vez la feria y la verdad que la gente nos recibió de una manera muy cálida", relató Lepere, quien también integró paneles de discusión literaria durante las jornadas en la Cámara. La propuesta de Libella se presentó bajo un paradigma claro: los autores financian su autopublicación, reciben acompañamiento en todo el proceso y se quedan con el 100 por ciento de las ganancias generadas por la obra.
A diferencia del circuito tradicional, donde las grandes casas editoriales suelen ofrecer regalías que oscilan entre el 8 y el 10 por ciento, el esquema de Libella busca romper con esa limitación económica. Lepere explicó que la industria editorial atraviesa momentos difíciles y que la autopublicación surge como una alternativa viable para que el escritor invierta en su propia idea y proyecto, manteniendo el control total sobre los derechos, contenidos y decisiones relacionadas con la obra.
Sin embargo, la editora hizo especial hincapié en que este formato no debe confundirse con un simple servicio de impresión. El proceso que propusieron desde el sello porteño incluyó un tratamiento artesanal y técnico de cada manuscrito. "Contamos con un equipo de editores especializados en cada rubro, desde gastronomía y desarrollo personal hasta narrativa", detalló Lepere. El acompañamiento comienza en la etapa de escritura y se extiende a la corrección de estilo, la corrección ortotipográfica, el diseño y la maquetación profesional.
Este rigor técnico es el que, según los responsables del sello, permite que el resultado final sea un "libro de verdad", capaz de competir en cualquier vitrina. La intención es velar por la calidad para que el producto sea realmente publicable, diferenciándose así de las imprentas convencionales que no intervienen en el contenido literario. "El escritor invirtió en su proyecto, pero nosotros velamos porque ese libro fuera profesional", sentenció la editora.
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El vínculo con los autores locales y regionales
Uno de los puntos que más entusiasmó a los responsables de Libella fue la respuesta de los autores de la zona. Durante los primeros días de la muestra, el stand registró un movimiento constante de interesados provenientes no solo de Tandil, sino también de ciudades vecinas como Rauch. La editorial ya contó en su catálogo con escritores locales, lo que facilitó que la comunidad se sintiera identificada con la propuesta y viera en el sello una posibilidad concreta de realización.
"Fue buenísimo que pudieran conocer autores locales que editaron sus libros y vivieron lo que es la editorial, porque a veces uno no sabe lo que está haciendo su propia comunidad", reflexiona Lepere. La posibilidad de ver el libro terminado y profesionalizado funcionó como un incentivo para muchos tandilenses que se acercaron a consultar sobre los costos y tiempos de producción. En ese sentido, la firma garantizó que la publicación pudo concretarse en pocos meses, incluyendo además una versión digital para alcanzar una audiencia global.
La experiencia en una feria convocante
El balance de esta primera participación en Tandil fue calificado como "hermoso" por los integrantes de la editorial. La curiosidad del público tandilense por lo nuevo y lo que se encontró por fuera de los grandes grupos editoriales fue uno de los motores del éxito en su stand. "Hubo mucho interés por lo que es distinto y por conocer nuevos autores", aseguró Lepere, quien observó una dinámica de intercambio muy fluida entre el público y quienes estuvieron del otro lado del mostrador.
La actividad no se limitó a la consulta técnica, sino que incluyó una fuerte interacción humana. El cronograma de la feria contempló la presencia de autores de la casa firmando ejemplares, un momento que la gente valoró particularmente para conocer quién estuvo del otro lado de la obra.
Con la promesa de volver en futuras ediciones, Libella dejó una puerta abierta para aquellos que soñaron con ver su nombre en una portada. La combinación de profesionalismo porteño y talento local encontró en la Cámara Empresaria un terreno fértil para seguir expandiendo las fronteras de la lectura y la producción literaria autogestiva en la región.