De Tandil a Sudáfrica, la experiencia de una investigadora de la Unicen entre mariposas y ciencia
Inspirada por la naturaleza y la investigación, la veterinaria y bióloga Gimena Pizzarello construyó un camino que la llevó de Estados Unidos a la UBA y a las sierras de Tandil. En 2025 fue seleccionada para viajar a Sudáfrica a capacitarse en el uso de uno de los sistemas de información geográfica más utilizados del mundo y aplicar esos saberes al estudio de la biodiversidad serrana. Su trabajo combina ciencia, territorio y compromiso ambiental en tiempos de crisis ecológica.
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“Ni bien pude me volví a la patria”, empezó la conversación la bióloga, docente e investigadora de la Unicen Gimena Pizzarello. Es que su historia empezó a escribirse mucho antes de dedicarse a observar las mariposas y la biodiversidad serrana. Nació en Buenos Aires en 1984 y luego su familia se mudó a Tandil, donde hizo el jardín de infantes. Cuando cumplió seis años su familia se mudó a Dallas, Estados Unidos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSu infancia y adolescencia transcurrieron en la capital del estado de Texas, próspera gracias a la explotación petrolera y conservadora como pocas. Por ello, ni bien terminó el colegio, Gimena volvió a su patria. Ya en Buenos Aires, estudió Medicina Veterinaria en la Universidad del Salvador y tras recibirse, decidió estudiar Ciencias Biológicas en la UBA.
Hace unos años decidió regresar a Tandil porque creyó que aquí podía vivir como deseaba. El entorno natural y la presencia de la universidad pública le parecieron buenos indicios para venir. Y no se equivocó.
Empezó de cero, dando clases de inglés y sin tener éxito para ejercer como docente en el sistema provincial. En ese primer año en la ciudad conoció a su actual director de tesis, quien le propuso presentarse a una beca de doctorado.
“Yo dije ‘ay, no sé si quiero hacer una investigación’, pero me convenció de hacerlo y armamos un plan. Salió la beca, pero cuando la arranqué al otro día pensé que no me llamaba mucho la atención el tema y empecé a leer para ver qué se podía hacer. Y dije 'uy, me parece que las mariposas son un muy buen modelo para poder contestar preguntas ecológicas y se han usado mucho para generar teoría ecológica en pastizales, que es el ambiente que tenemos acá en el sistema de Tandil. Era un nicho que nadie lo había explorado tanto y que hay que explorar. Por otro lado, después también viéndolo, como que también ellas coevolucionan con las plantas nativas y tienen una historia coevolutiva a lo largo de muchísimos años. Eso también habilitó y abrió un mundo para mí de poder también colaborar con colegios, plantando nativas, abriendo también proyectos de extensión que tengan que ver con eso”, detalló.
Una experiencia intercontinental
En 2025 fue seleccionada para participar de una beca internacional impulsada por la empresa Esri, creadora del software ArcGIS, uno de los sistemas de información geográfica más utilizados a nivel mundial. La experiencia, que se desarrolló en Sudáfrica, combinó formación técnica en análisis espacial con una intensa convivencia intercultural en plena sabana africana.
La beca —dirigida a investigadores del sur global— ofrece capacitaciones intensivas en análisis espacial aplicados a la conservación de la biodiversidad. En su caso, la formación se extendió durante tres semanas e incluyó tanto el uso del software como su versión online. “Te ofrecen esa capacitación para hacer análisis espaciales con el programa, apuntados a lo que es conservación de biodiversidad”, expuso.
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Gimena accedió al programa tras un primer intento fallido. “El primer año quedé muy arriba en Latinoamérica, pero no me seleccionaron. Al año siguiente sí quedé”, contó. Ese ciclo tuvo una particularidad: fue el único realizado hasta ahora en África, específicamente cerca del Parque Nacional Kruger, una de las reservas más importantes del continente.
La experiencia trascendió lo académico. “Fue un montón de gente de países diferentes, muchos de África, Asia y Sudamérica. Éramos dos argentinas, una colombiana y un brasileño”, recordó. La convivencia, en un campus ubicado dentro de una reserva, generó vínculos intensos: “Estábamos todo el tiempo compartiendo, desayuno, almuerzo y cena. Se generaron cosas re lindas”.
El entorno también dejó huella. “Era como un 'Jurassic Park'. Estábamos adentro de una reserva, rodeados por un cerco, porque afuera estaban los animales salvajes”, describió. Incluso participaron de salidas tipo safari: “Vivimos momentos re zarpados con los bichos, ver a los leones interactuar con un elefante… ellos hacen su vida y vos estás ahí como espectadora”.
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El tiempo de las mariposas
Más allá de lo vivencial, la capacitación se vincula directamente con su trabajo doctoral. Gimena es, además de docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias, becaria del Conicet y doctoranda en la Unicen e investiga la relación entre biodiversidad, ambiente y mariposas en el sistema serrano de Tandil.
“Yo hago transectas lineales en la sierra, analizo insectos, plantas nativas, y después voy a hacer análisis a otra escala, más de paisaje”, explicó. En ese marco, las herramientas adquiridas en la beca serán clave: “Algunos capítulos de mi tesis van a requerir el uso de estas herramientas espaciales”.
Su investigación se centra en el rol de las mariposas como indicadores ambientales. “Su ciclo de vida está muy pegado a las plantas. Si esa planta se pierde, los bichos no pueden estar”, señaló. En ese sentido, destacó su potencial como bioindicadores: “La biodiversidad de mariposas correlaciona con la de otros grupos, entonces podés extrapolar”.
El trabajo de campo incluye la observación detallada del comportamiento de estos insectos: “Anoto si están libando, tomando sol, oviponiendo y sobre qué planta. También mido qué especies hay en el ambiente”. Ese cruce de datos permite entender cómo responden a distintas variables ecológicas.
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“Muchas veces, cuando caracterizamos un ambiente, miramos las plantas. Son como la base, la pirámide trófica, si se quiere”, explicó. A partir de esa base —que incluye también al suelo y sus microorganismos— se estructura el resto del ecosistema.
En ese entramado, existen especies de mariposas más generalistas, capaces de oviponer en distintas plantas, y otras altamente especializadas, que dependen de una única especie vegetal. “Si esa planta se pierde en el ambiente, porque estamos destruyendo todo con nuestros extractivismos, los bichos no pueden estar”, advirtió.
Esa relación íntima permite comprender la interconexión de los ecosistemas. “Nos permiten ver cómo está todo interconectado. Formamos todos parte de una gran red y si algo empieza a perderse, eso puede desencadenar que se pierdan muchas más cosas”, señaló.
Pero su mirada va más allá de lo estrictamente científico y, en este sentido, advirtió sobre la crisis ambiental actual: “Estamos atravesando como una sexta extinción masiva de seres vivos”. Y mencionó fenómenos cotidianos que reflejan esa pérdida: “Antes ibas en la ruta y el parabrisas se llenaba de bichos. Ahora está limpio”.
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De todos modos, destacó que existe evidencia sobre su valor ecológico: “La biodiversidad de mariposas se ha visto que correlaciona con la biodiversidad de otros grupos”. Por eso, estudiar estos insectos no solo permite conocer su dinámica, sino también aproximarse a una comprensión más amplia de la biodiversidad en un territorio.
La científica también cuestionó el modelo productivo dominante: “Los agrotóxicos son tremendos, están comprobadísimos sus efectos. Es un sistema muy siniestro todo lo que es 'Monsanto'”. Frente a eso, planteó alternativas: “La agroecología es clave, hay investigaciones que muestran que se puede producir alimentos de forma sustentable”.
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En paralelo a su labor académica, participa en proyectos de extensión vinculados a la plantación de especies nativas y la educación ambiental. “Eso también abrió un mundo para mí, poder trabajar con colegios y la comunidad”, cerró.
Como la canción de Silvio Rodríguez que dice “tu tiempo es ahora una mariposa, debajo del cielo, encima del mundo”, Gimena sigue observando con ciencia y sensibilidad la vida que nos rodea.
