Conteo
Tuve una época en mi vida en que pintaba para genio. No lo supe en ese momento; creo que de haberlo sabido jamás hubiera permitido que mi vieja cambiara el sistema de calentamiento de la ducha.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailPorque lo que sí sabía en ese entonces –hablo de mis nueve o diez años- es que no era un pibe que se iba a destacar en ninguna disciplina. Y en algún sentido me angustiaba. Sobre todo, reconocer que era medio patadura y jamás iba a llegar a jugar en la primera de Boca. En el fondo de mi ser lo sabía, pero mantenía la ilusión de que un golpe de suerte, un rayo de luz, un milagro –por entonces la instrucción católica pesaba fuerte en mi psiquis- me iba a dar esa posibilidad. Por lo demás, en la escuela era mediocre y en las clases de guitarra, que recién comenzaba a tomar con Liri Baretta, me aburría bastante el asunto del solfeo. A todo esto, las apreciaciones de mi hermana sobre mi persona –cuando nos peleábamos- no me dejaba ningún tipo de duda de que me encaminaba para imbécil irremediable.
Pero volvamos al sistema de calentamiento de la ducha.
