Cosa de hombres
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Acompaño a mi amiga La Rubia a una casa de electrodomésticos porque quiere comprarse no sé qué aparato. O tal vez me dijo que es la encargada de averiguar precios porque entre varias le van a hacer un regalo a una amiga. O a lo mejor ninguna de las dos cosas. Sé que me lo dijo, pero cuando me propuso acompañarla a una casa de electrodomésticos me entusiasmé tanto que dejé de prestar atención al mundo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailY es que hace mucho que no voy a esos lugares y me encanta ver heladeras, lavarropas, pavas eléctricas, procesadoras y demás artefactos que no quiero comprar. Me gusta verlos flamantes, lustrosos, modernos y compararlos con los cachivaches que tengo en casa (si es que tengo; procesadora, por ejemplo, no) y no sentirme angustiado. Creo que es en el único rubro en el que me siento un tipo maduro; con el resto de los productos tengo siempre deseos incumplidos.
Mientras ella averigua lo que vino a averiguar, recorro el local y me topo con un minigimnasio. Lo dicho: es hermoso, sofisticado, ultramoderno, brillante.
