Cuatro de copas
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El martes pasado, Jacob Coxon -un empleado de Anthropic- hizo pública su renuncia y advirtió que tanto la empresa para la que trabajaba como OpenAI están apostando con la vida humana. “No subestimen el poder de esta tecnología”, escribió en una publicación en X. “Pronto serán sistemas sobrehumanos que pueden hackear cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana y adquirir poder y recursos reales”.
No entendí mucho, pero me di por confirmado en cuanto a las sospechas que tengo sobre este asunto.
El miércoles comencé a leer. El jueves también. A esa altura, el algoritmo hizo lo suyo: mis redes sociales estallaron de noticias, comentarios, opiniones, artículos. Leí y escuché a muchos: especialistas, gente seria, chantas, gurúes, charlatanes, CEOS, perejiles, capos, ladrones de gallinas, interesados e interesantes.

