Despedidas
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No me gusta hacer recomendaciones en este espacio. En mi ámbito personal lo hago, pero en contadas ocasiones y ante personas de mi círculo más íntimo. Porque cuando uno recomienda, ya sea un restaurante, una película, un libro o una marca de calzoncillos está diciendo más de uno que del producto recomendado. Y ciertamente la exposición no es lo mío.
Quiero decir que con el lector no tengo ese nivel de confianza, que sí lo tengo con mis hijos u otro afecto. Sencillamente, porque no nos conocemos. Y me gusta que la relación siga así. Como debe ser.
Por esa misma razón tampoco soy de “hablarle” al lector, en la versión “usted sabrá, amigo lector” tal cosa. No me sale.
Hoy iré en contra de esos dos preceptos propios: voy a recomendar y voy a hablarle a usted, que llegó leyendo hasta acá. Porque creo haber encontrado algo digno de compartir. De manera que si usted está leyendo esta columna en el diario digital, habrá otra ventana y ponga en el buscador “pase entre Sietecase y Tenembaum + Rozín”. O directamente, vaya a la página de Radio Con Vos y lo busca ahí.
Es una charla entre los dos periodistas, en ese espacio compartido que permite el pase entre el programa que termina y el que se inicia. Hablan, claro está, de la muerte de su colega Gerardo Rozín.
Hágame caso: vaya y, si quiere, después vuelva.
Rozín no estaba dentro de mis periodistas más admirados. O mejor dicho, sus productos no terminaban de convencerme del todo. Cuestión de gustos. Por supuesto, si el entrevistado o invitado a su programa me gustaba, ahí me quedaba frente a la pantalla. Sabía sí, que Rozín no iba a hacer nada que me desagradara al punto de cambiar de canal.
Tenembaum tampoco está entre mis favoritos. Le reconozco su empeño por tratar de tener una mirada crítica de todo. Y eso es todo un estilo, independientemente de mi gusto.
Sietecase me gusta. Es el tipo que ha sabido capitalizar todos sus años de trayectoria en medios (expertiz, según la palabra de moda, pero sobre todo, ha adquirido esa sabiduría que algunos dicen traen los años. Es un muy buen periodista, por lo que hace. Y si fuera tornero, sería muy bueno también. Porque aprendió de la vida. Tiene una mirada crítica sí, apasionada también, plagada de subjetividades como debe ser. Pero maneja una serenidad en el decir que pocos colegas tienen. Y que, siendo yo de su generación, envidio.
Volviendo a esa charla del pase, y tratándose sobre la muerte de un colega, que además era amigo de Sietecase, iba a ser un momento muy emotivo.
Y vaya si lo fue.
Insisto: no cuento con esa predilección por Rozín, que en momentos como estos significan un plus para la emoción. Por ejemplo: hable quien hable de Maradona, a los tres minutos me va a hacer caer las lágrimas. Con Rozín no me pasa eso. Sin embargo, esa charla me estremeció profundamente.
Sin embargo, ninguno de los dos –pero sobre todo Sietecase, que estaba hablando de un amigo de juventud- apeló a ninguno de los recursos mediáticos para generar ese clima. Es más, le escaparon. Reynaldo Sietecase hizo gala de una dignidad extraordinaria para no caer en el golpe bajo.
Siempre digo que para mi concepción personal, el periodismo es contar. Una noticia, una información, una crónica policial son historias que tienen que ser bien contadas. Ateniéndose, obviamente, a lo que verdaderamente ocurrió. Lo otro –inventar para contar- es literatura.
Y Sietecase contó maravillosamente el último momento que le tocó vivir con su amigo Gerardo Rozín. Que le llevó un libro de cuentos de fútbol de Fontanarrosa, para leerle él mismo en ese momento, pero que eso no sucedió sino que hablaron de otras cosas. Que en un momento recitaron –frase a frase, como en un contrapunto-, la estrofa del tango “Sus ojos se cerraron”, de Gardel y Lepera.
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
Con su limosna de alivio a mi tormento
Todo es mentira, mentira es el lamento
Hoy está solo mi corazón.
Y esta última frase la pronunció Rozín.
Luego llegó el cierre de la charla a cargo de Sietecase (que no quiero espoilear).
Es una de las despedidas mejor contadas que he visto, escuchado y leído en toda mi vida.
Por eso se la recomiendo, amigo lector. Sabiendo que quizás esté exponiendo más de lo necesario sobre mis gustos.
Ese es el periodismo que me gusta.
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