Desproporciones
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Uno de los tantos contratiempos que conlleva tener que buscar casa para alquilar –además de dinero en cantidades asombrosas- es el escaso tiempo del que uno dispone a la hora de ir a verla. Frente a una decisión importante –nada menos que elegir el lugar donde se va a vivir durante los próximos años-, quince minutos o veinte parecen poco. Y lo son. Porque son muchas los aspectos a tener en cuenta: amplitud de los ambientes, estado en general, artefactos instalados, si hay humedad en las paredes, signos de goteras, si es luminosa, segura y decenas de etcéteras. Uno tiene que hacerse un cuadro de situación que consiste básicamente en “verse” viviendo en ese lugar, dónde va a ubicar los muebles, cuáles pueden llegar a faltar, cuáles sobrar y –como mi hijo menor vive la mitad de los días conmigo- también “verlo” a él y eventualmente a sus amigos allí.
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Existen dos circunstancias que hacen fácil la decisión: que la vivienda en el primer golpe de vista nos resulte hermosa y, la totalmente opuesta: que sea una pocilga. Para estos últimos casos, con tres minutos sobran.
