HOY, SÁBADO
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Graciosos y valientes
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Los ídolos populares alcanzan ese estatus si y sólo si son ungidos por y con la gracia de su pueblo. Parece una verdad de Perogrullo y tal vez lo sea, pero no está de más remarcarla: no hay talento que lo garantice, ni trayectoria que otorgue el diploma ni, mucho menos, marketing que lo fuerce.
El pueblo decide los atributos necesarios en cada momento de su historia, en cada espacio de su esencia cultural.
A veces me da por pensar que es por una cuestión de necesidad, de supervivencia social, por pulsión histórica. El tango necesitó un Gardel; el fútbol, a Maradona; la política, una Evita; el folklore, a la Negra Sosa. Los puede haber en otros ámbitos.

